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FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL, tercera parte

 

Dormimos muy bien. Mi Señor Se despertó antes que yo. Se quedó mirándome cómo dormía. Así estuvo un buen rato así, a veces me acariciaba el pelo, con mucha suavidad para no despertarme. Fui abriendo los ojos, y Le vi sonriéndome, me acarició la mejilla y me dijo

- Buenos días Mi matique.

- Buenos días mi Señor.

- ¿Has dormido bien?

- Sí, mi Señor ¿y Vd?

- También matique, ven aquí, acércate más a mí.

Yo me acerqué y me besó, nos besamos. Cuando empecé a moverme noté cómo me dolía el cuerpo y me quejé, solté un quejido de dolor. Dejó de abrazarme y me dijo que me pusiese boca abajo en la cama. En la espalda no tenía nada, pero mi culo estaba empezando a ponerse moradito. Pero sí estaba dolorida, me dolía todo el cuerpo. Me puso de lado para besarme, me preguntó si así estaba mejor y Le dije que sí, y seguimos besándonos. Con Su mano en mi cabeza me indicó que bajara hacia Su miembro, y así lo hice.

Comencé a hacerle una mamada, jugando con Su miembro con un masaje suave pero estimulante, pasando mi lengua por Su glande. Yo empecé a excitarme, estaba a 4 patas y mi Señor tenía acceso a mi sexo y empezó también a jugar con el, acariciándolo lentamente, insistiendo en mi clítoris. Los dos gemíamos de placer. Yo jugaba con los alrededores de su ano, pasando mi dedo alrededor de el, metiéndolo un poquito de vez en cuando. Mientras introducía Su miembro en mi boca Él empezó a meter Sus dedos en mi vagina haciéndome gemir de placer. Cogió un vibrador bala y lo acercó a mi clítoris, otro pequeñito lo introdujo un poquito en mi ano… dios qué placer se sentía con esos dos vibradores en dos de mis agujeros y el tercero ocupado por Su miembro dándole placer a ÉL.

Me indicó que me pusiera encima de ÉL, metió Su miembro en mi vagina, notaba como entraba poco a poco, y empecé a moverme, subía y bajaba mi cuerpo, mis pechos lo hacían al mismo compás, empezó a jugar con mis pezones, tiraba de ellos y mi placer subía unos grados, me agachaba para besarle, ÉL rozaba mi culo, a veces lo notaba un poco más y soltaba un gemido de dolor que a ÉL Le excitaba.

Nos turnábamos en movernos, y cuando lo hacía ÉL notaba como Su miembro se clavaba en lo más hondo de mí, y aumentando la velocidad era más el placer, hasta que pedí permiso

- Mi Señor ¿tengo permiso para correrme?

- No, espera un poco matique.

- No puedo más mi Señor, no voy a poder parar el orgasmo.

ÉL continuó moviéndose, aún si cabe más rápido cada vez, y de pronto paró. Me abrazó con fuerza, me besó con pasión, con deseo, mordiendo mi labio y de pronto siento un empujón bestial y oigo “Córrete”, y fue vaciarme como una catarata, un orgasmo que me hizo gemir como una loca. Cuando creía que ya había terminado repitió el mismo movimiento y volví a correrme como si hubiese sido la primera vez, a ese siguió otro y la última vez que pasó también Se corrió ÉL. Era una mezcla de Su leche entrando en mí y mi catarata saliendo, era como nadar contra corriente.

Acabamos agotados, sudorosos, no podía levantar la cabeza de la almohada que había dejado junto a la Suya, jadeábamos, cuando pude me levanté y me coloqué al lado de Él, me acariciaba el pelo

- Gracias mi Señor, gracias… ha sido increíble.

- De nada matique, tú haces que todo sea fácil.

- Ayer lo pasé muy mal mi Señor.

- Lo sé matique, yo también pero ya pasó, ahora vuelves a ser Mi matique.

- Sí mi Señor.

- Vamos a la ducha y a desayunar que estoy hambriento.

Terminamos de ducharnos, nos vestimos y fuimos a desayunar.

En el comedor había una variedad de embutidos de la zona, yescas de pan junto a un tostador, tomates cortados a la mitad, zumos, café, leche, fruta, cereales, yogures.

Le serví el café, zumo de naranja y un par de yescas, untadas con tomate, un poco de sal, aceite de oliva virgen extra y jamón serrano. Yo me puse lo mismo, pero sólo aceite en la yesca. Desayunamos tranquilamente, en la terraza de la casa, al sol… hacía un sol espléndido, un día maravilloso para estar al sol. Disfrutamos del desayuno, repetimos café.

Volvimos a la habitación, recogimos un par de cosas y nos fuimos hacia el Spa del hotel Mas Passamaner que estaba a unos kilómetros del pueblo.

Llegamos, fuimos directos a la recepción, mi Señor entregó las reservas del Spa. Nos acompañaron hacia el, nos dieron unos albornoces, zapatillas y un gorro. Entramos en el vestuario, nos cambiamos, nos pusimos el bañador y el gorro.

Teníamos contratado un circuito termal relax del spa con baño turco, sauna, ducha ciclónica, pediluvio, piscina con cascada y chorros, fue un placer y una relajación para el cuerpo pero también para la mente. Disfrutamos de la piscina, la cascada en las cervicales te relajaba bastante. Jugamos en la piscina. Al terminar, nos pusimos los albornoces, nos pusimos las zapatillas, nos quitamos el gorro y nos sirvieron la comida allí mismo, al lado del ventanal.

