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III CERTAMEN "UN CUPIDO HOT" - BASES

    Otro año más ponemos en marcha nuestro concurso de poesía erótica "Un Cupido Hot", aunque en años anteriores se habría la convocatoria en Enero para poder presentar al ganador el día de San Valentín. Éste empezó un poco trastocado con algunos cambios en la tienda que nos ha tenido algo descolocados pero no queríamos dejar de celebrar este certamen, por eso aprovechamos el día de los enamorados para dar la salida al mismo. Os dejamos las bases a continuación, y ante cualquier duda contactar con nosotros. A la pluma!!

    Bases de participación del III Certamen de Poesía Erótica “Un Cupido Hot”.


  • Podrán participar todas las personas que lo deseen, siempre que presenten obras en lengua castellana, originales e inéditas, no publicadas en ningún tipo de formato (incluido Internet) ni total ni parcialmente, no premiadas o pendientes de veredicto en otros concursos, o en espera de respuesta en un proceso editorial.
  • Las obras se han de enviar entre el 14 de Febrero y el 4 de Marzo de 2023 a info@tupuntohot.com indicando en el asunto “Certamen Un Cupido Hot”. Las obras se han de enviar en formato PDF. En el cuerpo del mensaje se ha de indicar el título de la obra presentada, el nombre o seudónimo del autor o autora y un teléfono de contacto.
  • Los poemas han de versar sobre erotismo, enfocado y tratado como el autor o autora desee. Las obras deberán tener una extensión máxima de 60 versos.
  • La decisión del jurado será inapelable y se hará pública el 6 de Marzo. El jurado está compuesto por 5 miembros, formado por miembros de Tu Punto Hot, escritores y personas relacionadas con el mundo de la literatura.
  • El ganador será contactado telefónicamente el día 6 de Marzo a la vez que se dará a conocer en todos los medios y redes sociales en los que está presente Tu Punto Hot. La obra ganadora será publicada en el blog de Tu Punto Hot.
  • El premio consiste en un ejemplar del poemario “Esto No Es Ítaca” de Rosalía Galindo, y un set de pintura corporal comestible “Poeme” de la casa Bijoux Indiscrets.
  • Información: para cualquier consulta por mail: info@tupuntohot.com o en el teléfono 608005831 (WhatsApp disponible).

RELATOS TERRORÍFICAMENTE MORBOSOS

Con motivo de Halloween la red social liberal OhFidelio organizó un concurso de Microrelatos, y nos dio por participar. La primera vez que presentábamos un relato a un concurso, y con la buena fortuna de ganar dicho concurso compartiendo el primer puesto junto a otro relato de entre los numerosos presentados.

Os dejamos aquí el relato que presentamos como el otro que ganó el premio, con el permiso de los autores. Esperamos os gusten y nos dejéis vuestros comentarios.


GATOS NEGROS por Eva y Marcos

-¡Por fin viernes!

-¡Joder, ya era hora! —Exclamó Isa mirando a su marido. —Estoy rendida. Voy a echarme una siesta, que esta noche tenemos movida y quiero estar bien despierta.

Isa y Javi habían quedado esa misma noche con una chica. Estaban nerviosos porque sería su primer trío. Ellos tenían bastante experiencia en intercambios de parejas, pero siempre se habían resistido a citarse con una tercera persona. Pensaron que ya era hora, después de casi tres años metidos en el maravilloso mundo swinger, de hacer un ménage à trois.

Habían conocido a una chica en OhFidelio que tenía como nombre de guerra ‘La brujita’. Su perfil les pareció a los dos muy atrayente, según explicaba en su perfil, era experta en tríos con parejas. Organizaron el primer encuentro en un hotel, pero La brujita les comentó que podían ir a su casa, pues vivía sola. Isa y Javi aceptaron la invitación. A eso de las nueve de la noche la pareja llamó al timbre de la casa de la que sería, por una noche, su compañera de juegos. Los recibió una hermosa joven de unos treinta años, disfrazada de brujita sexy. Sus pechos, encorsetados en aquel body, se le antojaban tentadores a Javi. La chica, con una minifalda extremadamente mini, les invitó a pasar dentro. Faltaban dos días para la noche de Halloween, así que no esperaban encontrársela disfrazada.

-¡Guau! Os veo muy bien a los dos —dijo La brujita, ojeando lascivamente a la pareja. —Pero no os cortéis, sentaros en el sofá mientras caliento la cena.

Isa y Javi observaron el salón, la decoración parecía cara, con estilo. También se fijaron que había muchos gatos, gatos por todas partes. La brujita sirvió la cena. Les pareció una mujer de lo más simpática, sin duda, tenía mucha experiencia en esos menesteres. Cuando acabaron de cenar estuvieron bebiendo algo parecido a la absenta. En un momento dado, los tres, que estaban en el espacioso sofá, empezaron a besarse, a tocarse y a desearse mutuamente. La pareja empezó a tener una rara sensación, la cabeza se les iba, parecían volar por universos paralelos, algo mágico que jamás habían experimentado. Javi, que en ese momento sólo veía galaxias y planetas, de repente notó a la brujita cabalgándolo, primero delicadamente y luego, más salvaje, con más ardor. Por su parte, Isa, puso su húmedo coñito sobre la cara de su marido. Sentía la lengua penetrándola mientras ella seguía volando por enjambres de estrellas. La brujita pronunciaba de vez en cuando algunas frases que no podían comprender.

-Sí, cabrón, córrete dentro de mí, necesito tu néctar para seguir joven y bella. Córrete o te convertiré en gato —gritaba la brujita como loca.

Javi la miró y vio como el rostro angelical de aquella muchacha se convertía por momentos en uno completamente arrugado y decrépito. En ese momento la erección cayó en picado y la vieja brujita, recitando algún tipo de ritual, los convirtió en dos gatos negros para siempre.


INVITADOS ESTÁIS por Tu Punto Hot

La idea de apuntarnos a una red social como OhFidelio! fue una de nuestra mejores decisiones para encontrar parejas a las que morder. Por nuestra situación tenemos limitado salir de caza, perdón, de casa, y no nos gusta dejar pruebas de nuestras aventuras cerca de la mansión que moramos.

En la red social podemos contactar con parejas, chicos y chicas de toda la geografía a las que invitamos a fiestas especiales en nuestra morada, unas fiestas que no comentan con familiares o amigos, y que nos desvincula de ellos cuando tardan en aparecer por sus casa. A todo el mundo le gusta nuestra cripta, con una mazmorra adjunta para cuando nos queremos divertir más de la cuenta.

Normalmente empezamos la velada cuando la luz del sol deja de molestar abriendo una botella de Sangre de Judas para seguidamente ir empezando a calentar el ambiente con caricias y miradas seductoras. Son siglos realizando el mismo juego de seducción pero siempre nos pone porque cada pareja es un mundo por descubrir.

Cuando el juego de la seducción ha llegado a su cenit el sexo se puede dar en cualquier lugar menos donde reposamos de día, por no cortar el morbo creado. Nos consideramos amantes expertos y hacemos que el sexo se disfrute por mucho tiempo, follamos entre nosotros, con la otra pareja, y siempre acabamos practicando sexo oral a los invitados, cuando están a punto de correrse la sangre que se bombea al pene como la que se acumula en los labios mayores es la más sabrosa, y es entonces cuando aprovechamos para darnos un festín. Hay que decir que la sensación que disfrutan nuestros amantes temporales es la de un orgasmo nunca vivido, y que nunca más vivirán, literalmente.

