CUANDO MIS VERSOS RIMAN CON TU CUERPO, poesía en Tu Punto Hot

En Tu Punto Hot nos gusta la literatura. Tenemos algunos libros en nuestro catálogo y más de un escritor ha sido presentando en nuestro blog. Pero dentro del arte de juntar letras nos faltaba un poeta, o varios. Y lo hemos solucionado en parte. Hemos organizado nuestro primer concurso de poesía erótica bajo el nombre “Un Cupido Hot”, teniendo en cuenta que el ganador será dado a conocer el 14 de Febrero. Dicho ganador será entrevistado en el programa “Ya Es El Momento….” de AndrómedaRadio y recibirá un set compuesto por una pintura corporal “Poeme” de la prestigiosa casa Bijoux Indiscrets y un ejemplar de “Cuando Mis Versos Riman Con Tu Cuerpo” del poeta gaditano David Romero.

Por si queréis conocer mejor los premios podéis ver tanto la pintura corporal como el poemario en nuestra web. Pero qué mejor que entrevistar a David Romero para conocer su obra y ya de paso su carrera. Lo ideal hubiera sido escribirla con la pluma de “Poeme” para que pudierais saborearla bien pero imaginaros dando lengüetazos a la pantalla no es nada bueno, no por el hecho del lengüetazo en sí si no por miedo a pillar el Covid. Dejemos los males a un lado  y disfrutad de una buena lectura, sea una novela, un poemario o esta entrevista.


Tu Punto Hot: “Cuando Mis Versos Riman Con Tu Cuerpo”, un título sugerente. ¿Se te ocurrió el título y luego desarrollaste los poemas, o fue al revés?

David Romero: Normalmente siempre tengo primero los poemas y luego saco el título. Yo no escribo un libro, simplemente voy escribiendo poemas y cuando tengo un bloque intento transformarlo en un libro, y ahí es cuando surgió el nombre.

TPH: El título es muy acorde para una obra que gira sobre erotismo, sexualidad, amor,… pero hay una cosa que me llama la atención. Tienes unos puntos denominados “objetivos de la Declaración de Intenciones”. ¿Cómo se pueden definir?

DR: El punto de partida es que me gusta mucho la provocación a la hora de escribir. Yo tengo poemas de temas políticos también, con enfoques históricos. Lo primero es provocar al lector, o al oyente en caso de las presentaciones y recitales, y en estas declaraciones de intenciones fue curioso porque fue un poema que se fue troceando y se metió a lo largo del libro. Realmente era uno y juega un poco con ese sentido de ser un libro no sólo para leer, hay quien me dijo que se leyó el libro en 10 minutos, y la intención no es esa si no que se pueda disfrutar un poco más allá de una primera lectura general. Entonces este poema se troceó y se metió entre medio de los demás poemas y la declaración de intenciones juega con un doble sentido, la intención a nivel poético y otro con mis intenciones a nivel erótico-festivo.

TPH: Un juego de palabras que utilizamos mucho.

DR: Nuestros recitales los llamamos así, “recitales erótico-festivos”, ya que pensamos tanto mi pareja como yo, que somos quienes realizan estos recitales, que el tema del erotismo y la sexualidad tiene que ser todo un juego y nos pareció muy acorde el término. Viendo el libro, por ejemplo el segundo punto de la Declaración de Intenciones dice “son míos cada uno de tus orgasmos que provocan mis palabras” juega entre lo que es la poesía en sí, lo que provocan mis palabras a nivel poético, pero evidentemente también la parte erótico-festiva que producen mis palabras, y evidentemente dentro de ese juego lo que producen son orgasmos.

TPH: En el libro, aparte de esas declaraciones que son cinco puntos, también se encuentran unos dibujos. ¿Son realizados por ti o has tenido alguna colaboración?

DR: Es de una autora que se llama Carmen Raposo, yo le di el poemario y la idea de cómo quería trocearlo, y la verdad es que los dibujos me encantaron. Están dibujados a lápiz y todos como si estuvieran a medias de manera que cada uno podía ponerle su propia cara a esos cuerpos, y cuerpos totalmente naturales sin nada de artificios. Me gustó mucho cómo quedaron dentro de ese juego, como te decía, para que el poemario fuera algo más que una simple lectura general.