Era una mesa de madera blanca donde ya se encontraban los platos, las copas, y una vela de aroma a lavanda. Las sillas también eran de madera blanca. Una imagen muy romántica, en un rincón del spa, que habían preparado especialmente para nosotros. Como siempre sentarme era un poco complicado pues me dolía bastante mi culo. Mi Señor pidió de entrantes un tartar de salmón marinado con teriyaki y lima y servido con blinis y mahonesa de eneldo fresco junto a una ensalada templada de codorniz escabechada, mango y granada con escarola y romesco. Como plato principal ÉL se pidió taco de bacalao a baja temperatura con su corteza, tomate cocinado poco a poco y espuma de alioli de manzana. Y para mí pidió arroz negro de salmonetes, sepia y ajos tiernos, elaborada con fondo de crustáceos y alioli de azafrán. Para beber agua. Un café fue el postre.

Después de comer nos fuimos un ratito a las tumbonas que habían allí, conseguimos ponernos los dos en una misma, tuvo la ocurrencia de tocarme el culo y solté un gemido de dolor, dolía bastante, motivo por el cual, al tener el cuerpo tan dolorido no pude darme un masaje de exfoliación, envoltura y masaje corporal. Un masaje muy relajante que sí Se dio mi Señor, yo a cambio me hice una limpieza facial deluxe. Cuando quisimos dar por finalizada la jornada eran las 7 de la tarde. Salimos y nos dirigimos a la casa rural.

Llegamos a la habitación, cerró la puerta y me cogió de la cintura, me besó, mientras me subía la falda, me acariciaba con pasión, como si llevásemos meses sin vernos, como si ya hubiese olvidado el despertar tan sexual que tuvimos. Me subió la falda hasta la cintura dejando mi culo al aire, apretó mis glúteos con las dos manos y cuando iba a soltar un gemido me dijo entre dientes “ni se te ocurra”, lo contuve en el último segundo. Me dio varios azotes que me hicieron estremecer, me tiró del pelo hacia atrás y me preguntó

- matique ¿de quién eres?

- De mi Señor Lawrence.

- ¿Qué eres matique?

- Su sumisa mi Señor.

- ¿Qué más matique?

- Su perra, su puta mi Señor.

- Ves a por Mi collar y la correa.

Yo fui rápidamente a por ello y Se lo entregué con la mirada baja. Me lo puso, enganchó la correa y me dijo

- A cuatro patas matique.

- Si, mi Señor.

Me puse a cuatro patas, cabeza levantada, cuerpo recto y a Su paso empecé a andar. Cuando ÉL Se paraba yo lo hacía al instante, cuando retomaba el paso yo lo hacía junto con ÉL.

- Me encanta verte así, como Mi perrita.

Me detuvo delante de la cama, ÉL Se sentó al borde de la misma, y empezó a acariciar mi culo, que ya estaba empezando a estar morado, algún cachete me dio. Se untó un dedo con lubricante y jugaba con mi ano, sabía que no me gustaba mucho pero fue muy cuidadoso, lo fue dilatando despacio y metió un vibrador bala pequeño, empecé a sentir mucho placer y con el vibrador en mi ano, mi Señor Se levantó. Se puso delante de mí, Se bajó los pantalones y el bóxer y me metió Su miembro en mi boca, empezó a masturbarse con mi boca, metiéndolo y sacándolo para que pudiera lamerle los testículos. Desde esa postura llegaba a mi ano, metía y sacaba el vibrador, los dos gemíamos de placer. Me permitió correrme, y lo hice de una manera bestial, y después Se corrió ÉL en mi culo, noté como Su leche corría de mi glúteo hacia mis piernas.

Cuando me dio permiso fui al baño a limpiarme, ÉL se subió el bóxer y los pantalones y se tumbó en la cama, cuando llegué del baño me llamó a Su lado. Me abrazó, me besó en la cabeza

- ¿Te ha gustado el spa matique?

- Sí mi Señor, ha sido relajante, lo necesitaba después de la noche que tuve.

- Yo me he quedado como nuevo, necesitaba este masaje.

- Mi Señor ¿Le puedo pedir una cosa?

- Claro, dime matique.

- Podemos cenar aquí, no me apetece salir.

- Sin problemas, cenaremos aquí, ¿prefieres que nos sirvan la cena en la habitación?

- No, mejor al restaurante.

- Llama para reservar mesa.

Llamé a la recepción del hotel y reservé una mesa para las nueve de la noche. Volví a Su lado y me quedé dormida. Pronto me despertó porque llegaba la hora de la cena. Nos arreglamos y fuimos al restaurante. Fue una cena suave, una Xató a compartir y una lubina a la plancha con guarnición de patatas al horno. Para mí pidió una cerveza sin alcohol y ÉL Se pidió un vino del Priorat blanco. De postre ÉL no quiso nada y para mí pidió un mousse de chocolate.

Regresamos a la casa rural y al entrar en la habitación cerró la puerta y……



Continuará...



El Spa: www.maspassamaner.com

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL, primera parte.

Estaba lista para salir, me miré al espejo y mentalmente me pregunté “matique, ¿se podrá superar lo anterior?”

El próximo encuentro que tendría con Mi Señor no sería en Madrid, donde nos veíamos habitualmente. Sería en una casa rural, La Trampa, a las afueras de La Selva del Camp, cerca de Reus.

Nos encontraríamos en la estación del AVE de Camp de Tarragona. Ya hacía meses que estábamos juntos, este era nuestro tercer encuentro, pero siempre estaba nerviosa, ansiosa por encontrarme con Mi Señor y eso siempre, aparte de ser algo bueno y positivo, significaba que nuestra relación iba bien, íbamos haciendo Camino juntos.

Al igual que todas las veces, siempre tenía la sensación que algo se me olvidaba, o algo no estaba bien. Normalmente viajaba ya con la ropa que Mi Señor Me había indicado, pero con pantys, las medias siempre son incómodas y más en un viaje tan largo. Pero cuando quedaban 10 o 15 minutos de trayecto iba al baño y me cambiaba.