Acabamos disfrutando entre nosotros de un sexo salvaje lamiéndonos la sangre ajena que cubre nuestros cuerpos desnudos.

La noche siguiente toca limpiar y volver a visitar la red social para conocer nuevas pareja, tenemos que invitar a otra para Halloween, la única noche en la que no tenemos que disfrazarnos.

ENCANTO


matique se preparaba en casa para salir hacia la estación. Había vuelto a quedar con Su Señor Lawrence en su refugio de Madrid. Era un sitio especial para los dos, pero más para Él, tenía encanto, un rinconcito donde degustar un buen caldo mientras se disfruta de un buen libro. Cosa que Él hacía todas las noches.

En el viaje repasaba lo que Le había manado Su Señor: vestido, medias e ir sin bragas. Maquillaje discreto. Uñas y pies en tonos granates con el rouge icónico de Dior 999, impecables.

En su pequeña maleta llevaba todos los juguetes, fusta, cuerdas, pinzas, vibradores, collar… lo iba repasando mentalmente. No sabía por qué, pero iba más nerviosa de lo normal, como si algo le faltara y que Le había ordenado expresamente Su Señor. Eso era del todo imposible. matique se había levantado temprano y durmió un poco en el viaje.

Su Señor y ella se iban mandando mensajes, de las ganas que tenían de volver a verse, de todo lo que habría evolucionado matique en este mes y pico sin verse.

Recibió un mensaje de Su Señor que ya había llegado a Atocha y que la esperaba. A la media hora aproximadamente de llegar Él, el tren de matique hacía su entrada en Atocha Cercanías. Fue la primera en bajar del tren y con paso firme se dirigió a las escaleras mecánicas y cruzó el control de viajeros. La esperaba en Brillante donde degustaba del Madrid popular. Él le sonrió, la besó mientras sentía como la caricia de Sus yemas sobre su tez araban su alma, luego la abrazó y matique se sintió la sumisa más feliz del mundo.

Como siempre ÉL Le pidió un café largo con leche fría y azúcar. Mientras lo tomaba, matique no paraba de hablar y de comentarle a Su Señor cosas cotidianas y que, en cuanto hicieran el check in en el hotel, dejarían las maletas en recepción. Le tenía preparada una sorpresa y no quería perder más tiempo en la cafetería.

Su Señor estaba un poco expectante, ¿de qué trataría la sorpresa que Le había preparado matique? Había veces que Le descontrolaba. Se dirigieron a la parada de taxi y pusieron rumbo en uno al hotel que su Señor había reservado.

El hotel era el Urban, en la Carrera de San Jerónimo. Un hotel sofisticado, pero con encanto. Un poco grande para lo que Le gustaba a su Señor, pero tenía un espacio para Su lectura. La habitación que había reservado era del tipo dúplex. En la parte superior había una pequeña sala con un sofá de cuero, una mesa de cristal y un armario, en la que podía deleitarse con Su lectura.

Llegaron al hotel, dejaron las maletas y en el mismo taxi se dirigieron a una librería con historia, con su propio encanto. La librería Grant, en la calle Miguel Servet, en pleno barrio de Lavapiés. Al llegar a este mundo de la letras, de estantes de madera hasta el techo repletos de libros, la típica escalera para llegar hasta ellos, mesas por medio con más libros,... Olor a papel y madera se mezclaba en una armonía que embriagaba.

La cara de su Señor fue de quedarse con la boca abierta, jamás pensó que ella Le llevaría a uno de Sus lugares favoritos, una librería. Llegaron sobre la 1 y se fueron pasadas las 2 de la tarde, y con dos o tres libros en sus manos. La cara de felicidad de su Señor era espectacular, estaba como un niño con zapatos nuevos. Nunca Le había visto así de contento. Salieron andando y cogidos de las manos, pararon un taxi y se dirigieron al Restaurante Bel Mondo. en la calle Velázquez, un italiano muy peculiar. Su Señor pidió de entrantes mortadela al Tartufo y Calzocini para compartir. Y a ella, como sabe que no le gusta el queso, le pidió una Black Mamba y Él se pidió Famosa Mafaldina al Tartufo y de postre la tarta de limón con merengue. Para ella pidió cerveza sin alcohol y ÉL se tomó un par de copas de vino y agua. Estaban hambrientos. El postre de merengue fue espectacular. Al salir se dirigieron al paseo de la Castellana y allí cogieron un taxi que los llevó al hotel.

Al montar en el ascensor, su Señor la “acorraló” contra la pared del ascensor y empezó a besarle, a subir su falda, ya durante la comida y el taxi había comprobado su grado de humedad. Su grado, el grado de excitación de ambos iba in crescendo.

Entraron en la habitación, la puso contra la pared y le subió el vestido hasta la cintura. Al estar de espaldas dio unos buenos azotes en su culo mientras ella, con la cara girada, trataba de buscar Su boca que Él escondía en todo momento. Así estuvo acariciando su cuerpo, sus pechos. Levantó el sujetador y quedaron al aire, masajeaba los pezones, ella no podía parar de gemir, del placer que estaba sintiendo con esa situación.

Fueron a la habitación, la cama era extra grande, antes de llegar a ella pasaron junto a las escaleras que subían hacía el salón de lectura.

Justo frente a la cama había un escritorio, su Señor le indicó que sacara todos los juguetes, cuerdas, pañuelo, muñequeras y las pusiera bien colocados encima de ese escritorio. Y así lo hizo. Se había bajado la falda, se quedó de pie esperando instrucciones, y Él empezó a dar vueltas a su alrededor… la estaba poniendo muy nerviosa. Se puso frente a ella, tenía la mirada baja pero podía intuir Su seriedad, estuvo un rato, el adecuado, observándola. De pronto notó Sus dedos que le levantaban la cara por la barbilla, le acarició la mejilla y de repente sintió dos tortazos, uno en cada mejilla. Se quedó tan petrificada que ni se atrevía a quejarse, ni mover un solo músculo de su cuerpo, su cara era más de susto que de excitación. Le preguntó

- matique, ¿sabes por qué te has ganado esas dos bofetadas?

Contesté con la mirada baja - No mi Señor

- Todo comportamiento tiene una consecuencia, cuando nos conocimos, al poco, y sin Mi permiso indagaste en algo que no debías de haber hecho, esa consecuencia lleva implícito su castigo, ¿lo entiendes?

- Sí mi Señor

- Y la otra es por tu sumisión, no es un castigo, es un premio. Y ahora dicho esto, por favor empieza a desnudarte.

