ENTREGA DE HYBRIS.

 

Me ha pedido que escriba mi entrega aun sabiendo mi manera de escribir, sabe que no soy al uso, es más cualquier parecido con la realidad esperada es pura coincidencia.

He de decir que hubo una evolución desde la primera vez que me lo planteó hasta el momento en que se produjo, tal vez así podría llegar a entenderse todo.

Recuerdo la primera vez que me lo comentó, me dijo: “prepara el apartamento, será tu mazmorra”. Bueno, esa vez apenas pensé en cambiar las sábanas y limpiar un poco, rescatar un vestidillo como el que me había pedido que andaba perdido por un cajón, pillar velitas recicladas y una fusta del Decathlon.

Pero poco a poco todo fue modificándose a medida que iba entrando en mi alma.

Primero cambié el vestido casi sin darme cuenta, pensé “oye, pues podría comprar uno”, busqué y encontré uno de encaje negro transparente y pensé “igual este le gusta más, pero en blanco no”. Es curioso, “comprarás cosas pensando en mí”, recuerdo las primeras veces que me lo decía y yo pensaba “Sí, claaaaaaaro”.

Lo siguiente fueron las sábanas, unos días después pensé “estaría bien que estrenásemos sábanas”. ¿Por qué compartirlas con mi pasado? Así que con ayuda de las dos petardas de mis amigas nos dedicamos a buscar sábanas y luego ¿por qué no?, igual hace frío, interesaría una colcha a juego, y así poco a poco todo se fue modificando la idea inicial de rebuscar lo que tuviera por casa.

Y de repente las velas. No me parecían suficientes, pensaba “¿y si es de noche y no me ve? ¿y si me quedo corta?”. Al final 125 velas, y luego vi dos, una roja y una blanca, y no me pude resistir, además… desprenden un olor… que aun hoy se sigue notando.

La fusta llegada desde Italia de doma profesional.

Pero no era suficiente, entonces vi los pétalos de rosa y pensé “vaya le encantan las rosas”, y compré 5000 pétalos. Ja ja ja ja, los herederos se pasaron una semana separando pétalo a pétalo, pero no olían así que me las ingenie para que cogieran aroma a rosa.

Los preparativos empezaron la semana de antes, retiré todos los muebles que pude, quería espacio, mucho espacio, quería que pudiera entrar, moverse a mi alrededor sin que hubiera nada que Le impidiera poder explorar lo que se le entregaba, coloqué las velas buscando la mejor iluminación y construí un altar en la mesa donde colocaría todo lo que me pidió: el anillo, dos collares para que eligiera el que quisiera y los pendientes.

Hice un semicírculo con 100 velas y en el centro coloqué una alfombra de pétalos y un sendero desde la puerta hasta el lugar donde Le esperaría, señalando el camino.

Quedaba una cosa, escribir los límites, ¿qué poner ahí? ¿qué límites fijar cuando confías tanto en la otra persona que sabes que no hacen falta?, pero pidió un folio con los límites así que algo había que hacer y algo había que escribir, así que me puse a ello y escribí lo que me dictó el corazón, es decir un folio completamente en blanco. Ja ja ja ja, con un título: Anexo de límites.

Dejé las llaves que abrían mi nueva vida junto a una nota en el lugar convenido. Me duché, me puse una crema que compré e intenté dormir, en otra habitación, en otra cama, ni siquiera quería usar la cama antes de que la usara Él.

Cuando me dijo que ya salió corrí a encender las velas, tenía apenas una hora y había muchas velitas por encender. Me puse el vestido, que aún guardaba en su funda, cerré las persianas, corrí las cortinas y espere hasta que Él llegó.

Arrodillada en medio de un semicírculo de velas, sobre pétalos de rosa con la fusta en ambas manos y la frente contra el suelo sujetando el anexo de límites. Había pensado que el suelo sería frío, que me dolerían las rodillas, que estaría incómoda, que no podría estarme quieta. Pero nada de eso ocurrió.

Entonces ocurrió, oí la llave en la cerradura, Le oí entrar, caminar por el pasillo y sin embargo no miré. Lo único que hice fue… ponerme a temblar, notaba como la fusta se movía en mis manos, como mi cuerpo temblaba, oí sus pasos acercándose. Después oí el sonido de una cámara, el disparo de las fotos y seguía sin mirarle, temblando.

Entonces empezó a hablar, y cogió la fusta de mis manos. Y cuando habló y escuché su voz todos mis temblores desaparecieron, mi corazón no se equivocaba. Paseó la fusta por mi cuerpo, por mi cabeza, mi espalda, mis manos, mis pies. Cumplió su promesa como no podía ser de otra manera, tres golpes de fusta que me supieron a tres besos, y entonces me levantó, para ser más exactos levantó a otra persona distinta a la que unos minutos antes se había arrodillado, levantó a alguien que por fin estaba en paz consigo misma después de tantos años.

Coloqué mis manos en la nuca y abrí mis piernas, debía explorar lo que iba a aceptar, ver si era de Su agrado, si le complacía.

Cuando noté su mano entre mis piernas… bueno, creo que fue la primera vez que me corrí, no puedo evitarlo, es como un resorte como una trampa de ratones click clack.

Me dijo que apoyara las manos en el sofá, levantó el vestido y noté como entraba dentro de mí, segundo orgasmo.

Luego Él se sentó en el sofá y me colocó encima, me volvió a penetrar y entonces me dio las primeras tres bofetadas, que limpiaron mi alma, y la sumisa fue libre. Es curioso, nada dolía, nada era un ataque, al contrario, había tanto amor, notaba tanto cariño en todo lo que hacía. Seguía hablándome, y su voz me hipnotizaba, y de repente puso Su mano en mi boca y me dijo “muerde, este es el máximo dolor que voy a aguantar de ti, si me traicionas, si me defraudas, si no me obedeces te dejaré. Este es el máximo dolor que podrás causar, ¡aprieta!”. Y yo no podía apretar los dientes, no quería ni morder y pensar que Le podía hacer aunque fuera un mínimo roce, ni así soy capaz de causarle dolor.

“Vas a casarte por primera vez como deberías haberte casado las otras veces, como realmente debes casarte”. Perdí la cuenta de las veces que me había corrido ya entre sus brazos. “Recoge las velas del suelo”, me arrodillé y empecé a recogerlas una a una desde el sofá. Él miraba, oí que respiró profundo y se levantó, se acercó a mí y me penetró. “NO pares de recoger, no te importa lo que YO haga”, bufff, no podía recoger ni una velita mientras notaba sus embestidas. Cuando Él estuvo satisfecho se volvió a sentar y me dijo “Continua”, hubiera sido capaz de ir saltando o trotando como un dibujo animado tras cada pétalo, tirintirintirin. Se volvió a levantar y pensé “mmmmmmm, otra vezzzz”, pero lo que noté fue la fusta mientras seguía recogiendo velitas, estaba feliz. Me cogió y me llevó a la habitación, no sé en que momento me quitó el vestido, solo sé que por primera vez no había límites para el sexo, ninguno.

En algún momento, tenía su polla dentro de mi boca y noté su pie entre mis piernas. Buf, fue automático, ni lo pensé, empecé a buscar ese pie, quería notar su roce contra mi coño, ¿por qué usar siempre los dedos de las manos si tenemos más dedos? Él me lo había dicho muchas veces, todo mi cuerpo está hecho para disfrutar del sexo y así es, empecé a mover mis caderas contra su pie, me colocaba y recolocaba con su polla metida en mi boca buscando acercar su pie cada vez más a mi coño hasta que lo conseguí, y empecé a frotarme contra el, incluso el pie entró dentro de mí y empujé más fuerte para confirmar que así era… y me volví a correr.