Pero esta vez algo pasó, recibí una llamada de Mi Señor diciéndome que me esperaba con impaciencia, que deseaba volver a sentir el roce de mi piel, que no veía el momento de estar junto a mí y yo, matique, entré en una mundo de sensaciones que no había experimentado antes, también deseaba lo mismo, y sólo sabía repetir, “Y yo mi Señor, y yo mi Señor”… salí del letargo en el que él me había llevado cuando escuché “Próxima parada Camp de Tarragona”. Me apresuré a coger la maleta, el bolso y dirigirme a la puerta para ser la primera en salir.

El tren paró, apreté el botón para apertura de puertas, giré a la izquierda y subí la cinta mecánica, volví a torcer a la izquierda y enfilar el largo y eterno pasillo que había hasta donde esperaban los familiares y amigos. Yo Le buscaba con la mirada y no Le veía, “Por Dios!! ¿dónde estaba?”, necesitaba ver Su cara ya. Llegué al final y nada, ojeé al rededor y estaba junto a una columna un poco apartada de la gente donde era complicado verle desde el pasillo, corrí a Sus brazos y nos fundimos en un beso, apasionado, lleno de excitación, me abracé a ÉL y Le dije “Por fin volvemos a estar juntos”. Cogidos de la mano nos dirigimos hacía el stand de alquiler de coches. Cuando estuvo preparado nos montamos en el y nos fuimos hacia el que iba a ser nuestro refugio ese fin de semana.

Mi Señor puso la mano en mi rodilla, y fue subiendo poco a poco, y conforme subía yo me iba poniendo de los nervios… cuando de repente intentó tocar mi sexo y no pudo… había olvidado quitarme los pantys y ponerme las medias… ”tierra trágame”. Me miró muy serio, yo no me atrevía a girar la cabeza, no dejaba de mirar al frente.

  • matique, ¿por qué no puedo tocar Mi coño?

Yo había bajado la mirada, me mordía el labio, no me atrevía a decir nada, ni moverme

  • matique, te he hecho una pregunta, y creo que no es muy complicada.

No tenía ninguna excusa, simplemente lo olvidé.

  • matique, quieres hacer el favor de contestarme ¿por qué no puedo tocar Mi coño?

  • Perdón mi Señor, olvidé cambiarme en el tren… me los quito ahora mismo.

  • NO, no quiero que lo hagas, ahora no… esto tendrá consecuencias y lo sabes.

  • Sí mi Señor

Más o menos se tardaba unos 25 minutos en llegar. Fuimos hablando, más bien yo contestaba a Sus preguntas, no hacía más que darle vuelta a lo que había pasado, no me lo podía creer, cometer ese fallo de novata. Me sentía humillada, pequeña, sentía mucha vergüenza por haber cometido ese fallo.

No tenía miedo ante el castigo, nunca lo había hecho, pero me enfrentaba a una nueva situación desconocida para mí.

Por fin llegamos a la casa rural, era una masía típica catalana, Pablo, el dueño, nos recibió en la misma puerta. Cogimos las maletas y nos registramos. La habitación estaba en la planta baja, independiente de la entrada al resto de ellas y al comedor. Tenía una cama de metro y medio, 2 mesillas… todo en una decoración rústica, a continuación, un pasillo con un armario y al fondo un baño.

Cuando cerró la puerta de la habitación, Su cara cambió, se volvió seria….

  • Mi Señor......

  • No quiero oír ni una sola palabra. Coloca la ropa en el armario.

Él se tumbó en la cama y yo me puse a deshacer las maletas y colocar toda la ropa en el armario.

  • Mi Señor. ya está toda la ropa colocada.

  • Ven aquí.

Mientras me acercaba a Él se levantó de la cama, me dio un beso que me supo a poco, fue tan frío, o yo al menos lo noté así. A continuación, y sin esperarlo, me soltó una bofetada mientras me tiraba sobre la cama y me decía “no se te volverá a ocurrir impedir que yo acceda a cualquier parte de tu cuerpo”.

Me subió la falda, y empezó a arrancar con las manos la parte de arriba de los pantys, con fuerza, con decisión. Rompió justo el espacio para dejar mi sexo al aire, estaba asustada, nunca Le vi así, pero al mismo tiempo era tan excitante. Me miró fijamente, con cara de enfado, de incredulidad por ese fallo cometido, y me preguntó:

  • matique, te lo voy a preguntar una vez más y por última vez, ¿por qué has venido con unos pantys, sin medias, sin poderme permitir acceder libremente a lo que me pertenece?

Yo Le miraba a la cara, no tenía ninguna explicación, solamente Le dije

  • Lo siento mi Señor, me despisté hablando por teléfono con Vd.

  • No puedo creer lo que oigo, ¿me estás echando la culpa de no estar preparada para tu Señor?

  • Es la verdad Señor, me olvidé mientras hablábamos, fue así Señor.

  • Cállate, ni una palabra más. No me esperaba esto de ti, me has desilusionado.

Aquellas palabras se clavaron como un puñal en mi corazón. A continuación se bajó los pantalones, se bajó el bóxer y me folló, simplemente, sin ningún cariño, sin ningún beso, sin ninguna caricia… de una manera fría y distante. “Ni se te ocurra correrte” dijo. Dios, cómo iba a poder hacer eso, contenerme… me estaba llevando al orgasmo, pero no sé cómo lo hice, sería el miedo, la vergüenza… estaba descolocada, creo que todo eso hizo que no me corriera, pero ÉL sí lo hizo. Cuando terminó me indicó que me levantara y limpiara Su miembro con mi boca. Una vez que lo hice, me empujó hacia atrás “así te quedarás hasta que yo te indique otra cosa”.