- Sí mi Señor

Se quitó toda la ropa y se quedó desnuda delante de ÉL. Le indicó que levantara la mirada, y Le observara cómo recorría su cuerpo con Sus ojos sin perder detalle de el. Luego notó como pasaba Su mano por sus hombros recorriendo el brazo hasta llegar a la mano y acariciarla. Después su vientre, surcando el ombligo, subiendo despacio, casi sin tocar su piel, con las dos manos recorría sus pechos, los dibujaba con la perfección del arquitecto, hacía círculos alrededor de sus pezones. El estado de excitación de matique estaba elevándose a la enésima potencia, ella Le notaba también excitado. Apretó los pezones, y cuando más lo hacía su cara fue cambiando a una expresión de dolor, se mordía los labios metiéndolos hacia dentro para aguantar el dolor que cada vez era más insoportable, lo cual le obligaba a cerrar los ojos y a gemir de dolor. Y cuando ya creía que no podía más, paró y la besó, con un beso lleno de ternura, de confianza, de pasión, como diciendo “luego vendrán más”.

Le indicó que Le fuera quitando la ropa, con toda la delicadeza que pudiera imprimir al momento. Empezó por la chaqueta, que la colocó en un galán que había en la otra parte del escritorio. La camisa, botón a botón, besándole mientras lo hacía. Con las dos manos y a la altura de los hombros tiró de ella hacia atrás y cayó sobre la cama. Se puso de rodillas y desabrochó el cinturón, el cual indicó que lo pusiera junto con el resto de los juguetes. Desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera y quedó al descubierto Su bóxer, se notaba Su erección. Sin quitárselo empezó a pasar su mejilla por ella, su boca cerrada se refregaba con lascivia contra su miembro protegido por una pequeña tela que no impidió que se colara alguna gota que segregaba Su miembro cada vez más excitado.

Seguía de rodillas y Le bajó con las dos manos el bóxer. Su miembro, en una erección brutal, quedó al descubierto. Con sus manos a la espalda (como Él le había indicado una vez bajados los boxers) empezó a jugar con con la boca con Su miembro, con Sus testículos. Los lamía e intentaba meterlos en su boca, lamía también Su miembro de arriba abajo, en algunos momentos tenía su mirada clavada a la de Él, viendo, sintiendo, gozando del placer que Le estaba haciendo sentir a su Señor.

Al rato le indicó que terminara de desnudarle, colocó toda la ropa en el galán y se paró a la altura del escritorio.

Lo primero que Él hizo fue ponerle Su collar, en ese momento matique fue otra persona, ya se sentía ella misma, ya estaba en equilibrio, ya entraba en juego la sumisa. No es que antes no lo hiciera, siempre está, pero el símbolo del collar es un momento especial para la sumisa, es símbolo de pertenencia, es como si te pusieran el vestido de fiesta más bonito del mundo. Pero no tiene color a lo que sientes con una cosa y con otra, con el vestido puedes estar guapa, bella, atractiva y con Su collar estás majestuosa, totalmente vestida por dentro y por fuera, aunque estés desnuda dejas de sentir esa desnudez. Te cambia la cara, la sonrisa, tus ojos brillan…porque ya eres TÚ en mayúsculas, ya se ha completado el círculo.

Mientras le ponía el collar su posición era de piernas abiertas, brazos cruzados a la espalda y cabeza baja, es una posición de espera, espera a ser vestida, a ser complementada como si de las mejores joyas del mundo y más caras se trataran. Para una sumisa hay 3 cosas que son SUS JOYAS: collar, pañuelo y muñequeras. El collar ya lo he explicado antes. El pañuelo es el que hace que pierdas el sentido de la vista, pero agudices los demás, y no se siente un azote igual viendo que sin ver. Es más profundo, es más expectante, es un chasquido que sientes como retumba dentro de ti, y con los demás elementos que se emplean en una sesión pasa igual. Y las muñequeras y tobilleras son las que te atan a un lugar de placer, que te dan la libertad para ser tú, para sentir, atada, sometida, inmovilizada todo el “sufrimiento” que va a llegar, pero con el cual el placer que sentirás será sublime, excelso… No se puede describir, es algo que tanto el Dominante, en Su medida, y la sumisa en la suya, sienten. Donde una mirada basta para saber lo que sienten, o una simple caricia. Caricias que se disfrutan estando atada, aquí fue a la barandilla del dúplex, que te pone la piel de gallina, buscas esa mano con la cabeza, y sientes lo que ÉL está sintiendo en esos momentos. Baja Su mano hasta su sexo y comprueba que está empapado de placer, de gozo, del placer de sentirse sumisa, de entregar su sumisión, no hay mayor regalo para su Señor que poder introducir varios dedos a la vez en el interior de su sexo y que no tenga ningún tipo de impedimento, que no ha necesitado lubricar porque ya con sus jugos estaba lubricado, no hay placer mayor. Con Sus dedos dentro de ella su excitación subió varios grados de intensidad, casi estuvo a punto de correrse, pero Él lo notó y paró, era demasiado pronto para concederle ese placer.

Se separó, pasaron varios minutos que se le hicieron eternos a matique, Le oía en el escritorio, e imaginaba que eligiendo el juguete con el que iba a empezar la sesión.

Fueron unas pinzas con cadena, las cuales fueron colocadas en sus pezones, con varios pesos. Acariciaba sus pezones ya pinzados, empezaban a doler pero el placer que sentía le hacía estirar su cuerpo y soltar un gemido de placer. Siguieron una tanda de azotes con la fusta, la mano y para terminar con el cinturón. De vez en cuando acariciaba sus glúteos para calmar el dolor, acariciaba su espalada y la besaba en la mejilla.

La desató, la cogió de la mano y la tumbó en la cama. La puso en posición vertical, sus piernas formando un ángulo de 45 grados, y empezó a notar la lengua de Él en su sexo, como acariciaba su clítoris, ella se arqueaba de placer. Así estuvo un rato, luego metía un dedo, y cogió uno de los vibradores y lo puso en el clítoris, ella se retorcía de placer, sus piernas empezaban a temblar, su orgasmo era inminente, pero paró.

Le pidió que se pusiera a cuatro patas, Él se tumbó en la cama, y le llevó su cabeza a Su miembro, el cual metió en su boca, haciendo movimientos de subida y bajada mientras sus testículos eran acariciados por sus manos, los lamió también. Dejó el glande al aire y pasó la punta de su lengua haciendo círculos sobre el, se retorcía de placer.

“Para”, le indicó Él. Se puso a su lado y le quitó el pañuelo, no sin antes advertirle de la luz. Poco a poco se fue acostumbrando a ella. La tumbó a Su lado, la abrazó y la besó, y volvió a indicarle que siguiera haciéndole una mamada. Ella se puso con la cabeza entre Sus piernas y empezó a meter su lengua en Su ano, notó cómo Se estremecía, y cuánto más Se estremecía ÉL más jugaba ella con todos Sus miembros sexuales.

Al cabo de un rato le dijo “sube aquí”. La puso a Su lado, la besó con besos apasionados, llenos de lujuria, de deseo contenido, como si todavía no hubiesen tenido bastante con el placer que llevaban sintiendo, pero no, realmente no. La penetró como si no hubiera un mañana, suave, más rápido, besándole, ella pidió permiso para correrme, se lo concedió y sintió cómo se le iba la vida, como moría en un orgasmo tras otro, sin poder parar, estaba encima de ÉL y cada vez se notaba más mojada, finalmente ÉL se corrió dentro de ella, notó como Su leche caliente la invadía, llenaba todo el espacio que dejaba Su miembro dentro de ella, notó cada convulsión que daba conforme salía el jugo de Su placer, para acabar, sin sacar Su miembro de dentro de su cavidad vaginal, encima de ella, jadeante y sudoroso, como estaba ella también. Cuando recuperaron el aliento se fundieron en un beso lleno de ternura, de cariño, de mimo, pero no dejaba de tener esa esencia de pasión.