TPH: También se incluyen frases de otros autores. ¿Son porque te han influenciado o los has escogidos simplemente para que encajaran en el libro?

DR: Digamos que mitad y mitad, a medias. Yo soy un devorador de libros y siempre tengo todos los libros anotados, siempre me voy quedando con ideas, con frases. Entonces son de una u otra manera textos de autores e incluso la pintora Frida Kahlo que encajaban bien con cada parte del poemario.

TPH: El poemario está dedicado a Rosalía, nos suponemos que es tu mujer.

DR: Sí, es mi pareja. Es curioso porque ella también publicó otro libro donde sus poemas, de una u otra manera cuando hablan de la otra persona soy yo y aquí cuando hablo de la otra persona es ella. Entonces, claro, si hay que dedicárselo a una persona es a ella por fuerza.

TPH: Acabas de decir que ella también ha publicado, es poetisa en este caso. ¿Cómo conviven dos poetas, os lleváis todo el día rimando las frases en casa?

DR: Hay veces que sí, que hay mucho juego con algunas frases y demás, se nota que la vena poética siempre está en algunas conversaciones. Es curioso porque, claro, teniendo una afición tan concreta los dos es verdad que hemos tenido experiencias muy bonitas. Una vez nos tiramos a una cabaña en Portugal, cuando llegamos al pueblo el pueblo se acabó, se acabó el camino y al final, en medio del campo, estaba la cabaña. De allí por ejemplo surgieron muchos versos y entonces es una afición compartida muy interesante porque los poemas muchas veces encajan unos con otros, las historias, hay veces que un mismo recuerdo ella lo cuenta de una manera y yo de otra.

TPH: ¿Los de ella también son erótico-festivos?

DR: Sí, lo que pasa es ella tiene otra forma de escribir diferente a mí. Ella utiliza muchas metáforas, utiliza otro lenguaje, yo soy más directo, me gusta mucho la provocación. Hay un poema que, no sé si me vas a preguntar por el, evidentemente siempre ha sido el que más ha llamado la atención porque usa la palabra coño, ella nunca lo metería en un poema pero yo sí. Siempre he defendido que las cosas hay que llamarlas por su nombre. Creo que en un poema donde quiero buscar la provocación no puedo utilizar la palabra vagina o vulva, hay que llamar las cosas por su nombre.

TPH: Ella sería la primera en leer tus poemas antes de ser publicados.

DR: Sí, la primera lectora y la más crítica de todas las personas que los ha leídos. Hay veces que yo soy muy flojo en el sentido de que yo escribo un poema y el poema tiene que estar tal como yo lo he expresado al principio, si me viene una idea yo la vuelco y ese es el poema. Ella es muy crítica conmigo porque dice que los poemas hay que trabajarlos mucho, y entonces tenemos a veces ese debate. Sus poemas están muy trabajados, y es verdad que en ese sentido son muy buenos, y lo mío es buscar más la espontaneidad, busco que la idea que yo he tenido en la cabeza reflejarla de manera directa aunque a veces el poema no esté tan trabajado.

TPH: Ella es crítica con tu manera de escritura y de trabajar. ¿Qué opinó sobre los textos en sí? ¿Se consigue estimular a tu propia mujer con tus propios versos?

DR: La verdad es que sí. Además es curioso, tengo una anécdota pero no con ella, en una presentación se me acercó una mujer  y me dijo que me iba a comprar el libro para regalárselo a su marido para que se lo leyera a ella. Me pareció genial. Sí es verdad que hay poemas que cuando yo se lo he leído a ella o ella los ha leído de manera independiente un cierto nerviosismo, unas cosquillitas, surgen. Se consigue con un poema.

TPH: Este no es tu primer trabajo publicado, ¿no?