Luego, como si fuera una perra en celo, me enganché a su pierna hasta que coloqué el hueso de la rodilla entre mis piernas ejerciendo la presión suficiente que hizo que me volviera a correr unas dos o tres veces más, frotándome contra Él, notando como mis flujos iban empapando su rodilla, y luego lamerle para limpiar todo los restos de mí que había dejado sobre Él. En algún momento nos levantamos a desayunar, a reponer fuerzas, pero creo que no estuvimos más de media hora. Pan tostado, queso y café con leche, y vuelta a la cama, a descansar me decía… pero era imposible, en menos de cinco minutos estábamos otra vez enganchados o tenía su mano en mi coño o su polla en mi boca o dentro de mí, daba igual, solo me corría una y otra vez como si de repente pudiera llenar un vaso que llevaba vacío desde que recuerdo, como coger aire, soltar amarras o liberar por fin esa parte de mí que nadie aceptaba y que Él nunca ha juzgado.

En algún momento me coloqué sobre Él mirando a sus pies y empecé a lamerle desde las rodillas hasta los dedos de los pies. Volvió a penetrar por delante, por detrás, como una culebrilla… no sé cuántos orgasmos llevaba, no tengo ni idea, no consigo saber las veces que me corrí, y ahí me volví a correr, y de repente apoyé mi cabeza en el colchón, entre sus piernas, mis manos estaban sobre sus pies, sentada sobre sus ingles con las piernas a los lados, lo último que recuerdo fue pensar “que agustito se está aquí” y me dormí así. Es un sitio muy agradable para dormir y Él ni siquiera se movió, con lo incómodo que debía de estar, aunque las vistas debían ser bonitas.

Merendamos judías porque eran las 5 de la tarde, la hora de comer se había pasado, y seguimos celebrando nuestra noche de bodas de la mejor manera que sabemos y como más nos gusta, follando. No puedo resistirme a Él y al parecer Él tampoco de mí. Menos mal que nos separan unos kilómetros porque es explosivo, me planteé decirle “quita bicho” porque si yo había perdido la cuenta de las veces que me había corrido Él también y cada vez que me decía “creo que ya no voy a poder más”, en cinco minutos volvía al ataque.

Me dijo que había sido la entrega más bonita que había vivido y eso viniendo de Él es todo un cumplido, creo que logré sorprenderle y eso era algo difícil. Cuando Él creía que la vida no podía sorprenderle ni ofrecer nada más aparecí yo donde y como menos me esperaba.

Estábamos destinados a encontrarnos y así ha sido, ¿y sabes? me siento tan feliz y orgullosa de que me haya elegido a mí para bailar este vals que espero nunca cese la música y bailemos hasta el amanecer una y otra vez, además tengo una mazmorra de ensueño y un libro que escribir. Y yo quiero correrme para Él una y otra vez porque entonces, y solo entonces, todo tiene sentido, porque por primera vez en mi vida he escuchado “ERES MÍA” y me lo he creído, porque es cierto, soy SUYA completamente, mi alma, mi mente y mi cuerpo. Y todo cobró sentido.

Cuando me dice que mi placer es SU placer creo que va más allá. No se habla de placer, el placer es efímero, breve, dura un instante, creo que va más allá y creo que Él también lo sabe, creo que todo esto va de felicidad. Sí, soy feliz por el mero hecho de que le hago feliz, y cuanto más feliz es Él más feliz soy yo y al revés, cuanto más feliz es Él más feliz me hace a mí, y así entramos los dos en un círculo de felicidad infinito. Qué me importa lo que me pida, si pida lo que pida, será para que Él sea un poco más feliz, y yo simplemente soy feliz viéndole feliz. Sí, creo que todo esto va de ser felices porque a fin de cuentas la felicidad es un medio de transporte y no un destino.

Su felicidad es mi felicidad porque la felicidad compartida es el doble.

¿Cómo voy a negarle nada?, cuando veo su cara como se le ilumina, como le brillan los ojos, sería muy cruel de mi parte negarle algo.

No, no creo que esto vaya de sexo más o menos duro, ni de placer ni nada mundano, creo que esto va de felicidad pura real como pocas personas son capaces de dar y recibir.

Curioso que la palabra AMO sea también la primera persona del presente del verbo AMAR, que amor sea AMO con una R final y que tanto AMO como amor y amar tengan la misma raíz. Da que pensar….

Tenía muy clara una cosa, no iba a ser follar, eso sería el camino fácil, follar es fácil, muy fácil en el BDSM y en el mundo vainilla, pero entrar en mi alma y coger a los demonios que hay allí escondidos, sacarlos y destruirlos, eso Mi Amo, eso solo Él sabe cómo hacerlo. Pagaré con gusto el precio que me pida, porque no tengo nada que sea suficiente para todo lo que Él ha hecho por mí.

Amo a Mi Amo, le pertenezco, soy SUYA completamente para que disponga de mí y de mi cuerpo como mejor le plazca, como desee, sin preguntas, sin cuestiones, sin justificación. Su deseo y Su voluntad nunca le serán vetados aunque a veces hará cosas que no entenderé. Nunca dudaré de Él porque sé que jamás me hará daño, jamás me causará sufrimiento y jamás me dejara sola.

¿Pero cómo no darle TODO lo que me pida si es capaz de sanar mi alma, de derrotar mis demonios, de drenar mi dolor, de deshacer todas mis tormentas y a la vez llenarme de paz y de calma?

Y hasta aquí mi relato de lo que significó para mí Mi Entrega. Supongo que no es lo que se esperaba que contara pero como Él siempre me dice, espera lo inesperado.

 

SIEMPRE SUYA PSDM

Basado en un hecho real.

CUANDO MIS VERSOS RIMAN CON TU CUERPO, poesía en Tu Punto Hot

En Tu Punto Hot nos gusta la literatura. Tenemos algunos libros en nuestro catálogo y más de un escritor ha sido presentando en nuestro blog. Pero dentro del arte de juntar letras nos faltaba un poeta, o varios. Y lo hemos solucionado en parte. Hemos organizado nuestro primer concurso de poesía erótica bajo el nombre “Un Cupido Hot”, teniendo en cuenta que el ganador será dado a conocer el 14 de Febrero. Dicho ganador será entrevistado en el programa “Ya Es El Momento….” de AndrómedaRadio y recibirá un set compuesto por una pintura corporal “Poeme” de la prestigiosa casa Bijoux Indiscrets y un ejemplar de “Cuando Mis Versos Riman Con Tu Cuerpo” del poeta gaditano David Romero.

Por si queréis conocer mejor los premios podéis ver tanto la pintura corporal como el poemario en nuestra web. Pero qué mejor que entrevistar a David Romero para conocer su obra y ya de paso su carrera. Lo ideal hubiera sido escribirla con la pluma de “Poeme” para que pudierais saborearla bien pero imaginaros dando lengüetazos a la pantalla no es nada bueno, no por el hecho del lengüetazo en sí si no por miedo a pillar el Covid. Dejemos los males a un lado  y disfrutad de una buena lectura, sea una novela, un poemario o esta entrevista.


Tu Punto Hot: “Cuando Mis Versos Riman Con Tu Cuerpo”, un título sugerente. ¿Se te ocurrió el título y luego desarrollaste los poemas, o fue al revés?

David Romero: Normalmente siempre tengo primero los poemas y luego saco el título. Yo no escribo un libro, simplemente voy escribiendo poemas y cuando tengo un bloque intento transformarlo en un libro, y ahí es cuando surgió el nombre.

TPH: El título es muy acorde para una obra que gira sobre erotismo, sexualidad, amor,… pero hay una cosa que me llama la atención. Tienes unos puntos denominados “objetivos de la Declaración de Intenciones”. ¿Cómo se pueden definir?

DR: El punto de partida es que me gusta mucho la provocación a la hora de escribir. Yo tengo poemas de temas políticos también, con enfoques históricos. Lo primero es provocar al lector, o al oyente en caso de las presentaciones y recitales, y en estas declaraciones de intenciones fue curioso porque fue un poema que se fue troceando y se metió a lo largo del libro. Realmente era uno y juega un poco con ese sentido de ser un libro no sólo para leer, hay quien me dijo que se leyó el libro en 10 minutos, y la intención no es esa si no que se pueda disfrutar un poco más allá de una primera lectura general. Entonces este poema se troceó y se metió entre medio de los demás poemas y la declaración de intenciones juega con un doble sentido, la intención a nivel poético y otro con mis intenciones a nivel erótico-festivo.