Estuvieron comentando cómo había ido y se fueron a la ducha, en la cual, volvieron a disfrutar de mimos, caricias, besos… no sé qué tienen las duchas que te invitan a volver a tener sexo, a follar otra vez, cuando notas el agua caer.

Se secaron, matique a Él como siempre, y se pusieron los albornoces. Subieron al saloncito de arriba, había un par de mantas en el armarito y se recostaron en el sofá con ellas, Él cogió Su libro de Proust ”En busca del tiempo perdido”, ella se apoyó sobre Él y se quedó dormida.


Lugares mencionados en este relato:


PRIMERA VISITA DE MATIQUE A MADRID

 


Nos encontramos en la estación. El había llegado antes que yo y me esperaba tomando un café en una de las múltiples cafeterías que hay en Atocha. Yo iba hecha un manojo de nervios, ¿cómo sería ese primer contacto? ¿habría dos besos uno en cada mejilla? ¿habría beso en los labios, apasionado, seguido de un abrazo?. Mi cabeza no paró en todo el tiempo que duró el viaje.

Y por fin llego, bajo del tren, subo las escaleras mecánicas, paso el control de viajeros y enfilo dirección hacia la primera cafetería que hay frente al Imaginarium. Le veo de espaldas y mi corazón se acelera, pulsaciones a 140 por lo menos, estoy a metros de ÉL, por fin, después de tanto tiempo nos veremos, nos tocaremos, nos oleremos, sentiremos nuestra respiración. Imagino que igual ÉL también estará nervioso, espero que no, que alguien al menos esté tranquilo.

Estaba de espaldas, pero al mismo tiempo que llego a la entrada de la cafetería se gira, cuando me ve me sonríe y Le devuelvo la sonrisa. Se levanta del taburete y cuando estoy justo a Su lado me dice “bienvenida matique, un placer por fin conocerte en persona”, yo Le contesto “el placer es mío Señor” y a continuación me da un cariñoso beso en la mejilla, sólo uno, pero que hace que sea intenso y que dure un poco más de los normal. Realmente me sabe a poco. Pero todo se está haciendo a Su ritmo, como Él cree que debemos llevar la relación. Me ofrece un asiento, y me pregunta

- ¿Tomarás un café o prefieres otra cosa?

- Café Señor, gracias.

En ese momento recordé una conversación en la que me dijo que ÉL pediría por mí.

- Por favor, un café largo con leche fría y azúcar.

Observé que ÉL estaba bebiendo agua. Me pusieron el café. Yo estaba súper tensa, pero me cogió la mano mientras hablábamos, y me fui calmando.

Después de tomar el café, cogimos un taxi y nos fuimos al hotel. Nos registramos, yo me dirigí al baño y me cambié de ropa. Falda negra, medias, jersey negro que hacía que mi sujetador, también negro, se transparentara. Dejé la maleta en recepción con la suya y nos fuimos a dar un paseo por la Gran Vía. E hicimos realidad lo que dijimos, bailar nuestra canción por la Gran Vía de Madrid. Fue muy muy divertido.

Luego nos dirigimos hacia la Plaza del Sol, calle del Carmen y en un bar pequeñito, que es visita obligada cuando se va a Madrid, comimos un bocadillo de calamares y picamos algo más. No parábamos de hablar, de tener las conversaciones que siempre habíamos querido tener, cara a cara, sentados en los taburetes bajitos, de lado para estar de frente, notaba Su mano en mi pierna, de vez en cuando subía un poco más, Sus ojos clavados en los míos observando mi reacción, y yo cada vez estaba más excitada… habíamos comentado tantas veces este momento, y era realidad. De vez en cuando nos besábamos, nos cogíamos las manos, teníamos tanta necesidad de sentir y de tocarnos. Era una situación que me hacía excitar a cada roce con Su piel, Su mirada era penetrante, Su sonrisa maravillosa y Su voz, Su voz que tantas veces escuché por mensajes de audio, era si cabe, más dulce y más atractiva al oído, que me hacía estar alerta a cada momento a Sus deseos, a veces era más amable otras era tajante, para que me quedara claro, por si aún no lo tenía, quién era ÉL.

Al terminar de comer, nos fuimos al hotel, recogimos las maletas al llegar y subimos a la habitación. En el ascensor me besó, me miró serio y noté como Su mano subía por mi muslo hasta llegar a mi sexo, sexo que estaba al desnudo pues esa fue la orden que me dio. Sólo rozarlo y no pude por menos que soltar un gemido de placer. Estaba tan cerca que noté como Su miembro marcaba mi pierna.

Entramos en la habitación. Era una habitación sencilla pero sofisticada. Nada más entrar estaba el armario, el baño y la habitación. La cama era extra grande, cabecero de madera con mesillas incrustadas en el. Luces de lectura al aire. Un ventanal nos ponía Madrid a nuestros pies, en la esquina un bonito escritorio, una silla y una gran pantalla de televisión. Justo delante del ventanal, y frente a la cama, había una butaca de cuero negro y al lado una mesita de cristal.

Dejamos las maletas y me cogió del pelo y me besó con lujuria, cogió mis pechos con fuerza, me acarició de arriba abajo. De repente me apartó, Se dirigió a la butaca, Se sentó y me dijo

- matique, mastúrbate para mí.

Empecé a temblar, bueno, no había dejado de hacerlo en todo el día. Abrí mi maleta, saqué los vibradores que iba a utilizar. Una bala pequeña, una más larga y estrecha, y un vibrador clitoriano, el bote de lubricante, y los puse en la mesilla. Cogí una toalla del baño y la puse encima de la cama.

Me desnudé completamente, me dirigí a la cama, me tumbé encima de la toalla, cogí un poco de lubricante y unté la bala pequeña.

El hecho de saber para qué iba a servir me excitaba mucho más de lo que ya lo estaba, tener el honor de hacerlo por quién lo hacía ya era sublime, que no es otra que nuestra C., pero saber que durante todo el tiempo que durase mi masturbación Él estaría sentado en la butaca de cuero, un poco apartado pero con una visión suficientemente clara de todo mi cuerpo, mis pechos, mis movimientos, mis expresiones, mis arqueos, y lo justo para poder oír mis jadeos, fue un deleite.

Esa bala pequeña va entrando poco a poco en mi ano, no fuerzo más pues noto el vibrador y es suficiente para excitar esa parte de mi cuerpo que jamás sintió nada de placer. La siguiente bala, más larga, va a mi vagina, y llega hasta el fondo, cuando la noto muy dentro la enciendo y la dejo que vaya haciendo su trabajo, follándome despacio y suave, pero con una vibración muy efectiva.

Y le veo, sentado, piernas cruzadas y la mano casi cerrada, excepto el dedo índice que apoya en la mejilla y el pulgar en la barbilla.