DR: Este es en concreto mi tercer trabajo y por ahora el último aunque hubo varios intentos de publicar otro. Mi idea siempre ha sido que mi primer poemario fuera sobre la segunda república, la guerra civil, un poco más histórico mezclando historia y política. Pero surgió la oportunidad de publicarme un primer libro que lo necesitaban en un mes, así del tirón. Y lo primero que hice para ese primer libro fue coger un poco de todo lo que tenía, una especie de muestra, y surgió el primer libro, “Tras Las Huellas”. Después, el segundo, “Las Hijas Descalzas De La Primavera”, se centró en toda la parte de la memoria histórica, historia y política, y luego surgió el tercero siempre buscando cosas nuevas. Quien leyó el primero se va a quedar sorprendido con el segundo pero el segundo complementa al primero, y con el tercero igual, se van complementando.

TPH: ¿Hay visos de sacar pronto alguno más?

DR: Tuve la oportunidad de sacar dos libros a la vez, uno en portugués con una editorial de Lisboa y otro libro que iba a salir bilingüe en una editorial de Huelva incluso con presentaciones ya medio organizadas en el Algarve pero aquello se quedó en el aire con todo preparado, y aparte de esos dos hay otro libro más que tengo por ahí preparado que yo lo llamo “Los Poemas Del Cabreo”, que no es su título oficial pero es como me gusta llamarlos, que vuelve un poco al tema político pero algo más actual con todas las situaciones que estamos viviendo en el día a día. Mis propios cabreos por lo que leo, escucho y demás los convierto en poemas.

TPH: Hablando de la situación actual, donde la gente se debe de recluir cada vez más. ¿Cómo ves que la gente se haga con un libro, un poemario, para sobrellevar estos días?

DR: Evidentemente yo creo que es la mejor compañía que puede tener alguien ahora mismo con tantas horas que tenemos para estar en casa si queremos que sean más productivas más allá de estar viendo la televisión. Evidentemente un libro siempre es más buen compañero o compañera en estos casos, y si es de poesía erótico-festiva pues imagínate, mejor todavía, que una cosa lleva a la otra.

TPH: Volviendo al libro, ¿qué poema destacarías o dirías que “suliberia” más?

DR: Cada autor siempre tiene sus poemas favoritos y una cosa es el poema con el que estoy más contento, y otro el poema que en los recitales hace reaccionar más a las personas. Evidentemente el poema del coño. Los poemas no tienen título ninguno pero éste se lo ganó por aclamación popular, y es verdad que para mí es uno de los que más me gustan del libro.

TPH: Para aquellas personas que estén pensando en hacerse con un libro, ¿qué recomendaría para que se hiciesen con este?

DR: Lo primero que acudan a una librería tradicional antes que usar una gran plataforma (en Tu Punto Hot lo tenemos en nuestros estantes).

TPH: Cuando mis versos riman con tu cuerpo, ¿es algo que también le dices a tu mujer?

DR: (Risas) Eso y otras cosas más (más risas). Evidentemente mis versos riman con su cuerpo.

TPH: Dicho esto queda agradecerte el tiempo dedicado. Muchas gracias.

DR: Gracias a vosotros.

 

Y tras la entrevista nos despedimos deseando que estos tiempos de pandemia pasen de la mejor manera posible para todos, y mejor si es en compañía de un libro, y dejando abierta posibles colaboraciones cuando se puedan volver a hacer presentaciones y recitales de poesía.

 

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PALMA por Ane Zubieta

 


Hace un tiempo, cuando comenzó todo esto de la pandemia mundial, vivía en Palma de Mallorca. Llegué allí con la intención de por fin estabilizarme, no volver a mudarme y empezar a estudiar una carrera, eso sí, sin dejar de trabajar. Todo iba bien, la verdad, hasta que un día, mis compañeros de piso me dijeron que estábamos confinados. Al principio no me supuso ningún problema, pues yo era feliz en mi habitación con mis matemáticas y sin nadie que me molestase. 