Se subió el bóxer y el pantalón, y salió fuera. En el jardín había unos sofás de ratán, bajo una pérgola que habían ido construyendo unas enredaderas… hacía una tarde fantástica. Se pidió un vino y Se puso a leer. Yo, mientras, seguía encima de la cama sin mover un músculo. Pensaba y pensaba qué coño me había pasado. Sabía que Su enfado no iba a ser fácil evitarlo, tampoco sabía cómo actuar ante esa nueva situación, totalmente desconocida para mí. Mi corazón estaba triste, Le había fallado a mi Señor y eso es lo peor para una sumisa. Es una sensación entre pena, rabia, incredulidad, pero sobre todo me sentía avergonzada por lo sucedido, no podría volver a mirarle a la cara. Temía el momento en el que apareciera por la puerta.

Él siguió fuera hasta que empezó a hacer fresquito y entró en la habitación. Mi corazón se aceleró al oír la puerta, ni me atreví a girar la cabeza. Se acercó a mí, me dio la mano para incorporarme y me dijo

  • A la ducha, arréglate para salir a cenar. Quiero que vayas elegante pero discreta, espero que cuando vuelva estés preparada… y a ver si esta vez no metes la pata.

  • No Señor, estaré preparada.

  • Bien, ahora vuelvo. Y cambia la cara, te quiero ver guapa y sonriente.

Ni un beso, ni una caricia. Nada, no recibí nada cuando Se fue. Mientras me duchaba, lloraba, ¿qué iba a pasar? Pero tenía que cambiar mi aptitud, me quería guapa y sonriente. Terminé de ducharme, me di crema por todo el cuerpo, me perfume con Su colonia favorita Eau de Rochas. Fui a la habitación y saqué mis medias. Una falda de tubo, negra por encima de las rodillas, una blusa con escote de pico, sujetador blanco de blonda. Me maquillé discretamente como a Él Le gustaba, un poco de sombra, raya, rimmel casi imperceptible, colorete y labios en tonos granates, al igual que las uñas de las manos. Zapatos de tacón. Me miré y remiré 100 veces en el espejo, a ver si todo estaba bien.

A las 20.30 entró en la habitación, venía sonriente, Se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla y me dijo “preciosa, voy a ducharme que tenemos reservada mesa para cenar en Tarragona”. Mientras Se duchaba Le estuve preparando la ropa, unos vaqueros, camisa de manga larga blanca y un blazer azul marino y zapatos tipo mocasín negros. Cuando Se vestía estuvimos hablando de una manera distendida, parecía que Se Le había pasado, pero yo sabía que no. Salimos a las 9 pasadas camino de Tarragona capital.

Llegamos al restaurante, era pequeñito pero acogedor, nos indicaron la mesa que teníamos reservada, un poco más apartada de las demás reservadas o ya ocupadas. Enseguida nos atendieron, empezamos con las bebidas, como siempre pidió Él “dos copas de vino Camin´s del Priorat tinto”. Estuvimos hablando de la reserva que teníamos al día siguiente para un spa en un hotel cerca de La Selva que sería una gozada: baños de vapor, termas de agua fría y caliente... ÉL con masaje, yo lo tendría más complicado. Nos trajeron la carta, como siempre pidió ÉL. Todo era para compartir, Yesca de escalibada, Tapa de lagarto ibérico y otra de Secreto.

La cena transcurrió bien, amena, nos reímos, disfrutamos de la fantástica comida. Terminamos con un café y nos fuimos. Él ponía de vez en cuando Su mano en mi pierna, y la subía, acariciando mi muslo, pero sin llegar a mi sexo, yo lo deseaba y Él lo sabía. Llegamos a la casa rural, entramos en la habitación, yo pasé delante y ÉL cerró la puerta tras de sí. Dejé la chaqueta y el bolso en la silla, me giré hacia ÉL, seguía apoyado en la puerta mirándome muy serio, me indicó que me acercara, cuando llegué a Su lado me cogió de la cintura, me besó, era un beso entre tierno y un poco arisco, me subió la falda y mi culo quedó al descubierto… recibí un par de azotes, ni siquiera me atrevía a quejarme. Me desabrochó la blusa, subió mi sujetador y mis pechos quedaron al descubierto, acercó Su boca y mordió los pezones, notaba Su rabia y no pude más, solté un “Ay”, levantó la cara y me dio una bofetada.

  • matique ¿te duele?

  • Sí, mi Señor

  • Bien, sabes lo que va a tocar hoy, ¿no? -Dijo con una sonrisa pícara.

  • Imagino Señor.

  • ¿Imaginas? No Mi matique, no. Ni te lo imaginas. Desnúdate y ves al baño, posición de espera.

Me dirigí al baño, me quité la ropa, la coloqué en el armario y volví al baño. Me puse en posición de espera: de pie, piernas abiertas, manos a la espalda y cabeza baja. Esta vez fue Él quien sacó los juguetes de la maleta y los fue colocando en un silloncito estrecho y alargado que había antes de entrar en el baño y frente al armario. Cuando entró en el baño me dijo

  • matique, mírame.

Levanté la mirada y Sus ojos se clavaron en los míos.

  • Hoy no tendrás nada, no tendrás Mi collar, no tendrás pañuelo y no tendrás muñequeras… sabes lo que significa eso, ¿verdad Mi matique?

  • Por favor Señor, no me deje desnuda, sin sentir como debo sentir, sin mi apoyo.

  • La próxima vez tendrás la cabeza donde la tienes que tener, y no privarás a tu Señor de tener acceso a lo que es Suyo.



Continuará....

Lugar donde transcurre la historia: http://casarurallatrampa.com/


ENCANTO


matique se preparaba en casa para salir hacia la estación. Había vuelto a quedar con Su Señor Lawrence en su refugio de Madrid. Era un sitio especial para los dos, pero más para Él, tenía encanto, un rinconcito donde degustar un buen caldo mientras se disfruta de un buen libro. Cosa que Él hacía todas las noches.