TPH: Un juego de palabras que utilizamos mucho.

DR: Nuestros recitales los llamamos así, “recitales erótico-festivos”, ya que pensamos tanto mi pareja como yo, que somos quienes realizan estos recitales, que el tema del erotismo y la sexualidad tiene que ser todo un juego y nos pareció muy acorde el término. Viendo el libro, por ejemplo el segundo punto de la Declaración de Intenciones dice “son míos cada uno de tus orgasmos que provocan mis palabras” juega entre lo que es la poesía en sí, lo que provocan mis palabras a nivel poético, pero evidentemente también la parte erótico-festiva que producen mis palabras, y evidentemente dentro de ese juego lo que producen son orgasmos.

TPH: En el libro, aparte de esas declaraciones que son cinco puntos, también se encuentran unos dibujos. ¿Son realizados por ti o has tenido alguna colaboración?

DR: Es de una autora que se llama Carmen Raposo, yo le di el poemario y la idea de cómo quería trocearlo, y la verdad es que los dibujos me encantaron. Están dibujados a lápiz y todos como si estuvieran a medias de manera que cada uno podía ponerle su propia cara a esos cuerpos, y cuerpos totalmente naturales sin nada de artificios. Me gustó mucho cómo quedaron dentro de ese juego, como te decía, para que el poemario fuera algo más que una simple lectura general.

TPH: También se incluyen frases de otros autores. ¿Son porque te han influenciado o los has escogidos simplemente para que encajaran en el libro?

DR: Digamos que mitad y mitad, a medias. Yo soy un devorador de libros y siempre tengo todos los libros anotados, siempre me voy quedando con ideas, con frases. Entonces son de una u otra manera textos de autores e incluso la pintora Frida Kahlo que encajaban bien con cada parte del poemario.

TPH: El poemario está dedicado a Rosalía, nos suponemos que es tu mujer.

DR: Sí, es mi pareja. Es curioso porque ella también publicó otro libro donde sus poemas, de una u otra manera cuando hablan de la otra persona soy yo y aquí cuando hablo de la otra persona es ella. Entonces, claro, si hay que dedicárselo a una persona es a ella por fuerza.

TPH: Acabas de decir que ella también ha publicado, es poetisa en este caso. ¿Cómo conviven dos poetas, os lleváis todo el día rimando las frases en casa?

DR: Hay veces que sí, que hay mucho juego con algunas frases y demás, se nota que la vena poética siempre está en algunas conversaciones. Es curioso porque, claro, teniendo una afición tan concreta los dos es verdad que hemos tenido experiencias muy bonitas. Una vez nos tiramos a una cabaña en Portugal, cuando llegamos al pueblo el pueblo se acabó, se acabó el camino y al final, en medio del campo, estaba la cabaña. De allí por ejemplo surgieron muchos versos y entonces es una afición compartida muy interesante porque los poemas muchas veces encajan unos con otros, las historias, hay veces que un mismo recuerdo ella lo cuenta de una manera y yo de otra.

TPH: ¿Los de ella también son erótico-festivos?

DR: Sí, lo que pasa es ella tiene otra forma de escribir diferente a mí. Ella utiliza muchas metáforas, utiliza otro lenguaje, yo soy más directo, me gusta mucho la provocación. Hay un poema que, no sé si me vas a preguntar por el, evidentemente siempre ha sido el que más ha llamado la atención porque usa la palabra coño, ella nunca lo metería en un poema pero yo sí. Siempre he defendido que las cosas hay que llamarlas por su nombre. Creo que en un poema donde quiero buscar la provocación no puedo utilizar la palabra vagina o vulva, hay que llamar las cosas por su nombre.

TPH: Ella sería la primera en leer tus poemas antes de ser publicados.

DR: Sí, la primera lectora y la más crítica de todas las personas que los ha leídos. Hay veces que yo soy muy flojo en el sentido de que yo escribo un poema y el poema tiene que estar tal como yo lo he expresado al principio, si me viene una idea yo la vuelco y ese es el poema. Ella es muy crítica conmigo porque dice que los poemas hay que trabajarlos mucho, y entonces tenemos a veces ese debate. Sus poemas están muy trabajados, y es verdad que en ese sentido son muy buenos, y lo mío es buscar más la espontaneidad, busco que la idea que yo he tenido en la cabeza reflejarla de manera directa aunque a veces el poema no esté tan trabajado.

TPH: Ella es crítica con tu manera de escritura y de trabajar. ¿Qué opinó sobre los textos en sí? ¿Se consigue estimular a tu propia mujer con tus propios versos?

DR: La verdad es que sí. Además es curioso, tengo una anécdota pero no con ella, en una presentación se me acercó una mujer  y me dijo que me iba a comprar el libro para regalárselo a su marido para que se lo leyera a ella. Me pareció genial. Sí es verdad que hay poemas que cuando yo se lo he leído a ella o ella los ha leído de manera independiente un cierto nerviosismo, unas cosquillitas, surgen. Se consigue con un poema.

TPH: Este no es tu primer trabajo publicado, ¿no?

DR: Este es en concreto mi tercer trabajo y por ahora el último aunque hubo varios intentos de publicar otro. Mi idea siempre ha sido que mi primer poemario fuera sobre la segunda república, la guerra civil, un poco más histórico mezclando historia y política. Pero surgió la oportunidad de publicarme un primer libro que lo necesitaban en un mes, así del tirón. Y lo primero que hice para ese primer libro fue coger un poco de todo lo que tenía, una especie de muestra, y surgió el primer libro, “Tras Las Huellas”. Después, el segundo, “Las Hijas Descalzas De La Primavera”, se centró en toda la parte de la memoria histórica, historia y política, y luego surgió el tercero siempre buscando cosas nuevas. Quien leyó el primero se va a quedar sorprendido con el segundo pero el segundo complementa al primero, y con el tercero igual, se van complementando.

TPH: ¿Hay visos de sacar pronto alguno más?

DR: Tuve la oportunidad de sacar dos libros a la vez, uno en portugués con una editorial de Lisboa y otro libro que iba a salir bilingüe en una editorial de Huelva incluso con presentaciones ya medio organizadas en el Algarve pero aquello se quedó en el aire con todo preparado, y aparte de esos dos hay otro libro más que tengo por ahí preparado que yo lo llamo “Los Poemas Del Cabreo”, que no es su título oficial pero es como me gusta llamarlos, que vuelve un poco al tema político pero algo más actual con todas las situaciones que estamos viviendo en el día a día. Mis propios cabreos por lo que leo, escucho y demás los convierto en poemas.

TPH: Hablando de la situación actual, donde la gente se debe de recluir cada vez más. ¿Cómo ves que la gente se haga con un libro, un poemario, para sobrellevar estos días?

DR: Evidentemente yo creo que es la mejor compañía que puede tener alguien ahora mismo con tantas horas que tenemos para estar en casa si queremos que sean más productivas más allá de estar viendo la televisión. Evidentemente un libro siempre es más buen compañero o compañera en estos casos, y si es de poesía erótico-festiva pues imagínate, mejor todavía, que una cosa lleva a la otra.

TPH: Volviendo al libro, ¿qué poema destacarías o dirías que “suliberia” más?

DR: Cada autor siempre tiene sus poemas favoritos y una cosa es el poema con el que estoy más contento, y otro el poema que en los recitales hace reaccionar más a las personas. Evidentemente el poema del coño. Los poemas no tienen título ninguno pero éste se lo ganó por aclamación popular, y es verdad que para mí es uno de los que más me gustan del libro.

TPH: Para aquellas personas que estén pensando en hacerse con un libro, ¿qué recomendaría para que se hiciesen con este?