Por último, enciendo el vibrador clitoriano, al cual he puesto una cantidad generosa de lubricante.

Ya están todas las zonas cubiertas, ya pienso en cómo sentía Catherine Millet* en esos momentos, poseída por un número a veces determinado de hombres. Y otras veces indeterminado. El placer que ella siente lo siento yo, y noto como mi cuerpo se arquea, se mueve con determinación al ritmo del vibrador principal que es el clitoriano, intercambiando el ritmo, y llenándome más del placer que sería sentir Su miembro dentro de mí y mientras veo como me observa impasible, sin mover ni un músculo, ni la posición.

Sigo pensando en Catherine Millet*, en el placer que siente al ser libre de poder follar como ha querido, cuando ha querido y con cuantos ha querido. Y me veo haciendo lo que nunca hice, y noto que la excitación va alcanzando niveles de explosión. Aún con los ojos cerrados noto Su mirada clavada en mí, en mi sexo, en mis pechos como son manoseados por mis manos, pinzados mis pezones, el arqueo de mi cuerpo, no perdiendo detalle de cada músculo que se me mueve.

Pienso en Catherine Millet cuando folla por su lugar favorito, es enculada y siente los enviones que le propina su compañero del acto, notando como su miembro se clava hasta dentro, y luego viene uno más fuerte que no esperas, y así una y otra vez… y en ese momento clavo mis ojos en los Suyos, anunciándole lo que está a punto de suceder.

Exploto, tengo “mi pequeña muerte” que dicen los franceses (la petite mort), y me abandono a un orgasmo que no se puede explicar, pero que hace vaciarme por dentro durante un tiempo, sin dejar de gemir ni un instante, hasta terminar extenuada, con una respiración cansada, boca seca y abandonada al placer de las convulsiones posteriores a un orgasmo… al cabo de unos instantes Le miro, y Le susurro un… GRACIAS SEÑOR

Basado en un hecho real.

*Catherine Millet es comisaria de exposiciones, crítica de arte y autora del libro “La Vida Sexual De Catherine M.” donde narra detalles de su vida sexual, describiendo de forma explícita encuentros sexuales que involucraban a desconocidos y a grupos de hasta 150 personas en una gran variedad de escenarios. Libro disponible en nuestra tienda, al igual que los juguetes mencionados en el relato.

Cliquea aquí para ver el libro.

Cliquea aquí para ver vibradores bala.

ENTREGA DE HYBRIS.

 

Me ha pedido que escriba mi entrega aun sabiendo mi manera de escribir, sabe que no soy al uso, es más cualquier parecido con la realidad esperada es pura coincidencia.

He de decir que hubo una evolución desde la primera vez que me lo planteó hasta el momento en que se produjo, tal vez así podría llegar a entenderse todo.

Recuerdo la primera vez que me lo comentó, me dijo: “prepara el apartamento, será tu mazmorra”. Bueno, esa vez apenas pensé en cambiar las sábanas y limpiar un poco, rescatar un vestidillo como el que me había pedido que andaba perdido por un cajón, pillar velitas recicladas y una fusta del Decathlon.

Pero poco a poco todo fue modificándose a medida que iba entrando en mi alma.

Primero cambié el vestido casi sin darme cuenta, pensé “oye, pues podría comprar uno”, busqué y encontré uno de encaje negro transparente y pensé “igual este le gusta más, pero en blanco no”. Es curioso, “comprarás cosas pensando en mí”, recuerdo las primeras veces que me lo decía y yo pensaba “Sí, claaaaaaaro”.

Lo siguiente fueron las sábanas, unos días después pensé “estaría bien que estrenásemos sábanas”. ¿Por qué compartirlas con mi pasado? Así que con ayuda de las dos petardas de mis amigas nos dedicamos a buscar sábanas y luego ¿por qué no?, igual hace frío, interesaría una colcha a juego, y así poco a poco todo se fue modificando la idea inicial de rebuscar lo que tuviera por casa.

Y de repente las velas. No me parecían suficientes, pensaba “¿y si es de noche y no me ve? ¿y si me quedo corta?”. Al final 125 velas, y luego vi dos, una roja y una blanca, y no me pude resistir, además… desprenden un olor… que aun hoy se sigue notando.

La fusta llegada desde Italia de doma profesional.

Pero no era suficiente, entonces vi los pétalos de rosa y pensé “vaya le encantan las rosas”, y compré 5000 pétalos. Ja ja ja ja, los herederos se pasaron una semana separando pétalo a pétalo, pero no olían así que me las ingenie para que cogieran aroma a rosa.

Los preparativos empezaron la semana de antes, retiré todos los muebles que pude, quería espacio, mucho espacio, quería que pudiera entrar, moverse a mi alrededor sin que hubiera nada que Le impidiera poder explorar lo que se le entregaba, coloqué las velas buscando la mejor iluminación y construí un altar en la mesa donde colocaría todo lo que me pidió: el anillo, dos collares para que eligiera el que quisiera y los pendientes.

Hice un semicírculo con 100 velas y en el centro coloqué una alfombra de pétalos y un sendero desde la puerta hasta el lugar donde Le esperaría, señalando el camino.

Quedaba una cosa, escribir los límites, ¿qué poner ahí? ¿qué límites fijar cuando confías tanto en la otra persona que sabes que no hacen falta?, pero pidió un folio con los límites así que algo había que hacer y algo había que escribir, así que me puse a ello y escribí lo que me dictó el corazón, es decir un folio completamente en blanco. Ja ja ja ja, con un título: Anexo de límites.

Dejé las llaves que abrían mi nueva vida junto a una nota en el lugar convenido. Me duché, me puse una crema que compré e intenté dormir, en otra habitación, en otra cama, ni siquiera quería usar la cama antes de que la usara Él.

Cuando me dijo que ya salió corrí a encender las velas, tenía apenas una hora y había muchas velitas por encender. Me puse el vestido, que aún guardaba en su funda, cerré las persianas, corrí las cortinas y espere hasta que Él llegó.

Arrodillada en medio de un semicírculo de velas, sobre pétalos de rosa con la fusta en ambas manos y la frente contra el suelo sujetando el anexo de límites. Había pensado que el suelo sería frío, que me dolerían las rodillas, que estaría incómoda, que no podría estarme quieta. Pero nada de eso ocurrió.

Entonces ocurrió, oí la llave en la cerradura, Le oí entrar, caminar por el pasillo y sin embargo no miré. Lo único que hice fue… ponerme a temblar, notaba como la fusta se movía en mis manos, como mi cuerpo temblaba, oí sus pasos acercándose. Después oí el sonido de una cámara, el disparo de las fotos y seguía sin mirarle, temblando.

Entonces empezó a hablar, y cogió la fusta de mis manos. Y cuando habló y escuché su voz todos mis temblores desaparecieron, mi corazón no se equivocaba. Paseó la fusta por mi cuerpo, por mi cabeza, mi espalda, mis manos, mis pies. Cumplió su promesa como no podía ser de otra manera, tres golpes de fusta que me supieron a tres besos, y entonces me levantó, para ser más exactos levantó a otra persona distinta a la que unos minutos antes se había arrodillado, levantó a alguien que por fin estaba en paz consigo misma después de tantos años.