En el viaje repasaba lo que Le había manado Su Señor: vestido, medias e ir sin bragas. Maquillaje discreto. Uñas y pies en tonos granates con el rouge icónico de Dior 999, impecables.

En su pequeña maleta llevaba todos los juguetes, fusta, cuerdas, pinzas, vibradores, collar… lo iba repasando mentalmente. No sabía por qué, pero iba más nerviosa de lo normal, como si algo le faltara y que Le había ordenado expresamente Su Señor. Eso era del todo imposible. matique se había levantado temprano y durmió un poco en el viaje.

Su Señor y ella se iban mandando mensajes, de las ganas que tenían de volver a verse, de todo lo que habría evolucionado matique en este mes y pico sin verse.

Recibió un mensaje de Su Señor que ya había llegado a Atocha y que la esperaba. A la media hora aproximadamente de llegar Él, el tren de matique hacía su entrada en Atocha Cercanías. Fue la primera en bajar del tren y con paso firme se dirigió a las escaleras mecánicas y cruzó el control de viajeros. La esperaba en Brillante donde degustaba del Madrid popular. Él le sonrió, la besó mientras sentía como la caricia de Sus yemas sobre su tez araban su alma, luego la abrazó y matique se sintió la sumisa más feliz del mundo.

Como siempre ÉL Le pidió un café largo con leche fría y azúcar. Mientras lo tomaba, matique no paraba de hablar y de comentarle a Su Señor cosas cotidianas y que, en cuanto hicieran el check in en el hotel, dejarían las maletas en recepción. Le tenía preparada una sorpresa y no quería perder más tiempo en la cafetería.

Su Señor estaba un poco expectante, ¿de qué trataría la sorpresa que Le había preparado matique? Había veces que Le descontrolaba. Se dirigieron a la parada de taxi y pusieron rumbo en uno al hotel que su Señor había reservado.

El hotel era el Urban, en la Carrera de San Jerónimo. Un hotel sofisticado, pero con encanto. Un poco grande para lo que Le gustaba a su Señor, pero tenía un espacio para Su lectura. La habitación que había reservado era del tipo dúplex. En la parte superior había una pequeña sala con un sofá de cuero, una mesa de cristal y un armario, en la que podía deleitarse con Su lectura.

Llegaron al hotel, dejaron las maletas y en el mismo taxi se dirigieron a una librería con historia, con su propio encanto. La librería Grant, en la calle Miguel Servet, en pleno barrio de Lavapiés. Al llegar a este mundo de la letras, de estantes de madera hasta el techo repletos de libros, la típica escalera para llegar hasta ellos, mesas por medio con más libros,... Olor a papel y madera se mezclaba en una armonía que embriagaba.

La cara de su Señor fue de quedarse con la boca abierta, jamás pensó que ella Le llevaría a uno de Sus lugares favoritos, una librería. Llegaron sobre la 1 y se fueron pasadas las 2 de la tarde, y con dos o tres libros en sus manos. La cara de felicidad de su Señor era espectacular, estaba como un niño con zapatos nuevos. Nunca Le había visto así de contento. Salieron andando y cogidos de las manos, pararon un taxi y se dirigieron al Restaurante Bel Mondo. en la calle Velázquez, un italiano muy peculiar. Su Señor pidió de entrantes mortadela al Tartufo y Calzocini para compartir. Y a ella, como sabe que no le gusta el queso, le pidió una Black Mamba y Él se pidió Famosa Mafaldina al Tartufo y de postre la tarta de limón con merengue. Para ella pidió cerveza sin alcohol y ÉL se tomó un par de copas de vino y agua. Estaban hambrientos. El postre de merengue fue espectacular. Al salir se dirigieron al paseo de la Castellana y allí cogieron un taxi que los llevó al hotel.

Al montar en el ascensor, su Señor la “acorraló” contra la pared del ascensor y empezó a besarle, a subir su falda, ya durante la comida y el taxi había comprobado su grado de humedad. Su grado, el grado de excitación de ambos iba in crescendo.

Entraron en la habitación, la puso contra la pared y le subió el vestido hasta la cintura. Al estar de espaldas dio unos buenos azotes en su culo mientras ella, con la cara girada, trataba de buscar Su boca que Él escondía en todo momento. Así estuvo acariciando su cuerpo, sus pechos. Levantó el sujetador y quedaron al aire, masajeaba los pezones, ella no podía parar de gemir, del placer que estaba sintiendo con esa situación.

Fueron a la habitación, la cama era extra grande, antes de llegar a ella pasaron junto a las escaleras que subían hacía el salón de lectura.

Justo frente a la cama había un escritorio, su Señor le indicó que sacara todos los juguetes, cuerdas, pañuelo, muñequeras y las pusiera bien colocados encima de ese escritorio. Y así lo hizo. Se había bajado la falda, se quedó de pie esperando instrucciones, y Él empezó a dar vueltas a su alrededor… la estaba poniendo muy nerviosa. Se puso frente a ella, tenía la mirada baja pero podía intuir Su seriedad, estuvo un rato, el adecuado, observándola. De pronto notó Sus dedos que le levantaban la cara por la barbilla, le acarició la mejilla y de repente sintió dos tortazos, uno en cada mejilla. Se quedó tan petrificada que ni se atrevía a quejarse, ni mover un solo músculo de su cuerpo, su cara era más de susto que de excitación. Le preguntó

- matique, ¿sabes por qué te has ganado esas dos bofetadas?

Contesté con la mirada baja - No mi Señor

- Todo comportamiento tiene una consecuencia, cuando nos conocimos, al poco, y sin Mi permiso indagaste en algo que no debías de haber hecho, esa consecuencia lleva implícito su castigo, ¿lo entiendes?