DR: Lo primero que acudan a una librería tradicional antes que usar una gran plataforma (en Tu Punto Hot lo tenemos en nuestros estantes).

TPH: Cuando mis versos riman con tu cuerpo, ¿es algo que también le dices a tu mujer?

DR: (Risas) Eso y otras cosas más (más risas). Evidentemente mis versos riman con su cuerpo.

TPH: Dicho esto queda agradecerte el tiempo dedicado. Muchas gracias.

DR: Gracias a vosotros.

 

Y tras la entrevista nos despedimos deseando que estos tiempos de pandemia pasen de la mejor manera posible para todos, y mejor si es en compañía de un libro, y dejando abierta posibles colaboraciones cuando se puedan volver a hacer presentaciones y recitales de poesía.

 

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PALMA por Ane Zubieta

 


Hace un tiempo, cuando comenzó todo esto de la pandemia mundial, vivía en Palma de Mallorca. Llegué allí con la intención de por fin estabilizarme, no volver a mudarme y empezar a estudiar una carrera, eso sí, sin dejar de trabajar. Todo iba bien, la verdad, hasta que un día, mis compañeros de piso me dijeron que estábamos confinados. Al principio no me supuso ningún problema, pues yo era feliz en mi habitación con mis matemáticas y sin nadie que me molestase. 

Los días fueron pasando y los problemas de convivencia llegaron. A veces me despejaba yendo a la compra, luego veía el barullo de gente amontonada y se me quitaban las ganas de salir si quiera a comprar, hasta que pasé por aquella librería a la vuelta de la esquina y la vi. Era una chica bastante parecida a mi físicamente, tenía el pelo corto, moreno y liso, su piel era blanca y su cuerpo atlético y aunque fuese unos centímetros más baja que yo solo tendría que inclinarme un poco o cogerla en brazos para besarla. Ariel se llamaba, lo supe por la chapita que posaba encima de su pecho, sujeto en aquel polo azul que era su uniforme. La librería era pequeñita y muy acogedora, el servicio exclusivo, libros técnicos y material artístico. Tenía un rinconcito donde poder sentarse, tomar un café de máquina y leer o estudiar, ese sitio era maravilloso, lástima que estuviese inhabilitado por razones de seguridad. Salí de allí con dos ejemplares, Elementos de Análisis Matemático y Matemática Discreta y Lógica Matemática, escritos por varios matemáticos como María E. Ballvé y Mario Rodríguez. Recuerdo que me pareció una mujer poco común, seria, en sus ojos, pero que no dejaba de sonreír, y al atenderme fue tan simpática y elocuente que noté el calor de mi tierra, Andalucía. 

Pasada una semana volví a ir y a la semana siguiente también. Acabó siendo un ritual semanal donde me dejaba un dineral en productos que ni siquiera necesitaba solo por verla y escuchar su voz un minuto. Ser tan asidua la cambió; nunca olvidaré su sonrisa, detrás de aquella cristalera, al verme llegar, como si me estuviese esperando. Yo era bastante puntual, no fallaba al encuentro, nos veíamos todos los viernes a las 18:00 en aquella librería. Sabía que ella se daba cuenta del asunto pues empecé a vestirme todo lo sexy que podía para visitarla, me perfumaba exageradamente para que recordase mi olor al llegar a su casa. Las conversaciones eran muy básicas, ciñéndose siempre a la relación trabajadora-clienta y continuamos así dos meses.

Repentinamente, en Mayo, cuando todo comenzaba a relajarse y empezábamos a poder salir de casa, a movernos entre ciudades, nos comunicaron a mis compañeros y a mí que vendían el piso y debíamos mudarnos cuanto antes. Encontré una pequeña casita con dos chicas inquilinas en un pueblo vecino. Estuve pensando seriamente si debía despedirme de Ariel o irme sin más y llegó el día de la mudanza. Era viernes en la mañana, lo tenía todo listo para irme, el taxi esperándome pero en el último momento sentí la necesidad de ella y fui corriendo a buscarla. Sin embargo al llegar vi que no estaba.

·         No puede ser, ¿es demasiado tarde? (Pensé)

Cuando estaba a punto de darme por vencida, con el taxi pitando en la esquina, se me ocurrió la valiente idea de escribirle una nota. Rápidamente cogí el primer bolígrafo y papel que había por allí, cerca del mostrador, donde el dependiente de turno me miraba perplejo, y escribí:

"Hola Ariel, ¿cómo estás? Me voy de Palma, estaré a unos 25km de aquí. Sinceramente no quisiera que dejásemos de hablar y de vernos, me gustaría conocerte más. Te dejo mi número de teléfono a la vuelta de la hoja. Atentamente, Arlet."

Ahora solo quedaba confiar en que aquel desconocido, compañero de trabajo de Ariel, fuese mi mensajero y esperar. La preocupación y la duda me asaltaban de camino a la nueva casa pero el estrés causado por la mudanza, mis gatas, el taxista, el desorden, mantuvieron mi mente ocupada.

Al llegar la noche,  ya no quedaba nada más que hacer, conseguí el orden necesario para sentirme como si viviese allí desde siempre. No pude evitar pensar en ella, me acomodé en mi nueva cama, bastante cómoda, y me dispuse a elegir el juguetito más silencioso que tuviese, así mis nuevas compañeras, Sahara y Deniska, no se asustarían demasiado el primer día de convivencia conmigo. Me decanté por el suave succionador de clítoris y unas bolas chinas, silencioso y eficaz, pues imaginando las tetas de Ariel botando en mi cara, sentada sobre mí, refregándose conmigo y mis manos jugando con su culo, no tardé más de dos minutos en correrme.

Después de bajarme de la intensa cúspide del orgasmo, la eché de menos. Qué tontería, ¿cómo podía anhelar algo que nunca fue mío? Sonó el teléfono y me sentó como un jarrón de agua fría que me devolvía a la realidad. Era ella, no lo podía creer, ¿me habría quedado dormida después de tocarme y estaba soñando? Me puse nerviosa pero no dudé en contestar.

·         ¿Dónde te has ido, Arlet? (Con voz decidida)

·         Hola Ariel, me he venido a Son Ferrer.

·         ¿Estás ocupada?

·         Eh, no, no, estaba aquí... (Guardando torpemente mis juguetes)

·         Pues voy para tu casa, ¿vale? (Sin dejarme terminar la frase anterior)

·         Mmm, vale, calle Laurel, número 5, aquí estaré.

La conversación no duró ni 30 segundos, pero para mi fue sublime, estaba emocionada aunque su seriedad me confundía un poco. Menos mal que tenía la casa bien bonita, la nevera llena y el cuarto bien seductor con las luces rojas que tanto me gustan y mi cartel de neón con las siglas "XXX" encima de la cabecera de la cama, lo único que necesitaba era cambiarme.

Analizando un poco la situación que acababa de ocurrir, por mucha carita de angelito que tuviese mi querida Ariel, la manera tan directa y segura de hablarme esta noche, me daba a entender que en su cabecita había algo de perversión, como en la mía. Elegí el conjunto de lencería negro, que consta de unas medias cortas con un encaje que rodea el muslo, el liguero que las conecta con una tira que sube por mi ombligo, pasando entre medio de mis pechos y llegando al cuello, donde se fusiona con un collar pegado. Las braguitas, medio tanga, eran abiertas por el centro para facilitar cualquier cosa que pudiese pasar. Opté por tapar aquella armadura con un vestido de hombros descubiertos.

Traje al cuarto un par de cervezas y algo de fruta; me encantaba posar los pies descalzos en la alfombra que traje de Marruecos y que adornaba el bajo de la cama. Estaba entretenida pensando en la suavidad de aquella lana cuando se abrió la puerta detrás mía. 

Mis compañeras la habían dejado pasar y aquí estaba, mirándome como la tigresa mira a su presa. Lo que ella no sabía es que la presa no era yo. Se percató cuando cambié la mirada de intimidada a intimidante y fui acercándome a ella. Se quedó bien quietecita, aceptando lo que le esperaba, pues ella lo había buscado.