Los días fueron pasando y los problemas de convivencia llegaron. A veces me despejaba yendo a la compra, luego veía el barullo de gente amontonada y se me quitaban las ganas de salir si quiera a comprar, hasta que pasé por aquella librería a la vuelta de la esquina y la vi. Era una chica bastante parecida a mi físicamente, tenía el pelo corto, moreno y liso, su piel era blanca y su cuerpo atlético y aunque fuese unos centímetros más baja que yo solo tendría que inclinarme un poco o cogerla en brazos para besarla. Ariel se llamaba, lo supe por la chapita que posaba encima de su pecho, sujeto en aquel polo azul que era su uniforme. La librería era pequeñita y muy acogedora, el servicio exclusivo, libros técnicos y material artístico. Tenía un rinconcito donde poder sentarse, tomar un café de máquina y leer o estudiar, ese sitio era maravilloso, lástima que estuviese inhabilitado por razones de seguridad. Salí de allí con dos ejemplares, Elementos de Análisis Matemático y Matemática Discreta y Lógica Matemática, escritos por varios matemáticos como María E. Ballvé y Mario Rodríguez. Recuerdo que me pareció una mujer poco común, seria, en sus ojos, pero que no dejaba de sonreír, y al atenderme fue tan simpática y elocuente que noté el calor de mi tierra, Andalucía. 

Pasada una semana volví a ir y a la semana siguiente también. Acabó siendo un ritual semanal donde me dejaba un dineral en productos que ni siquiera necesitaba solo por verla y escuchar su voz un minuto. Ser tan asidua la cambió; nunca olvidaré su sonrisa, detrás de aquella cristalera, al verme llegar, como si me estuviese esperando. Yo era bastante puntual, no fallaba al encuentro, nos veíamos todos los viernes a las 18:00 en aquella librería. Sabía que ella se daba cuenta del asunto pues empecé a vestirme todo lo sexy que podía para visitarla, me perfumaba exageradamente para que recordase mi olor al llegar a su casa. Las conversaciones eran muy básicas, ciñéndose siempre a la relación trabajadora-clienta y continuamos así dos meses.

Repentinamente, en Mayo, cuando todo comenzaba a relajarse y empezábamos a poder salir de casa, a movernos entre ciudades, nos comunicaron a mis compañeros y a mí que vendían el piso y debíamos mudarnos cuanto antes. Encontré una pequeña casita con dos chicas inquilinas en un pueblo vecino. Estuve pensando seriamente si debía despedirme de Ariel o irme sin más y llegó el día de la mudanza. Era viernes en la mañana, lo tenía todo listo para irme, el taxi esperándome pero en el último momento sentí la necesidad de ella y fui corriendo a buscarla. Sin embargo al llegar vi que no estaba.

·         No puede ser, ¿es demasiado tarde? (Pensé)

Cuando estaba a punto de darme por vencida, con el taxi pitando en la esquina, se me ocurrió la valiente idea de escribirle una nota. Rápidamente cogí el primer bolígrafo y papel que había por allí, cerca del mostrador, donde el dependiente de turno me miraba perplejo, y escribí:

"Hola Ariel, ¿cómo estás? Me voy de Palma, estaré a unos 25km de aquí. Sinceramente no quisiera que dejásemos de hablar y de vernos, me gustaría conocerte más. Te dejo mi número de teléfono a la vuelta de la hoja. Atentamente, Arlet."

Ahora solo quedaba confiar en que aquel desconocido, compañero de trabajo de Ariel, fuese mi mensajero y esperar. La preocupación y la duda me asaltaban de camino a la nueva casa pero el estrés causado por la mudanza, mis gatas, el taxista, el desorden, mantuvieron mi mente ocupada.

Al llegar la noche,  ya no quedaba nada más que hacer, conseguí el orden necesario para sentirme como si viviese allí desde siempre. No pude evitar pensar en ella, me acomodé en mi nueva cama, bastante cómoda, y me dispuse a elegir el juguetito más silencioso que tuviese, así mis nuevas compañeras, Sahara y Deniska, no se asustarían demasiado el primer día de convivencia conmigo. Me decanté por el suave succionador de clítoris y unas bolas chinas, silencioso y eficaz, pues imaginando las tetas de Ariel botando en mi cara, sentada sobre mí, refregándose conmigo y mis manos jugando con su culo, no tardé más de dos minutos en correrme.