- Sí mi Señor

- Y la otra es por tu sumisión, no es un castigo, es un premio. Y ahora dicho esto, por favor empieza a desnudarte.

- Sí mi Señor

Se quitó toda la ropa y se quedó desnuda delante de ÉL. Le indicó que levantara la mirada, y Le observara cómo recorría su cuerpo con Sus ojos sin perder detalle de el. Luego notó como pasaba Su mano por sus hombros recorriendo el brazo hasta llegar a la mano y acariciarla. Después su vientre, surcando el ombligo, subiendo despacio, casi sin tocar su piel, con las dos manos recorría sus pechos, los dibujaba con la perfección del arquitecto, hacía círculos alrededor de sus pezones. El estado de excitación de matique estaba elevándose a la enésima potencia, ella Le notaba también excitado. Apretó los pezones, y cuando más lo hacía su cara fue cambiando a una expresión de dolor, se mordía los labios metiéndolos hacia dentro para aguantar el dolor que cada vez era más insoportable, lo cual le obligaba a cerrar los ojos y a gemir de dolor. Y cuando ya creía que no podía más, paró y la besó, con un beso lleno de ternura, de confianza, de pasión, como diciendo “luego vendrán más”.

Le indicó que Le fuera quitando la ropa, con toda la delicadeza que pudiera imprimir al momento. Empezó por la chaqueta, que la colocó en un galán que había en la otra parte del escritorio. La camisa, botón a botón, besándole mientras lo hacía. Con las dos manos y a la altura de los hombros tiró de ella hacia atrás y cayó sobre la cama. Se puso de rodillas y desabrochó el cinturón, el cual indicó que lo pusiera junto con el resto de los juguetes. Desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera y quedó al descubierto Su bóxer, se notaba Su erección. Sin quitárselo empezó a pasar su mejilla por ella, su boca cerrada se refregaba con lascivia contra su miembro protegido por una pequeña tela que no impidió que se colara alguna gota que segregaba Su miembro cada vez más excitado.

Seguía de rodillas y Le bajó con las dos manos el bóxer. Su miembro, en una erección brutal, quedó al descubierto. Con sus manos a la espalda (como Él le había indicado una vez bajados los boxers) empezó a jugar con con la boca con Su miembro, con Sus testículos. Los lamía e intentaba meterlos en su boca, lamía también Su miembro de arriba abajo, en algunos momentos tenía su mirada clavada a la de Él, viendo, sintiendo, gozando del placer que Le estaba haciendo sentir a su Señor.

Al rato le indicó que terminara de desnudarle, colocó toda la ropa en el galán y se paró a la altura del escritorio.

Lo primero que Él hizo fue ponerle Su collar, en ese momento matique fue otra persona, ya se sentía ella misma, ya estaba en equilibrio, ya entraba en juego la sumisa. No es que antes no lo hiciera, siempre está, pero el símbolo del collar es un momento especial para la sumisa, es símbolo de pertenencia, es como si te pusieran el vestido de fiesta más bonito del mundo. Pero no tiene color a lo que sientes con una cosa y con otra, con el vestido puedes estar guapa, bella, atractiva y con Su collar estás majestuosa, totalmente vestida por dentro y por fuera, aunque estés desnuda dejas de sentir esa desnudez. Te cambia la cara, la sonrisa, tus ojos brillan…porque ya eres TÚ en mayúsculas, ya se ha completado el círculo.

Mientras le ponía el collar su posición era de piernas abiertas, brazos cruzados a la espalda y cabeza baja, es una posición de espera, espera a ser vestida, a ser complementada como si de las mejores joyas del mundo y más caras se trataran. Para una sumisa hay 3 cosas que son SUS JOYAS: collar, pañuelo y muñequeras. El collar ya lo he explicado antes. El pañuelo es el que hace que pierdas el sentido de la vista, pero agudices los demás, y no se siente un azote igual viendo que sin ver. Es más profundo, es más expectante, es un chasquido que sientes como retumba dentro de ti, y con los demás elementos que se emplean en una sesión pasa igual. Y las muñequeras y tobilleras son las que te atan a un lugar de placer, que te dan la libertad para ser tú, para sentir, atada, sometida, inmovilizada todo el “sufrimiento” que va a llegar, pero con el cual el placer que sentirás será sublime, excelso… No se puede describir, es algo que tanto el Dominante, en Su medida, y la sumisa en la suya, sienten. Donde una mirada basta para saber lo que sienten, o una simple caricia. Caricias que se disfrutan estando atada, aquí fue a la barandilla del dúplex, que te pone la piel de gallina, buscas esa mano con la cabeza, y sientes lo que ÉL está sintiendo en esos momentos. Baja Su mano hasta su sexo y comprueba que está empapado de placer, de gozo, del placer de sentirse sumisa, de entregar su sumisión, no hay mayor regalo para su Señor que poder introducir varios dedos a la vez en el interior de su sexo y que no tenga ningún tipo de impedimento, que no ha necesitado lubricar porque ya con sus jugos estaba lubricado, no hay placer mayor. Con Sus dedos dentro de ella su excitación subió varios grados de intensidad, casi estuvo a punto de correrse, pero Él lo notó y paró, era demasiado pronto para concederle ese placer.

Se separó, pasaron varios minutos que se le hicieron eternos a matique, Le oía en el escritorio, e imaginaba que eligiendo el juguete con el que iba a empezar la sesión.

Fueron unas pinzas con cadena, las cuales fueron colocadas en sus pezones, con varios pesos. Acariciaba sus pezones ya pinzados, empezaban a doler pero el placer que sentía le hacía estirar su cuerpo y soltar un gemido de placer. Siguieron una tanda de azotes con la fusta, la mano y para terminar con el cinturón. De vez en cuando acariciaba sus glúteos para calmar el dolor, acariciaba su espalada y la besaba en la mejilla.