Una vez enfrente, me arrodillé y le quité los zapatos sin entretenimiento. Llevaba unas medias que no tardé en arrancar para pasar mi lengua por el interior de sus piernas y subir poco a poco hasta llegar a las ingles. Cerraba los ojos, echaba su cabeza hacia atrás dejando al descubierto, por un par de botones desabrochados, sus pequeños y erizados pezones. La faldita era lo mejor... Podía imaginarme lo que tenía debajo de ella y sin quitársela meter la mano suavemente. Me levanté para verla bien, me hice hueco en sus braguitas y pasé mis dedos índice y corazón por sus labios exteriores, notando cómo humedecía. Podía morderle el cuello o pasar la lengua por su boca a la vez. Quiso gemir cuando mis dedos entraron en su coño pero la obligué a callar besándola y sonó un grito de ahogo. Sus tetas me estaban llamando, fui a verlas, chuparlas y manosearlas sin dejar de mover mis dedos dentro de ella con una maniobra que dice "ven aquí" y ella más se venía. Podía quedarme a vivir en sus pechos del tamaño perfecto con mi mano en su entrepierna. A ratos agachaba la cabeza para mirarme y su pelo rozaba mis mejillas como si me acariciase. Sería feliz desayunándola todos los días.

Cuando se había corrido un impulso recorrió su espina dorsal, sus manos agarraron mi cuello, sus ojos me decían "no te vayas" y mi cuerpo gritaba "tranquila que no me voy a ir". La cogí en mis brazos, la llevé hasta la puerta por la que había entrado y apoyándola sobre ella, con sus piernas rodeando mi cintura, volví a meter mis dedos en ese coñito tan mojado. Los movimientos de mi mano se hicieron más fuertes, llegando incluso a más profundidad que antes. Me encantó oírla gritar sin censura alguna posible, notarla dilatar y chorrear por sus piernas con la faldita subida y arrugada en su cintura. Necesitaba chupar su juguito y lo haría. 

Recuerdo que me la llevé a la cama para tumbarla y su rostro reflejaba asombro, como si no pudiese creer lo que había sucedido e iba a seguir sucediendo. Sus manos no paraban quietas, se agarraba el pelo, se tapaba la boca, se mordía el brazo, se chupaba los dedos, me acariciaba el pelo y me giraba para que la viese jugar con su lengua. Yo jugaba con sus pezones, los mordía, pasaba la lengua y luego soplaba suavemente sobre ellos, viendo la dureza que iban adquiriendo y cómo su cuerpo se retorcía cual lagartija. Pasaba mis manos por su vientre, me paraba en el ombligo y continuaba por sus piernas, tan suaves. Era la hora de quitarme el vestido, necesitaba entrelazarme con ella, sentir su ser con el mío. Solo de recordar mis pezones rozándose con los suyos se me agita la respiración, porque qué sensación aquella, es algo que podría estar haciendo horas y no me cansaría, notar sus pechos desnudos, pegados a los míos... ¡Dios!

A pesar de la rica sensación no me quedé ahí, como ya dije antes, necesitaba probar el sabor de su juguito, quería lamerlo todo  y ella lo sabía, su corazón latía con fuerza. Mientras bajaba ella erguía la cabeza para ver como llegaba a su monte de venus, cuál crónica de una muerte anunciada, como la presa que sabe que va ser devorada. Le abrí las piernas que tenía flexionadas y mi lengua, relajada, no titubeó ni un instante, se acercó a sus ingles, pasó por sus labios exteriores, besando con suavidad, haciendo notar el calor de mi aliento, bajando hacia la zona perianal, subiendo buscando el clítoris, metiendo un dedo en su coñito abierto de vez en cuando y jugando con su culo y mi saliva. Quedé pegada como una lapa al botoncito de su clítoris que la hacía encogerse y sin bajar el ritmo, mi lengua se puso dura y se movió de lado a lado, casi en círculos, nunca de arriba abajo. Ella me atrapaba, dándome señales para que siguiese así y no parase hasta que noté todo su orgasmo bajando por mi lengua y recorriendo los huecos de mi boca. Me estaba poniendo demasiado cachonda, sabía a gloria, fue la guinda de mi pastel, ya no podía más, tenía fiebre. Ariel pareciese que se percató de mi estado y de repente, con energía nueva y renovada, con un nerviosismo exhausto, se levantó, echó mano de la mochilita que traía consigo, sacó un arnés negro con un dildo ya colocado de unos 13 cm y sin rodeos y con una habilidad técnica impresionante se lo colocó y vino hacia mí. Pasé a ser la ratoncita que iba a ser devorada por la felina. Su iniciativa me dejó embobada y ansiosa. Se colocó encima mía pero no tardó en darme la vuelta bruscamente. Me puso boca abajo en aquella cama, me mordió la nuca, me abrió las nalgas y me la metió suave, directa y profundamente, tanto que gemí y ella, desde atrás, me rodeó con su brazo por el cuello y me tapó la boca. Aumentaba el ritmo poco a poco, empujaba con fuerza, yo me corría y ella paraba 5 segundos, se quedaba quieta con el dildo dentro de mi coñito y luego volvía a darme con fuerza, aumentando el ritmo de nuevo para que me corriese otra vez... 

Maravillosa partida la nuestra.

Nuestros cuerpos cayeron rendidos sobre el colchón, en trance, desorientados. Ariel preguntaba irónicamente que dónde estábamos, si en el cielo o el infierno o simplemente ardiendo encima de las nubes. Me acerqué cariñosamente a sus mejillas, la besé y acariciándole el poco pelo que tenía en su pubis, con ella entre mis brazos, nos quedamos profundamente dormidas.


ENCUESTA DISFRACES: RESULTADO Y CONCLUSIONES

            Antes de Halloween, cuando se iba acercando la fecha para esta fiesta, ya se veía que por la pandemia no se iba a poder celebrar como en otros años. En Tu Punto Hot nos gusta Halloween, sobre todo poder disfrazarnos y organizar algún evento terrorífico. Por terrorífico nos referimos a terroríficamente divertido y morboso.

Lo dicho, este año ni evento ni disfraces. Y viendo el panorama tampoco está la cosa para disfrazarse en Navidad, ni lo estará para Carnaval. Sean disfraces para salir a la calle o a locales a disfrutar de las fiestas, o sean para tener fiesta en locales o en la privacidad de casa. Aquí deberéis entender que hay dos tipos de disfraces: los que se pueden mostrar en público y lo que son para disfrutar en privado. De los primero no tenemos pero de los segundo disponemos de una buena selección en la tienda.

Los disfraces dan la opción de encarnar un personaje durante el tiempo que los llevemos puesto, esconder nuestro yo habitual y disfrutar con menos tapujos de la fiesta. Los que tenemos en la tienda tienen un plus erótico-festivo, disfraces que muestran lo necesario, insinúan lo suficiente y consiguen subir la libido de cualquiera.

Hemos comentado que en Tu Punto Hot nos gusta disfrazarnos en Halloween, pero además en cualquier ocasión que lo requiera. Nos hemos quedado con las ganas y creemos que muchos lectores y amigos también. Para saber la relación que tenéis con los disfraces realizamos una encuesta anónima sobre este tema. Acabada la encuesta mostramos aquí lo que dio la misma.

            Después de analizar todas las respuestas recibidas el resultado se reparte de la siguiente manera: el 55,55% de los que participaron fueron hombres, siendo el restante 44,45% mujeres. Todos heterosexuales con pareja. De este grupo de personas al 33,35% le gusta disfrazarse en Halloween, a un 11,10% en Carnaval, a un 44,45% en cualquier ocasión (Halloween, Carnaval, Navidad, o cuando se tercie) y a un 11,10% no le gusta disfrazarse nunca. Eso sí, al 100% le gusta los disfraces sexys, aunque sólo un 22,25% haya usado alguno en contra del restante 77,75% que nunca han llevado uno puesto. En cambio al 88,90% le gusta que su pareja se disfrace frente al 11,10% que no tiene interés en ello. También se preguntaba qué disfraz les gustaría usar, cosa que veremos más adelante.