Coloqué mis manos en la nuca y abrí mis piernas, debía explorar lo que iba a aceptar, ver si era de Su agrado, si le complacía.

Cuando noté su mano entre mis piernas… bueno, creo que fue la primera vez que me corrí, no puedo evitarlo, es como un resorte como una trampa de ratones click clack.

Me dijo que apoyara las manos en el sofá, levantó el vestido y noté como entraba dentro de mí, segundo orgasmo.

Luego Él se sentó en el sofá y me colocó encima, me volvió a penetrar y entonces me dio las primeras tres bofetadas, que limpiaron mi alma, y la sumisa fue libre. Es curioso, nada dolía, nada era un ataque, al contrario, había tanto amor, notaba tanto cariño en todo lo que hacía. Seguía hablándome, y su voz me hipnotizaba, y de repente puso Su mano en mi boca y me dijo “muerde, este es el máximo dolor que voy a aguantar de ti, si me traicionas, si me defraudas, si no me obedeces te dejaré. Este es el máximo dolor que podrás causar, ¡aprieta!”. Y yo no podía apretar los dientes, no quería ni morder y pensar que Le podía hacer aunque fuera un mínimo roce, ni así soy capaz de causarle dolor.

“Vas a casarte por primera vez como deberías haberte casado las otras veces, como realmente debes casarte”. Perdí la cuenta de las veces que me había corrido ya entre sus brazos. “Recoge las velas del suelo”, me arrodillé y empecé a recogerlas una a una desde el sofá. Él miraba, oí que respiró profundo y se levantó, se acercó a mí y me penetró. “NO pares de recoger, no te importa lo que YO haga”, bufff, no podía recoger ni una velita mientras notaba sus embestidas. Cuando Él estuvo satisfecho se volvió a sentar y me dijo “Continua”, hubiera sido capaz de ir saltando o trotando como un dibujo animado tras cada pétalo, tirintirintirin. Se volvió a levantar y pensé “mmmmmmm, otra vezzzz”, pero lo que noté fue la fusta mientras seguía recogiendo velitas, estaba feliz. Me cogió y me llevó a la habitación, no sé en que momento me quitó el vestido, solo sé que por primera vez no había límites para el sexo, ninguno.

En algún momento, tenía su polla dentro de mi boca y noté su pie entre mis piernas. Buf, fue automático, ni lo pensé, empecé a buscar ese pie, quería notar su roce contra mi coño, ¿por qué usar siempre los dedos de las manos si tenemos más dedos? Él me lo había dicho muchas veces, todo mi cuerpo está hecho para disfrutar del sexo y así es, empecé a mover mis caderas contra su pie, me colocaba y recolocaba con su polla metida en mi boca buscando acercar su pie cada vez más a mi coño hasta que lo conseguí, y empecé a frotarme contra el, incluso el pie entró dentro de mí y empujé más fuerte para confirmar que así era… y me volví a correr.

Luego, como si fuera una perra en celo, me enganché a su pierna hasta que coloqué el hueso de la rodilla entre mis piernas ejerciendo la presión suficiente que hizo que me volviera a correr unas dos o tres veces más, frotándome contra Él, notando como mis flujos iban empapando su rodilla, y luego lamerle para limpiar todo los restos de mí que había dejado sobre Él. En algún momento nos levantamos a desayunar, a reponer fuerzas, pero creo que no estuvimos más de media hora. Pan tostado, queso y café con leche, y vuelta a la cama, a descansar me decía… pero era imposible, en menos de cinco minutos estábamos otra vez enganchados o tenía su mano en mi coño o su polla en mi boca o dentro de mí, daba igual, solo me corría una y otra vez como si de repente pudiera llenar un vaso que llevaba vacío desde que recuerdo, como coger aire, soltar amarras o liberar por fin esa parte de mí que nadie aceptaba y que Él nunca ha juzgado.

En algún momento me coloqué sobre Él mirando a sus pies y empecé a lamerle desde las rodillas hasta los dedos de los pies. Volvió a penetrar por delante, por detrás, como una culebrilla… no sé cuántos orgasmos llevaba, no tengo ni idea, no consigo saber las veces que me corrí, y ahí me volví a correr, y de repente apoyé mi cabeza en el colchón, entre sus piernas, mis manos estaban sobre sus pies, sentada sobre sus ingles con las piernas a los lados, lo último que recuerdo fue pensar “que agustito se está aquí” y me dormí así. Es un sitio muy agradable para dormir y Él ni siquiera se movió, con lo incómodo que debía de estar, aunque las vistas debían ser bonitas.

Merendamos judías porque eran las 5 de la tarde, la hora de comer se había pasado, y seguimos celebrando nuestra noche de bodas de la mejor manera que sabemos y como más nos gusta, follando. No puedo resistirme a Él y al parecer Él tampoco de mí. Menos mal que nos separan unos kilómetros porque es explosivo, me planteé decirle “quita bicho” porque si yo había perdido la cuenta de las veces que me había corrido Él también y cada vez que me decía “creo que ya no voy a poder más”, en cinco minutos volvía al ataque.

Me dijo que había sido la entrega más bonita que había vivido y eso viniendo de Él es todo un cumplido, creo que logré sorprenderle y eso era algo difícil. Cuando Él creía que la vida no podía sorprenderle ni ofrecer nada más aparecí yo donde y como menos me esperaba.

Estábamos destinados a encontrarnos y así ha sido, ¿y sabes? me siento tan feliz y orgullosa de que me haya elegido a mí para bailar este vals que espero nunca cese la música y bailemos hasta el amanecer una y otra vez, además tengo una mazmorra de ensueño y un libro que escribir. Y yo quiero correrme para Él una y otra vez porque entonces, y solo entonces, todo tiene sentido, porque por primera vez en mi vida he escuchado “ERES MÍA” y me lo he creído, porque es cierto, soy SUYA completamente, mi alma, mi mente y mi cuerpo. Y todo cobró sentido.

Cuando me dice que mi placer es SU placer creo que va más allá. No se habla de placer, el placer es efímero, breve, dura un instante, creo que va más allá y creo que Él también lo sabe, creo que todo esto va de felicidad. Sí, soy feliz por el mero hecho de que le hago feliz, y cuanto más feliz es Él más feliz soy yo y al revés, cuanto más feliz es Él más feliz me hace a mí, y así entramos los dos en un círculo de felicidad infinito. Qué me importa lo que me pida, si pida lo que pida, será para que Él sea un poco más feliz, y yo simplemente soy feliz viéndole feliz. Sí, creo que todo esto va de ser felices porque a fin de cuentas la felicidad es un medio de transporte y no un destino.

Su felicidad es mi felicidad porque la felicidad compartida es el doble.

¿Cómo voy a negarle nada?, cuando veo su cara como se le ilumina, como le brillan los ojos, sería muy cruel de mi parte negarle algo.

No, no creo que esto vaya de sexo más o menos duro, ni de placer ni nada mundano, creo que esto va de felicidad pura real como pocas personas son capaces de dar y recibir.