La desató, la cogió de la mano y la tumbó en la cama. La puso en posición vertical, sus piernas formando un ángulo de 45 grados, y empezó a notar la lengua de Él en su sexo, como acariciaba su clítoris, ella se arqueaba de placer. Así estuvo un rato, luego metía un dedo, y cogió uno de los vibradores y lo puso en el clítoris, ella se retorcía de placer, sus piernas empezaban a temblar, su orgasmo era inminente, pero paró.

Le pidió que se pusiera a cuatro patas, Él se tumbó en la cama, y le llevó su cabeza a Su miembro, el cual metió en su boca, haciendo movimientos de subida y bajada mientras sus testículos eran acariciados por sus manos, los lamió también. Dejó el glande al aire y pasó la punta de su lengua haciendo círculos sobre el, se retorcía de placer.

“Para”, le indicó Él. Se puso a su lado y le quitó el pañuelo, no sin antes advertirle de la luz. Poco a poco se fue acostumbrando a ella. La tumbó a Su lado, la abrazó y la besó, y volvió a indicarle que siguiera haciéndole una mamada. Ella se puso con la cabeza entre Sus piernas y empezó a meter su lengua en Su ano, notó cómo Se estremecía, y cuánto más Se estremecía ÉL más jugaba ella con todos Sus miembros sexuales.

Al cabo de un rato le dijo “sube aquí”. La puso a Su lado, la besó con besos apasionados, llenos de lujuria, de deseo contenido, como si todavía no hubiesen tenido bastante con el placer que llevaban sintiendo, pero no, realmente no. La penetró como si no hubiera un mañana, suave, más rápido, besándole, ella pidió permiso para correrme, se lo concedió y sintió cómo se le iba la vida, como moría en un orgasmo tras otro, sin poder parar, estaba encima de ÉL y cada vez se notaba más mojada, finalmente ÉL se corrió dentro de ella, notó como Su leche caliente la invadía, llenaba todo el espacio que dejaba Su miembro dentro de ella, notó cada convulsión que daba conforme salía el jugo de Su placer, para acabar, sin sacar Su miembro de dentro de su cavidad vaginal, encima de ella, jadeante y sudoroso, como estaba ella también. Cuando recuperaron el aliento se fundieron en un beso lleno de ternura, de cariño, de mimo, pero no dejaba de tener esa esencia de pasión.

Estuvieron comentando cómo había ido y se fueron a la ducha, en la cual, volvieron a disfrutar de mimos, caricias, besos… no sé qué tienen las duchas que te invitan a volver a tener sexo, a follar otra vez, cuando notas el agua caer.

Se secaron, matique a Él como siempre, y se pusieron los albornoces. Subieron al saloncito de arriba, había un par de mantas en el armarito y se recostaron en el sofá con ellas, Él cogió Su libro de Proust ”En busca del tiempo perdido”, ella se apoyó sobre Él y se quedó dormida.


Lugares mencionados en este relato:


PRIMERA VISITA DE MATIQUE A MADRID

 


Nos encontramos en la estación. El había llegado antes que yo y me esperaba tomando un café en una de las múltiples cafeterías que hay en Atocha. Yo iba hecha un manojo de nervios, ¿cómo sería ese primer contacto? ¿habría dos besos uno en cada mejilla? ¿habría beso en los labios, apasionado, seguido de un abrazo?. Mi cabeza no paró en todo el tiempo que duró el viaje.

Y por fin llego, bajo del tren, subo las escaleras mecánicas, paso el control de viajeros y enfilo dirección hacia la primera cafetería que hay frente al Imaginarium. Le veo de espaldas y mi corazón se acelera, pulsaciones a 140 por lo menos, estoy a metros de ÉL, por fin, después de tanto tiempo nos veremos, nos tocaremos, nos oleremos, sentiremos nuestra respiración. Imagino que igual ÉL también estará nervioso, espero que no, que alguien al menos esté tranquilo.

Estaba de espaldas, pero al mismo tiempo que llego a la entrada de la cafetería se gira, cuando me ve me sonríe y Le devuelvo la sonrisa. Se levanta del taburete y cuando estoy justo a Su lado me dice “bienvenida matique, un placer por fin conocerte en persona”, yo Le contesto “el placer es mío Señor” y a continuación me da un cariñoso beso en la mejilla, sólo uno, pero que hace que sea intenso y que dure un poco más de los normal. Realmente me sabe a poco. Pero todo se está haciendo a Su ritmo, como Él cree que debemos llevar la relación. Me ofrece un asiento, y me pregunta

- ¿Tomarás un café o prefieres otra cosa?

- Café Señor, gracias.

En ese momento recordé una conversación en la que me dijo que ÉL pediría por mí.

- Por favor, un café largo con leche fría y azúcar.

Observé que ÉL estaba bebiendo agua. Me pusieron el café. Yo estaba súper tensa, pero me cogió la mano mientras hablábamos, y me fui calmando.

Después de tomar el café, cogimos un taxi y nos fuimos al hotel. Nos registramos, yo me dirigí al baño y me cambié de ropa. Falda negra, medias, jersey negro que hacía que mi sujetador, también negro, se transparentara. Dejé la maleta en recepción con la suya y nos fuimos a dar un paseo por la Gran Vía. E hicimos realidad lo que dijimos, bailar nuestra canción por la Gran Vía de Madrid. Fue muy muy divertido.