De estos resultados podemos extraer que a todo el mundo le gusta los disfraces sexys aunque a algunos les gustan para que los lleve su pareja, y viendo el tipo de participantes en la encuesta son sobre todo los hombres quienes gustan de ver a sus parejas luciendo alguno. Pero sorprende, viendo que al 100% le gustan los disfraces sexys, que sólo menos de una cuarta parte haya utilizado un disfraz sexy (sea el modelo que sea). Destaca también quienes les gusta disfrazarse en cualquier ocasión, nos suponemos que quienes se disfrazan sólo en Halloween o en Carnaval lo hacen para participar de algún evento, y destacable también que haya personas que no le guste.

            Quizás el motivo de las personas que no se han disfrazado nunca o que sólo una parte haya usado algún disfraz sexy cuando a todo el mundo les gusta se deba a que no han tenido a mano el disfraz que deseaban en ese momento. En la encuesta también opinaban los participantes de los disfraces que les gustaría usar o, en su caso, usara su pareja. Los 10 más destacados son: vampiro/a, policía, colegiala, cualquier cosa relacionada con el BDSM, gata, camarero, spiderman, enfermera, militar y caperucita roja.

Como veis el surtido es diverso. Algunos los tenemos en Tu Punto Hot aunque, evidentemente, los que tenemos son para crear situaciones erótico-festivas en casa o en algún local concreto sin tener en cuenta la fecha del calendario. Podéis ver los modelos que tenemos subido en la web, que no son todos los que tenemos, haciendo click aquí. 


            Acabamos el post dando las gracias desde aquí a todos los que han participado en la encuesta por su colaboración y esperando que pronto se puedan volver a celebrar fiestas donde lucir ese personaje que vive en nuestras fantasías. 

EL PROFESOR por Ane Zubieta

Tenemos amigos lectores y lectores amigos, y entre todos ellos siempre hay a quien también le gusta escribir, y como buenos amigos comparten con nosotros sus escritos. En esta ocasión presentamos a Ane Zubieta con su primera colaboración. Esperamos que os guste como a nosotros. 

Por fin había hecho amigas. Llevaba más de nueve meses viviendo delante de la puerta principal de la universidad y aún no conocía a nadie. María estudiaba derecho. Era una chica risueña, le gustaba gastar bromas típicas de estudiantes. Recuerdo que insistió en que llamara a uno de mis contactos telefónicos y le contara una historia improvisada e inventada usando las palabras que ella escribió en un papel. Llegamos a tener confianza; un día me confesó que le gustaba un hombre pero que su relación sería imposible porque era su profesor. Aquel mismo día recibí la nota del examen de física de la semana pasada. Había suspendido con un 4. 

El profesor de física era un hombre alto, siempre le había dado un aire a científico loco. Loco pero sexy pues sus pelos alborotados solo eran un claro signo de que le resultaba más importante el contenido de sus clases que peinarse por las mañanas. Llegaba siempre tarde. Yo lo imaginaba sentado, bebiendo café, solo, quince minutos antes de que empezaran las clases, mirando fijamente al horizonte y pensando en la infinitud o en el movimiento ondulatorio de las olas. 

A veces combinaba cierta ropa elegante como una americana vieja marrón con un pantalón vaquero y unos zapatos de cuero; otras lo veías con lo primero que encontraba por casa. Solía ser unos pantalones finos, blancos, con unas sandalias y una camiseta cualquiera casi transparente del uso, que me recordaba a mí misma tumbada en la playa y divagando sobre el universo y las matemáticas. No quiero compararme con él, pues es un físico teórico muy inteligente y muy sabio: aparte de saber acerca de diferentes ámbitos, cobra por ello. 

Cuando procedió a darme una serie de consejos y explicaciones sobre mis fallos en el examen me sentí más feliz que nunca. Mientras él hablaba sobre el sentido del campo magnético, el movimiento de un electrón dentro de él, mientras enunciaba las leyes de Faraday, Lenz, de Biott y Savat, yo escuchaba embobada a la vez que me reía. No podía evitar la risa, pues sus explicaciones me hacían sentir bien, en paz, ponían un poco de orden en el caos de mis pensamientos. 

Mi risa le provocó interés. Vi como sacaba conclusiones en su cabecita de físico teórico mientras me preguntaba el porqué de mi risa. Jamás se lo hubiera dicho. Eso le molestó, ¿cómo no le iba a molestar? Si al igual que yo, lo que más odiamos es que nos nieguen el conocimiento de las cosas. Su molestia la noté muy sutilmente cuando comenzó a debatir conmigo el resultado de uno de los problemas del examen. Siguiendo con un tono bajo y cálido decía que mi razonamiento no tenía "ni pies, ni cabeza", y yo intentaba explicarle el sentido que le había dado. Normalmente te escucha, pero como estaba molesto no lo hacía, lo que me producía aún más risa.

Nuestra sesión de estudio acabó con el sonido de un estúpido timbre que me obligaba a cambiar de clase y de profesor; esta vez el primero en levantarse y marcharse fue él. Reflexioné durante toda la hora siguiente "¿Le habré molestado? ¿Habrá pensado que me reía de él?" No podía con la angustia, así que fui a buscarlo y a disculparme. 

Lo pillé en el pasillo, a punto de entrar en el despacho y me miraba sonriendo muy falsamente, se le notaba de manera exagerada. Su rostro cambió cuando lo cogí del brazo. Se me escapaba, no quería hablar conmigo, pero cuando entramos en contacto se paralizó. "Quiero disculparme por lo de antes, ha parecido algo que no era, espero que no piense lo contrario" Le dije. Eso le gustó, su risa lo delataba. "Tengo hora libre ahora, déjeme invitarlo a un café, por favor" Propuse antes de que se fuese. Para mi sorpresa, accedió. 

En la cafetería no hablamos de nada, solo estuvimos ahí sentados disfrutando del café, eso sí, ninguno dejaba de sonreír. A la hora de pagar, cada uno sacamos nuestros noventa céntimos correspondientes, recuerdo que me hizo mucha gracia y pensé "fíjate, si es como yo", pues ninguno esperábamos del otro que nos invitase.

Saliendo de la cafetería de la universidad, al ver que todo se había calmado, insistí en continuar con la corrección del examen. Segunda sorpresa para mí, volvió a acceder, aunque esta vez me invitó a que lo hiciésemos en su casa. No le hacía falta excusa para invitarme, yo lo imaginaba como un hombre ocupado y supuse que tendría que hacer algo urgente allí. Llegamos en menos de dos minutos, me di cuenta de que vivía en la misma universidad lo que reforzaba más mi teoría de científico. Su casa era un estudio de unos cincuenta metros cuadrados con un pasillo, un baño y una habitación de más. Una cama de matrimonio con sábanas rojas estaba frente a una barra americana que separaba el dormitorio de la cocina de un modo muy estético. En una esquina había un sillón verde, feísimo aunque elegante, se notaba lo viejo que era, al contrario que todo lo demás. La luz que entraba por un precioso ventanal que ocupaba toda la pared, justo enfrente de aquél sillón rasgado, te deslumbraba, haciendo pasar uno de sus rayos por un prisma que había en la mesita de noche y que descomponía la luz en sus siete frecuencias, dejando un precioso arcoiris en la pared. Ahí estaba el escritorio, lleno de papeles, algunos ordenados otros por el suelo. El modo en el que estaban colocadas sus gafas daba a entender que la noche anterior había trabajado hasta tarde, o simplemente eran imaginaciones mías. 