Curioso que la palabra AMO sea también la primera persona del presente del verbo AMAR, que amor sea AMO con una R final y que tanto AMO como amor y amar tengan la misma raíz. Da que pensar….

Tenía muy clara una cosa, no iba a ser follar, eso sería el camino fácil, follar es fácil, muy fácil en el BDSM y en el mundo vainilla, pero entrar en mi alma y coger a los demonios que hay allí escondidos, sacarlos y destruirlos, eso Mi Amo, eso solo Él sabe cómo hacerlo. Pagaré con gusto el precio que me pida, porque no tengo nada que sea suficiente para todo lo que Él ha hecho por mí.

Amo a Mi Amo, le pertenezco, soy SUYA completamente para que disponga de mí y de mi cuerpo como mejor le plazca, como desee, sin preguntas, sin cuestiones, sin justificación. Su deseo y Su voluntad nunca le serán vetados aunque a veces hará cosas que no entenderé. Nunca dudaré de Él porque sé que jamás me hará daño, jamás me causará sufrimiento y jamás me dejara sola.

¿Pero cómo no darle TODO lo que me pida si es capaz de sanar mi alma, de derrotar mis demonios, de drenar mi dolor, de deshacer todas mis tormentas y a la vez llenarme de paz y de calma?

Y hasta aquí mi relato de lo que significó para mí Mi Entrega. Supongo que no es lo que se esperaba que contara pero como Él siempre me dice, espera lo inesperado.

 

SIEMPRE SUYA PSDM

Basado en un hecho real.

PALMA por Ane Zubieta

 


Hace un tiempo, cuando comenzó todo esto de la pandemia mundial, vivía en Palma de Mallorca. Llegué allí con la intención de por fin estabilizarme, no volver a mudarme y empezar a estudiar una carrera, eso sí, sin dejar de trabajar. Todo iba bien, la verdad, hasta que un día, mis compañeros de piso me dijeron que estábamos confinados. Al principio no me supuso ningún problema, pues yo era feliz en mi habitación con mis matemáticas y sin nadie que me molestase. 

Los días fueron pasando y los problemas de convivencia llegaron. A veces me despejaba yendo a la compra, luego veía el barullo de gente amontonada y se me quitaban las ganas de salir si quiera a comprar, hasta que pasé por aquella librería a la vuelta de la esquina y la vi. Era una chica bastante parecida a mi físicamente, tenía el pelo corto, moreno y liso, su piel era blanca y su cuerpo atlético y aunque fuese unos centímetros más baja que yo solo tendría que inclinarme un poco o cogerla en brazos para besarla. Ariel se llamaba, lo supe por la chapita que posaba encima de su pecho, sujeto en aquel polo azul que era su uniforme. La librería era pequeñita y muy acogedora, el servicio exclusivo, libros técnicos y material artístico. Tenía un rinconcito donde poder sentarse, tomar un café de máquina y leer o estudiar, ese sitio era maravilloso, lástima que estuviese inhabilitado por razones de seguridad. Salí de allí con dos ejemplares, Elementos de Análisis Matemático y Matemática Discreta y Lógica Matemática, escritos por varios matemáticos como María E. Ballvé y Mario Rodríguez. Recuerdo que me pareció una mujer poco común, seria, en sus ojos, pero que no dejaba de sonreír, y al atenderme fue tan simpática y elocuente que noté el calor de mi tierra, Andalucía. 

Pasada una semana volví a ir y a la semana siguiente también. Acabó siendo un ritual semanal donde me dejaba un dineral en productos que ni siquiera necesitaba solo por verla y escuchar su voz un minuto. Ser tan asidua la cambió; nunca olvidaré su sonrisa, detrás de aquella cristalera, al verme llegar, como si me estuviese esperando. Yo era bastante puntual, no fallaba al encuentro, nos veíamos todos los viernes a las 18:00 en aquella librería. Sabía que ella se daba cuenta del asunto pues empecé a vestirme todo lo sexy que podía para visitarla, me perfumaba exageradamente para que recordase mi olor al llegar a su casa. Las conversaciones eran muy básicas, ciñéndose siempre a la relación trabajadora-clienta y continuamos así dos meses.

Repentinamente, en Mayo, cuando todo comenzaba a relajarse y empezábamos a poder salir de casa, a movernos entre ciudades, nos comunicaron a mis compañeros y a mí que vendían el piso y debíamos mudarnos cuanto antes. Encontré una pequeña casita con dos chicas inquilinas en un pueblo vecino. Estuve pensando seriamente si debía despedirme de Ariel o irme sin más y llegó el día de la mudanza. Era viernes en la mañana, lo tenía todo listo para irme, el taxi esperándome pero en el último momento sentí la necesidad de ella y fui corriendo a buscarla. Sin embargo al llegar vi que no estaba.

·         No puede ser, ¿es demasiado tarde? (Pensé)

Cuando estaba a punto de darme por vencida, con el taxi pitando en la esquina, se me ocurrió la valiente idea de escribirle una nota. Rápidamente cogí el primer bolígrafo y papel que había por allí, cerca del mostrador, donde el dependiente de turno me miraba perplejo, y escribí:

"Hola Ariel, ¿cómo estás? Me voy de Palma, estaré a unos 25km de aquí. Sinceramente no quisiera que dejásemos de hablar y de vernos, me gustaría conocerte más. Te dejo mi número de teléfono a la vuelta de la hoja. Atentamente, Arlet."

Ahora solo quedaba confiar en que aquel desconocido, compañero de trabajo de Ariel, fuese mi mensajero y esperar. La preocupación y la duda me asaltaban de camino a la nueva casa pero el estrés causado por la mudanza, mis gatas, el taxista, el desorden, mantuvieron mi mente ocupada.

Al llegar la noche,  ya no quedaba nada más que hacer, conseguí el orden necesario para sentirme como si viviese allí desde siempre. No pude evitar pensar en ella, me acomodé en mi nueva cama, bastante cómoda, y me dispuse a elegir el juguetito más silencioso que tuviese, así mis nuevas compañeras, Sahara y Deniska, no se asustarían demasiado el primer día de convivencia conmigo. Me decanté por el suave succionador de clítoris y unas bolas chinas, silencioso y eficaz, pues imaginando las tetas de Ariel botando en mi cara, sentada sobre mí, refregándose conmigo y mis manos jugando con su culo, no tardé más de dos minutos en correrme.

Después de bajarme de la intensa cúspide del orgasmo, la eché de menos. Qué tontería, ¿cómo podía anhelar algo que nunca fue mío? Sonó el teléfono y me sentó como un jarrón de agua fría que me devolvía a la realidad. Era ella, no lo podía creer, ¿me habría quedado dormida después de tocarme y estaba soñando? Me puse nerviosa pero no dudé en contestar.

·         ¿Dónde te has ido, Arlet? (Con voz decidida)

·         Hola Ariel, me he venido a Son Ferrer.

·         ¿Estás ocupada?

·         Eh, no, no, estaba aquí... (Guardando torpemente mis juguetes)

·         Pues voy para tu casa, ¿vale? (Sin dejarme terminar la frase anterior)

·         Mmm, vale, calle Laurel, número 5, aquí estaré.