Luego nos dirigimos hacia la Plaza del Sol, calle del Carmen y en un bar pequeñito, que es visita obligada cuando se va a Madrid, comimos un bocadillo de calamares y picamos algo más. No parábamos de hablar, de tener las conversaciones que siempre habíamos querido tener, cara a cara, sentados en los taburetes bajitos, de lado para estar de frente, notaba Su mano en mi pierna, de vez en cuando subía un poco más, Sus ojos clavados en los míos observando mi reacción, y yo cada vez estaba más excitada… habíamos comentado tantas veces este momento, y era realidad. De vez en cuando nos besábamos, nos cogíamos las manos, teníamos tanta necesidad de sentir y de tocarnos. Era una situación que me hacía excitar a cada roce con Su piel, Su mirada era penetrante, Su sonrisa maravillosa y Su voz, Su voz que tantas veces escuché por mensajes de audio, era si cabe, más dulce y más atractiva al oído, que me hacía estar alerta a cada momento a Sus deseos, a veces era más amable otras era tajante, para que me quedara claro, por si aún no lo tenía, quién era ÉL.

Al terminar de comer, nos fuimos al hotel, recogimos las maletas al llegar y subimos a la habitación. En el ascensor me besó, me miró serio y noté como Su mano subía por mi muslo hasta llegar a mi sexo, sexo que estaba al desnudo pues esa fue la orden que me dio. Sólo rozarlo y no pude por menos que soltar un gemido de placer. Estaba tan cerca que noté como Su miembro marcaba mi pierna.

Entramos en la habitación. Era una habitación sencilla pero sofisticada. Nada más entrar estaba el armario, el baño y la habitación. La cama era extra grande, cabecero de madera con mesillas incrustadas en el. Luces de lectura al aire. Un ventanal nos ponía Madrid a nuestros pies, en la esquina un bonito escritorio, una silla y una gran pantalla de televisión. Justo delante del ventanal, y frente a la cama, había una butaca de cuero negro y al lado una mesita de cristal.

Dejamos las maletas y me cogió del pelo y me besó con lujuria, cogió mis pechos con fuerza, me acarició de arriba abajo. De repente me apartó, Se dirigió a la butaca, Se sentó y me dijo

- matique, mastúrbate para mí.

Empecé a temblar, bueno, no había dejado de hacerlo en todo el día. Abrí mi maleta, saqué los vibradores que iba a utilizar. Una bala pequeña, una más larga y estrecha, y un vibrador clitoriano, el bote de lubricante, y los puse en la mesilla. Cogí una toalla del baño y la puse encima de la cama.

Me desnudé completamente, me dirigí a la cama, me tumbé encima de la toalla, cogí un poco de lubricante y unté la bala pequeña.

El hecho de saber para qué iba a servir me excitaba mucho más de lo que ya lo estaba, tener el honor de hacerlo por quién lo hacía ya era sublime, que no es otra que nuestra C., pero saber que durante todo el tiempo que durase mi masturbación Él estaría sentado en la butaca de cuero, un poco apartado pero con una visión suficientemente clara de todo mi cuerpo, mis pechos, mis movimientos, mis expresiones, mis arqueos, y lo justo para poder oír mis jadeos, fue un deleite.

Esa bala pequeña va entrando poco a poco en mi ano, no fuerzo más pues noto el vibrador y es suficiente para excitar esa parte de mi cuerpo que jamás sintió nada de placer. La siguiente bala, más larga, va a mi vagina, y llega hasta el fondo, cuando la noto muy dentro la enciendo y la dejo que vaya haciendo su trabajo, follándome despacio y suave, pero con una vibración muy efectiva.

Y le veo, sentado, piernas cruzadas y la mano casi cerrada, excepto el dedo índice que apoya en la mejilla y el pulgar en la barbilla.

Por último, enciendo el vibrador clitoriano, al cual he puesto una cantidad generosa de lubricante.

Ya están todas las zonas cubiertas, ya pienso en cómo sentía Catherine Millet* en esos momentos, poseída por un número a veces determinado de hombres. Y otras veces indeterminado. El placer que ella siente lo siento yo, y noto como mi cuerpo se arquea, se mueve con determinación al ritmo del vibrador principal que es el clitoriano, intercambiando el ritmo, y llenándome más del placer que sería sentir Su miembro dentro de mí y mientras veo como me observa impasible, sin mover ni un músculo, ni la posición.

Sigo pensando en Catherine Millet*, en el placer que siente al ser libre de poder follar como ha querido, cuando ha querido y con cuantos ha querido. Y me veo haciendo lo que nunca hice, y noto que la excitación va alcanzando niveles de explosión. Aún con los ojos cerrados noto Su mirada clavada en mí, en mi sexo, en mis pechos como son manoseados por mis manos, pinzados mis pezones, el arqueo de mi cuerpo, no perdiendo detalle de cada músculo que se me mueve.

Pienso en Catherine Millet cuando folla por su lugar favorito, es enculada y siente los enviones que le propina su compañero del acto, notando como su miembro se clava hasta dentro, y luego viene uno más fuerte que no esperas, y así una y otra vez… y en ese momento clavo mis ojos en los Suyos, anunciándole lo que está a punto de suceder.

Exploto, tengo “mi pequeña muerte” que dicen los franceses (la petite mort), y me abandono a un orgasmo que no se puede explicar, pero que hace vaciarme por dentro durante un tiempo, sin dejar de gemir ni un instante, hasta terminar extenuada, con una respiración cansada, boca seca y abandonada al placer de las convulsiones posteriores a un orgasmo… al cabo de unos instantes Le miro, y Le susurro un… GRACIAS SEÑOR

Basado en un hecho real.

*Catherine Millet es comisaria de exposiciones, crítica de arte y autora del libro “La Vida Sexual De Catherine M.” donde narra detalles de su vida sexual, describiendo de forma explícita encuentros sexuales que involucraban a desconocidos y a grupos de hasta 150 personas en una gran variedad de escenarios. Libro disponible en nuestra tienda, al igual que los juguetes mencionados en el relato.

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