Después de bajarme de la intensa cúspide del orgasmo, la eché de menos. Qué tontería, ¿cómo podía anhelar algo que nunca fue mío? Sonó el teléfono y me sentó como un jarrón de agua fría que me devolvía a la realidad. Era ella, no lo podía creer, ¿me habría quedado dormida después de tocarme y estaba soñando? Me puse nerviosa pero no dudé en contestar.

·         ¿Dónde te has ido, Arlet? (Con voz decidida)

·         Hola Ariel, me he venido a Son Ferrer.

·         ¿Estás ocupada?

·         Eh, no, no, estaba aquí... (Guardando torpemente mis juguetes)

·         Pues voy para tu casa, ¿vale? (Sin dejarme terminar la frase anterior)

·         Mmm, vale, calle Laurel, número 5, aquí estaré.

La conversación no duró ni 30 segundos, pero para mi fue sublime, estaba emocionada aunque su seriedad me confundía un poco. Menos mal que tenía la casa bien bonita, la nevera llena y el cuarto bien seductor con las luces rojas que tanto me gustan y mi cartel de neón con las siglas "XXX" encima de la cabecera de la cama, lo único que necesitaba era cambiarme.

Analizando un poco la situación que acababa de ocurrir, por mucha carita de angelito que tuviese mi querida Ariel, la manera tan directa y segura de hablarme esta noche, me daba a entender que en su cabecita había algo de perversión, como en la mía. Elegí el conjunto de lencería negro, que consta de unas medias cortas con un encaje que rodea el muslo, el liguero que las conecta con una tira que sube por mi ombligo, pasando entre medio de mis pechos y llegando al cuello, donde se fusiona con un collar pegado. Las braguitas, medio tanga, eran abiertas por el centro para facilitar cualquier cosa que pudiese pasar. Opté por tapar aquella armadura con un vestido de hombros descubiertos.

Traje al cuarto un par de cervezas y algo de fruta; me encantaba posar los pies descalzos en la alfombra que traje de Marruecos y que adornaba el bajo de la cama. Estaba entretenida pensando en la suavidad de aquella lana cuando se abrió la puerta detrás mía. 

Mis compañeras la habían dejado pasar y aquí estaba, mirándome como la tigresa mira a su presa. Lo que ella no sabía es que la presa no era yo. Se percató cuando cambié la mirada de intimidada a intimidante y fui acercándome a ella. Se quedó bien quietecita, aceptando lo que le esperaba, pues ella lo había buscado.

Una vez enfrente, me arrodillé y le quité los zapatos sin entretenimiento. Llevaba unas medias que no tardé en arrancar para pasar mi lengua por el interior de sus piernas y subir poco a poco hasta llegar a las ingles. Cerraba los ojos, echaba su cabeza hacia atrás dejando al descubierto, por un par de botones desabrochados, sus pequeños y erizados pezones. La faldita era lo mejor... Podía imaginarme lo que tenía debajo de ella y sin quitársela meter la mano suavemente. Me levanté para verla bien, me hice hueco en sus braguitas y pasé mis dedos índice y corazón por sus labios exteriores, notando cómo humedecía. Podía morderle el cuello o pasar la lengua por su boca a la vez. Quiso gemir cuando mis dedos entraron en su coño pero la obligué a callar besándola y sonó un grito de ahogo. Sus tetas me estaban llamando, fui a verlas, chuparlas y manosearlas sin dejar de mover mis dedos dentro de ella con una maniobra que dice "ven aquí" y ella más se venía. Podía quedarme a vivir en sus pechos del tamaño perfecto con mi mano en su entrepierna. A ratos agachaba la cabeza para mirarme y su pelo rozaba mis mejillas como si me acariciase. Sería feliz desayunándola todos los días.