Una vez examiné la casa completa, cosa que no me llevó más de diez minutos, proseguí a entrar en materia. No quería parecer pesada, así que me preparé un tono de voz dulce y lento en mi cabeza, y una sonrisa inocente en la cara. Sin embargo hubo otra sorpresa, la mejor. Justo cuando intenté pronunciar palabra, él estaba muy cerca de mí, tanto que notaba su perfume buscando hueco en mi nariz, y sentía sus ojos analizando como hacían los míos con él. No pude decir nada, me quedé bloqueada con la sonrisa de niña tonta, ahí, de pie, quieta, observando su cuerpo desde la base hasta la tangente de su altura y me besó. 

El beso fue más pasional de lo que podría haber imaginado nunca de dos adictos a los números como nosotros. Tenía unos labios carnosos y llenos de sabor. Noté sus manos agarrando mis brazos cuidadosamente, sentí como si posara mercurio fundido sobre el bloque de hielo que era mi piel. Esa sensación de quemarse o derretirse fue tan satisfactoria que me llenó de vida. Se preveía una clase de anatomía a la que opté por ser la profesora. Ya soñé con un momento así varias veces, sin llegar a creer que esos deseos ocultos fuesen ciertos, pero allí estaba, tumbando a mi profesor de física en su viejo sillón a la vez que lo besaba con un ansia uniformemente acelerada y le quitaba su camisa de cuadros mal abrochada. Cuando lo había desnudado por completo me senté encima suya. Él agarraba mis nalgas como si lo deseara de toda la vida. Yo me quitaba la parte de arriba para dejar a su vista mis redondos pechos y así juzgara su volumen y firmeza. 

Quedaba claro que era un hombre con experiencia, por como colocaba su mano en mi mejilla al besarme y la hundía en el cabello para tirar un poco de él hacia atrás y así morder mi cuello. Yo deseaba lamerlo entero; quería descubrir la curvatura de su cuerpo y el crecimiento de su función, así que me dispuse a ello. Al llegar a sus ingles descubiertas me pensé dos veces qué hacer, si continuar hacia abajo o pararme ahí un rato. Miré de reojo, a un lado y a otro, y me decidí por lo segundo. Llené mi boca con todo lo que pude; en mi imaginación estaba ante un polo de fresa, el más inteligente del mundo. Sus dedos estuvieron buscando mis huecos por todos lados; jugueteó con todo lo que encontraba al paso, mis pezones, mis orejas, mi ombligo, mi clítoris... Después de jadeos, espasmos, impulsos, gritos, después de arder por dentro y mojarme por fuera, decidimos al unísono desahogarnos. 

Hicimos el amor encima de las sábanas rojas, con el ventanal a la izquierda. Me recuerdo boca abajo, él detrás, rodeándome con sus brazos sin dejar que los míos se movieran, apretando mis pechos con sus manos y penetrando su sexo contra el mío a velocidad constante, cuando lo escucho susurrarme al oído en voz baja: "el sentido de una corriente eléctrica viene dado por la regla de la mano derecha", noté sus manos abriendo mis nalgas, "el vector campo magnético y el vector longitud del cable forman noventa grados", introdujo el índice en mi estrecho agujero. Nunca había probado tal cosa, sin embargo entre la sorpresa y la novedad, solo deseaba que metiese lo que en mi vagina estaba. 


Nos quedamos dormidos, desnudos sobre la seda. Para cuando desperté era de noche y las dudas empezaban a molestar en mi cabeza. Aproveché mi insomnio para marcharme sin hacer ruido; fui sorprendentemente sigilosa al reunir de nuevo toda mi ropa y vestirme, no tanto al esquivar los numerosos objetos del pequeño estudio. Aún así conseguí no despertar al profesor que soñaba plácidamente cuando cerré la puerta.

Llegué a casa a eso de la una de la madrugada, cuando mis compañeras de piso yacían cada una en sus respectivos cuartos. 

A esa hora la casa estaba fría, la oscuridad penetraba en el salón. El silencio lo inundaba todo de un ruido ensordecedor interrumpido por el piar de los pajarillos revoloteando cerca de la ventana. De ellos aprendí que la ciudad nunca duerme.

Recuerdo que la ausencia del calor que desprendía el cuerpo de aquél hombre me hacía sentir la soledad en lo más profundo de mis huesos, y sobre todo, de mi mente. Me senté a reflexionar acerca de lo que había ocurrido entre mi profesor de física y yo. Saboreaba un estupendo té que me trajo un chico de Marruecos, mientras mi voz interior hablaba, mejor dicho, me torturaba: "¿Qué has hecho? Otra vez caíste en las garras de la tentación. ¿No eres capaz de aguantar los deseos y decir que no a la lujuria?" Me decía.

Mi voz interior sabía que yo había llegado aquí con la intención de ser un ratón de biblioteca, para estudiar y aprender lo máximo posible sobre la física y las matemáticas. No podía permitirme sucumbir a los placeres mundanos y menos con el profesor de física (recordaba las palabras de mi nueva amiga María). Esa no era la manera de aprender dinámica, por muchos movimientos que hubiésemos hecho. Aunque bueno, mi yo, haciendo un esfuerzo por ignorar a su voz interna, opinaba que las consecuencias llegan y no vale lamentarse, además disfruté, disfrutamos mutuamente, ¿qué podría tener de malo algo que se ha disfrutado, algo como el sexo?. 

Solo me quedaba descansar y preguntarme cómo reaccionaríamos al día siguiente, en clase.

Algo que sí tenía claro era mi tendencia platónica a idealizar, así pues razoné y acabé reconociendo que cabía la posibilidad de que mi profesor no fuese tan maduro como yo lo había pintado y en ese caso, que mis clases de física hubiesen llegado a su fin. Si se mostraba ignorante hacia mí y hacia toda aquella fogosidad que hubo en su habitación demostraría el toque de inmadurez postcoital que diferencia a muchas personas, pues la pasión fue tanta que casi pude ver envuelta en llamas aquella cama, algo imposible de ignorar, como el límite temporal de la estrella solar.

Una vez acabado el té me dispuse a ser vencida por el sueño. No me moví siquiera del salón, allí quedé con los ojos cerrados, dejando de pensar y dando paso a la imaginación, comenzando a recrear lo sucedido en el día. La repetición de numerosos detalles en mi cabeza consiguieron activarme de nuevo.

No era necesaria su presencia, me bastaba con la imagen que tenía de él. Encontré su belleza infinita multiplicando los puntos desde donde mirarlo y a donde mirarlo. Lo sentía conmigo, casi podía oírlo susurrándome sus teorías cuánticas. La piel se me erizaba pues pareciera que su cabello rozaba mis pezones. Estaba decidida a entregarme a la pasión de aquellos recuerdos y lo hice. 

Cuando llegué a la cúspide de aquél orgasmo en solitario, un escalofrío recorrió mi cuerpo cuál gota de azahar cayendo sobre el tronco de una magnolia en el rocío, dejándome prácticamente sin fuerzas y haciendo ganar la partida al sueño. 

Todos mis temores desaparecieron la mañana del día siguiente. Había dormido plácidamente y me sentía descansada, con energías y ganas de empezar las clases. Recuerdo que me puse el mejor de mis vestidos, el pelo recogido y un pañuelo de la misma tela y color que aquellas sábanas que se posaron sobre mi piel el maravilloso día anterior. El carmín sobre mis labios florecía y yo estaba hecha un manojillo de nervios. 

A primera hora, después del café, tenía clase de física, sé que íbamos a comenzar un nuevo tema, uno muy interesante, la física cuántica, aquella que demuestra que los sistemas microscópicos son parecidos a los macroscópicos. Ese día llegué temprano, me senté en mi sitio, preparé mi mente para la llegada del profesor y los materiales necesarios para la clase: papel, lápiz y calculadora. Sabía que tal y como entrase al aula el profesor de física, instantáneamente, comenzaría a analizar su reacción. No dejaba de pensar en sus labios sobre los míos mientras colocaba el lápiz en posición vertical en el lado izquierdo del folio. Sonó el timbre que daba comienzo a la clase y como de costumbre esperamos 10 minutos a que llegara el profesor. Y llegó. 