La conversación no duró ni 30 segundos, pero para mi fue sublime, estaba emocionada aunque su seriedad me confundía un poco. Menos mal que tenía la casa bien bonita, la nevera llena y el cuarto bien seductor con las luces rojas que tanto me gustan y mi cartel de neón con las siglas "XXX" encima de la cabecera de la cama, lo único que necesitaba era cambiarme.

Analizando un poco la situación que acababa de ocurrir, por mucha carita de angelito que tuviese mi querida Ariel, la manera tan directa y segura de hablarme esta noche, me daba a entender que en su cabecita había algo de perversión, como en la mía. Elegí el conjunto de lencería negro, que consta de unas medias cortas con un encaje que rodea el muslo, el liguero que las conecta con una tira que sube por mi ombligo, pasando entre medio de mis pechos y llegando al cuello, donde se fusiona con un collar pegado. Las braguitas, medio tanga, eran abiertas por el centro para facilitar cualquier cosa que pudiese pasar. Opté por tapar aquella armadura con un vestido de hombros descubiertos.

Traje al cuarto un par de cervezas y algo de fruta; me encantaba posar los pies descalzos en la alfombra que traje de Marruecos y que adornaba el bajo de la cama. Estaba entretenida pensando en la suavidad de aquella lana cuando se abrió la puerta detrás mía. 

Mis compañeras la habían dejado pasar y aquí estaba, mirándome como la tigresa mira a su presa. Lo que ella no sabía es que la presa no era yo. Se percató cuando cambié la mirada de intimidada a intimidante y fui acercándome a ella. Se quedó bien quietecita, aceptando lo que le esperaba, pues ella lo había buscado.

Una vez enfrente, me arrodillé y le quité los zapatos sin entretenimiento. Llevaba unas medias que no tardé en arrancar para pasar mi lengua por el interior de sus piernas y subir poco a poco hasta llegar a las ingles. Cerraba los ojos, echaba su cabeza hacia atrás dejando al descubierto, por un par de botones desabrochados, sus pequeños y erizados pezones. La faldita era lo mejor... Podía imaginarme lo que tenía debajo de ella y sin quitársela meter la mano suavemente. Me levanté para verla bien, me hice hueco en sus braguitas y pasé mis dedos índice y corazón por sus labios exteriores, notando cómo humedecía. Podía morderle el cuello o pasar la lengua por su boca a la vez. Quiso gemir cuando mis dedos entraron en su coño pero la obligué a callar besándola y sonó un grito de ahogo. Sus tetas me estaban llamando, fui a verlas, chuparlas y manosearlas sin dejar de mover mis dedos dentro de ella con una maniobra que dice "ven aquí" y ella más se venía. Podía quedarme a vivir en sus pechos del tamaño perfecto con mi mano en su entrepierna. A ratos agachaba la cabeza para mirarme y su pelo rozaba mis mejillas como si me acariciase. Sería feliz desayunándola todos los días.

Cuando se había corrido un impulso recorrió su espina dorsal, sus manos agarraron mi cuello, sus ojos me decían "no te vayas" y mi cuerpo gritaba "tranquila que no me voy a ir". La cogí en mis brazos, la llevé hasta la puerta por la que había entrado y apoyándola sobre ella, con sus piernas rodeando mi cintura, volví a meter mis dedos en ese coñito tan mojado. Los movimientos de mi mano se hicieron más fuertes, llegando incluso a más profundidad que antes. Me encantó oírla gritar sin censura alguna posible, notarla dilatar y chorrear por sus piernas con la faldita subida y arrugada en su cintura. Necesitaba chupar su juguito y lo haría. 

Recuerdo que me la llevé a la cama para tumbarla y su rostro reflejaba asombro, como si no pudiese creer lo que había sucedido e iba a seguir sucediendo. Sus manos no paraban quietas, se agarraba el pelo, se tapaba la boca, se mordía el brazo, se chupaba los dedos, me acariciaba el pelo y me giraba para que la viese jugar con su lengua. Yo jugaba con sus pezones, los mordía, pasaba la lengua y luego soplaba suavemente sobre ellos, viendo la dureza que iban adquiriendo y cómo su cuerpo se retorcía cual lagartija. Pasaba mis manos por su vientre, me paraba en el ombligo y continuaba por sus piernas, tan suaves. Era la hora de quitarme el vestido, necesitaba entrelazarme con ella, sentir su ser con el mío. Solo de recordar mis pezones rozándose con los suyos se me agita la respiración, porque qué sensación aquella, es algo que podría estar haciendo horas y no me cansaría, notar sus pechos desnudos, pegados a los míos... ¡Dios!

A pesar de la rica sensación no me quedé ahí, como ya dije antes, necesitaba probar el sabor de su juguito, quería lamerlo todo  y ella lo sabía, su corazón latía con fuerza. Mientras bajaba ella erguía la cabeza para ver como llegaba a su monte de venus, cuál crónica de una muerte anunciada, como la presa que sabe que va ser devorada. Le abrí las piernas que tenía flexionadas y mi lengua, relajada, no titubeó ni un instante, se acercó a sus ingles, pasó por sus labios exteriores, besando con suavidad, haciendo notar el calor de mi aliento, bajando hacia la zona perianal, subiendo buscando el clítoris, metiendo un dedo en su coñito abierto de vez en cuando y jugando con su culo y mi saliva. Quedé pegada como una lapa al botoncito de su clítoris que la hacía encogerse y sin bajar el ritmo, mi lengua se puso dura y se movió de lado a lado, casi en círculos, nunca de arriba abajo. Ella me atrapaba, dándome señales para que siguiese así y no parase hasta que noté todo su orgasmo bajando por mi lengua y recorriendo los huecos de mi boca. Me estaba poniendo demasiado cachonda, sabía a gloria, fue la guinda de mi pastel, ya no podía más, tenía fiebre. Ariel pareciese que se percató de mi estado y de repente, con energía nueva y renovada, con un nerviosismo exhausto, se levantó, echó mano de la mochilita que traía consigo, sacó un arnés negro con un dildo ya colocado de unos 13 cm y sin rodeos y con una habilidad técnica impresionante se lo colocó y vino hacia mí. Pasé a ser la ratoncita que iba a ser devorada por la felina. Su iniciativa me dejó embobada y ansiosa. Se colocó encima mía pero no tardó en darme la vuelta bruscamente. Me puso boca abajo en aquella cama, me mordió la nuca, me abrió las nalgas y me la metió suave, directa y profundamente, tanto que gemí y ella, desde atrás, me rodeó con su brazo por el cuello y me tapó la boca. Aumentaba el ritmo poco a poco, empujaba con fuerza, yo me corría y ella paraba 5 segundos, se quedaba quieta con el dildo dentro de mi coñito y luego volvía a darme con fuerza, aumentando el ritmo de nuevo para que me corriese otra vez... 

Maravillosa partida la nuestra.

Nuestros cuerpos cayeron rendidos sobre el colchón, en trance, desorientados. Ariel preguntaba irónicamente que dónde estábamos, si en el cielo o el infierno o simplemente ardiendo encima de las nubes. Me acerqué cariñosamente a sus mejillas, la besé y acariciándole el poco pelo que tenía en su pubis, con ella entre mis brazos, nos quedamos profundamente dormidas.