Cuando se había corrido un impulso recorrió su espina dorsal, sus manos agarraron mi cuello, sus ojos me decían "no te vayas" y mi cuerpo gritaba "tranquila que no me voy a ir". La cogí en mis brazos, la llevé hasta la puerta por la que había entrado y apoyándola sobre ella, con sus piernas rodeando mi cintura, volví a meter mis dedos en ese coñito tan mojado. Los movimientos de mi mano se hicieron más fuertes, llegando incluso a más profundidad que antes. Me encantó oírla gritar sin censura alguna posible, notarla dilatar y chorrear por sus piernas con la faldita subida y arrugada en su cintura. Necesitaba chupar su juguito y lo haría. 

Recuerdo que me la llevé a la cama para tumbarla y su rostro reflejaba asombro, como si no pudiese creer lo que había sucedido e iba a seguir sucediendo. Sus manos no paraban quietas, se agarraba el pelo, se tapaba la boca, se mordía el brazo, se chupaba los dedos, me acariciaba el pelo y me giraba para que la viese jugar con su lengua. Yo jugaba con sus pezones, los mordía, pasaba la lengua y luego soplaba suavemente sobre ellos, viendo la dureza que iban adquiriendo y cómo su cuerpo se retorcía cual lagartija. Pasaba mis manos por su vientre, me paraba en el ombligo y continuaba por sus piernas, tan suaves. Era la hora de quitarme el vestido, necesitaba entrelazarme con ella, sentir su ser con el mío. Solo de recordar mis pezones rozándose con los suyos se me agita la respiración, porque qué sensación aquella, es algo que podría estar haciendo horas y no me cansaría, notar sus pechos desnudos, pegados a los míos... ¡Dios!

A pesar de la rica sensación no me quedé ahí, como ya dije antes, necesitaba probar el sabor de su juguito, quería lamerlo todo  y ella lo sabía, su corazón latía con fuerza. Mientras bajaba ella erguía la cabeza para ver como llegaba a su monte de venus, cuál crónica de una muerte anunciada, como la presa que sabe que va ser devorada. Le abrí las piernas que tenía flexionadas y mi lengua, relajada, no titubeó ni un instante, se acercó a sus ingles, pasó por sus labios exteriores, besando con suavidad, haciendo notar el calor de mi aliento, bajando hacia la zona perianal, subiendo buscando el clítoris, metiendo un dedo en su coñito abierto de vez en cuando y jugando con su culo y mi saliva. Quedé pegada como una lapa al botoncito de su clítoris que la hacía encogerse y sin bajar el ritmo, mi lengua se puso dura y se movió de lado a lado, casi en círculos, nunca de arriba abajo. Ella me atrapaba, dándome señales para que siguiese así y no parase hasta que noté todo su orgasmo bajando por mi lengua y recorriendo los huecos de mi boca. Me estaba poniendo demasiado cachonda, sabía a gloria, fue la guinda de mi pastel, ya no podía más, tenía fiebre. Ariel pareciese que se percató de mi estado y de repente, con energía nueva y renovada, con un nerviosismo exhausto, se levantó, echó mano de la mochilita que traía consigo, sacó un arnés negro con un dildo ya colocado de unos 13 cm y sin rodeos y con una habilidad técnica impresionante se lo colocó y vino hacia mí. Pasé a ser la ratoncita que iba a ser devorada por la felina. Su iniciativa me dejó embobada y ansiosa. Se colocó encima mía pero no tardó en darme la vuelta bruscamente. Me puso boca abajo en aquella cama, me mordió la nuca, me abrió las nalgas y me la metió suave, directa y profundamente, tanto que gemí y ella, desde atrás, me rodeó con su brazo por el cuello y me tapó la boca. Aumentaba el ritmo poco a poco, empujaba con fuerza, yo me corría y ella paraba 5 segundos, se quedaba quieta con el dildo dentro de mi coñito y luego volvía a darme con fuerza, aumentando el ritmo de nuevo para que me corriese otra vez... 

Maravillosa partida la nuestra.

Nuestros cuerpos cayeron rendidos sobre el colchón, en trance, desorientados. Ariel preguntaba irónicamente que dónde estábamos, si en el cielo o el infierno o simplemente ardiendo encima de las nubes. Me acerqué cariñosamente a sus mejillas, la besé y acariciándole el poco pelo que tenía en su pubis, con ella entre mis brazos, nos quedamos profundamente dormidas.