Allí estaba entrando por la puerta con aire apresurado y su maletín de cuero de unos 10 años de antigüedad cuando me miró fijamente y ...

EL ARTE ERÓTICO DE EL DALAI MAMA

 

El erotismo y la sensualidad están presentes en cualquier aspecto de nuestras vidas, sólo hay que saber mirar, oír y sentir. Sobre todo en las artes: la literatura, el cine, la música, la pintura,….


En el arte de plasmar erotismo y sensualidad sobre un lienzo hay innumerables artistas en todo el mundo,  nosotros presentamos aquí uno nacional del que nos llamó la atención sus trazos y la manera de plasmar la sensualidad de sus modelos. Viendo su twitter se agradece también los textos que suele acompañar a cada trabajo, casi siempre de clásicos de la literatura española. Os dejamos con El Dalai Mama y parte de su obra.

El mismo se presenta y las obras mostradas tienen el permiso de los modelos que en ellas aparecen para ser publicadas.


            Empecé a dibujar a gente de twitter por casualidad hace 2 años y desde entonces he realizado más de 600 dibujos. Durante este tiempo he realizado dibujos con diferentes estilos, desde dibujos con un estilo con ciertas influencias naïf, otras que van más hacia el comic, simplificaciones y últimamente bocetos a lápiz que han evolucionado hacia el híperrealismo. Trabajo siempre digitalmente, con tableta gráfica y lápiz digital, lo que me permite correcciones rápidas y poder dibujar desde cualquier lugar. 

¿Mis influencias en arte erótico? La verdad es que pocas, Milo Manara siempre me ha fascinado, Namio Harukawa, y de los dibujos que aparecen por internet, me encanta la simplicidad y el ingenio de Petites Luxures o Apollonia Saintclair.

Mis dibujos solo se pueden ver en Twitter, durante un tiempo intenté publicar en Instagram, pero por lo visto, no son muy amantes de lo erótico.

Para ver y conocer más puedes hacer click aquí.






LA CHICA DEL DIVÁN ROJO


          Fran conoció a Lisa en La Alameda, el parque más bello de la ciudad. Ella estaba sentada en el extremo de un banco, pensativa, observando el estanque que había a escasos metros. Fran paseaba escuchando música por sus auriculares cuando se fijó en aquella chica que, cruzada de piernas, dejaba al vientecillo de la tarde juguetear sutilmente con su falda.

Lisa tenía el cabello oscuro, cayendo, como una cascada azabache, por sus hombros. También tenía unos ojos grandes, y una mirada melancólicamente ausente en aquel momento. Fran no pudo vencer la tentación de acercarse hasta aquel banco y sentarse en el otro extremo del banco, junto a la bella muchacha. Ella le miró y se saludaron con una tímida sonrisa. La postura que había tomado en el asiento le ofrecía unas hermosas vistas de los muslos de Lisa.

Fran, sin dudarlo, abrió su carpeta, sacó un folio y un estuche de metal. Mirando silenciosamente a la chica comenzó a dibujar aquel cruce de piernas. Cuando ella miró al lado y se dio cuenta de que aquel hombre la estaba pintando se sorprendió mucho. Fran le dijo que le regalaría el dibujo, y Lisa le respondió que le gustaría que aquel dibujo no fuera sólo de sus piernas, sino, a ser posible, de cuerpo entero. Él, ante esa propuesta, paró de hacer trazos en el papel y la miró pensativo. Tras unos segundos, respondió que le encantaría pintarla sobre un lienzo. Los dos se despidieron, pero antes, quedaron en verse en la buhardilla que Fran utilizaba como estudio para pintar sus obras.

A la tarde siguiente, Lisa, bastante nerviosa, se puso en camino hacia el centro. La buhardilla estaba en una callejuela paralela a la calle más comercial de la ciudad. Cuando se encontró frente a la puerta del estudio, respiró profundo y llamó al timbre. En seguida le abrió Fran y la invitó a pasar muy educadamente. Dentro estaba todo preparado, las pinturas, el lienzo…, y al fondo, junto a una pequeña ventana entreabierta, el escenario donde ella posaría, un viejo diván rojo.

Lisa, entre risas, le confesó que estaba muy nerviosa, pues era la primera vez que posaría para un pintor. Poco a poco fueron conversando y bebiendo algunas copas de vino, hasta que desapareció la tensión inicial y llegó el momento de ponerse manos a la obra. El pintor tomó de la mano a la modelo y la sentó en el diván. Le dijo que se desnudara y que se tumbase de costado, mirando hacia donde estaba el atril. Ella lanzó un pequeño suspiro y procedió a quitarse muy lentamente el vestido, luego se desabrochó el sujetador y, pensándoselo mucho, se bajó sus braguitas. Toda su ropa la depositó en una silla de madera que había en un extremo de la habitación. Fran la observaba desde su banquillo, pincel en mano.

Lisa estaba ya completamente preparada para ser inmortalizada en el lienzo; tenía unos senos pequeños pero muy bien formados, sus pezones estaban erectos, por los nervios y por el cambio de temperatura al desnudarse. En su vientre, una pequeña constelación de lunares hacían aún más bello y misterioso su cuerpo. Y sus piernas… qué decir de sus piernas. Estaba bellísima.

Entre trazo y trazo, Fran la miraba con oculto deseo, mientras dibujaba sus labios, sus pechos, su pubis, imaginaba que sus manos iban acariciando esos lugares aún prohibidos. Lisa, desde el diván, observaba cada movimiento del pintor, cada mirada, cada gesto. Transcurrían los minutos acompañados de un silencio cómplice, solo sus respiraciones lograban romperlo grácilmente. La joven, cansada de mantenerse en la misma postura durante tanto rato preguntó si podía hacer un breve descanso para estirar las piernas. Fran accedió. Envuelta en una toalla de baño se paseaba por la habitación con la copa de vino en la mano, miraba los demás cuadros que Fran tenía colgados en la pared y de vez en cuando le dedicaba alguna mirada al pintor. El muchacho poseía una gran obra pictórica, sin duda estaba dotado de mucho talento. Había allí lienzos aún por acabar apoyados en los muebles. Le encantaba aquel ambiente bohemio, y el fuerte olor a pintura y disolvente la embriagaba.

Pasaron varias horas más posando y pintando, aunque esa segunda parte de la sesión fue amenizada por la música de Chopin. La noche iba cayendo sobre los tejados de la ciudad. Fran le dijo a Lisa que ya podía acercarse a ver la pintura. Allí estaba, sobre el lienzo, el cuerpo desnudo de Lisa, y aunque faltaban por pulir algunos detalles, ya se apreciaba que era una gran obra. Lisa se emocionó tanto que le dio un espontáneo abrazo de admiración y agradecimiento. Fran sintió aquel cuerpo cálido y perfumado, sus manos tocaron la espalda de Lisa y cuando ella fue a soltarse, apretó instintivamente los brazos. La chica levantó la cara, sonrió y muy despacio se fundieron en un beso largo, de esos que duran una eternidad. Los labios derretidos, las lenguas entrelazadas, sus pulsaciones acelerándose por momentos. Las manos de Fran fueron bajando por la espalda hacia las nalgas. Lisa le quitó la camisa y sin saber bien cómo, acabaron rodando por el suelo, cuerpo contra cuerpo.

Fue algo muy excitante para los dos, a ratos tierno, a ratos salvaje, y entre pinturas, vino y orgasmos, vieron amanecer desde el desván. Pequeños rayos de luz penetraron por la persiana despertándolos de aquella ardiente noche.

Ahora, años después de aquel encuentro, Lisa está casada y vende móviles en una tienda del centro. Fran sigue paseando su soltería por el parque, en busca de inspiración para seguir pintando sus cuadros. La pintura titulada La chica del diván rojo, está expuesta y se puede visitar en la exposición permanente que el autor posee en una famosa galería de arte.

 

Miguel Ángel Rincón.