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RED HOT ROOM

“Donde la fantasía se hace realidad”, así se podría resumir lo que ofrece Red Hot Room, y más si practicas BDSM o quieres probar algo nuevo. Este apartamento ubicado en un barrio con historia y arte, a diez minutos andando del centro de Jerez, es totalmente discreto, con acceso directo desde la calle con un código que se proporciona al hacer la reserva. Ni hay cruzar un patio de vecinos ni interactuar con el propietario si no se quiere.

Una vez se introduce el código accedemos Mac un espacio donde a la izquierda encontramos una jaula aprovechando el rincón, una cruz de San Andrés con esposas incluidas tanto en la parte superior como inferior, un reclinatorio con cepo para la cabeza y las muñecas, y sobre este un televisor. Justo en el centro de este espacio se haya un cómodo sillón tántrico y a la derecha encontramos una cama artesanal de madera (hecha exprofeso por un carpintero profesional) con esposas en el cabezal y en la piecera o pie de la cama, que incluye también un cepo y esposas en el lado exterior. En una de las dos mesillas de noche nos topamos con unos pequeños detalles para usar durante el tiempo que estemos en este apartamento.

A un lado de la cama encontramos una banqueta donde encontramos toallas y donde podemos dejar nuestra ropa y enseres, al lado de esta vemos un cubículo en la pared con puerta de cristal donde podemos ver artículos disponibles a la venta, que se pueden solicitar al propietario o pedir directamente a Tu Punto Hot con entrega sin coste antes de las 22:00. Justamente enfrente encontramos un acceso a un pequeño espacio donde se encuentra un frigorífico, con vasos y copas, y una pequeña mesa por si deseamos comer algo durante la estancia. Para pasar a este espacio hay que esquivar un columpio que está instalado justo en el hueco de acceso. En este espacio encontramos la puerta al aseo compuesto por un lavabo y un inodoro con un detalle curioso, a falta de bidet hay instalada una manguera para el aseo íntimo que cuenta con agua fría y agua caliente. Si deseamos darnos una ducha o un baño tenemos que volver hacia atrás, en la zona del frigorífico hay otro hueco que nos lleva a la ducha, una ducha abierta de pared a pared y en cada pared una manguera y varios chorros horizontales, que permite un aseo a la vez de la pareja o incluso de más personas. Pero si lo que buscamos es darnos un baño disponemos en la misma zona de un magnífico jacuzzi, que es muy útil para relajarse después de haberle sacado todo el provecho al apartamento. Desde el jacuzzi se tiene visión de la cama y el sillón tántrico ya que otro hueco nos da acceso a lo que podríamos llamar la zona de juegos, y viceversa, desde el sillón tántrico se puede contemplar en plenitud la ducha, y por ende a quien se ducha.

Para generar un mejor ambiente de juego el apartamento cuenta con luces tenues y led de colores que se pueden controlar con un mando a distancia, que se encuentra en la mesilla junto al mando del televisor y del aire acondicionado. Las luces están disponibles en la zona principal dando la vuelta a un espejo que cubre todo el techo. Indicar que si se ve algo que sobresale en un lado del espejo es el receptor del control de las luces no una cámara de vigilancia. Como se dijo al principio el apartamento es discreto, y privado, y lo que ocurre en Red Hot Room se queda en Red Hot Room y por mucho tiempo en la memoria de quien pasa una jornada aquí, más aún si se tomamos fotografías o grabamos algún vídeo de nuestros juegos calientes. Hablando de fotografías y vídeos, si se quiere un recuerdo profesional cabe la posibilidad de contratar a un fotógrafo profesional con el que se colabora habitualmente. Hay quienes hacen uso de este apartamento sólo para sesiones fotográficas, o grabaciones de vídeos, tanto para uso propio, como para generar contenido que luego usan en redes sociales profesionales como onlyfans, o de carácter liberal.

Si nuestra idea es contratar al fotógrafo lo ideal es indicarlo al hacer la reserva para que el fotógrafo se ponga en contacto directamente con nosotros y así cuadrar lo que sería una sesión memorable. También al hacer la reserva se puede indicar si deseamos una botella de cava, algo de comer, o cualquier otra cosa para que a la llegada la tengamos disponibles sin tener que salir cuando queramos disfrutar de viandas que nos hagan recuperar fuerzas. Evidentemente según lo que se pida el coste del apartamento aumentará algo el precio. Para ayudar a evitar el sobrecoste y si vamos a desear algo de Tu Punto Hot podemos hacer nuestro pedido directamente a la tienda, sea a través de la web, por WhatsApp o por cualquiera de nuestras redes indicando que para el Red Hot Room, tendrás un 10% de descuento sobre el pedido y a la llegada lo encontraremos todo sobre la cama. Como se dijo más arriba, estando en el apartamento se puede pedir lo que se desee para entregarse allí sin coste adicional pero sin descuento.

Para quien esté interesado en reservar Red Hot Room informar que junto al alquiler se incluye una fianza que se devuelve una vez se revisa que todo está correcto y no falta nada de las cosas que incluye el apartamento, se ha dado el caso de que se han llevado desde abridores hasta las esposas. Una vez se abandona el sitio no suele pasar más de una hora en ir la limpiadora y hacer revisión de todo lo que tiene apuntado en una hoja, listado que también recibe el inquilino para que sepa el contenido del espacio, y si todo está correcto la fianza se devuelve en un plazo no mayor de dos horas desde que cerramos tras nosotros la puerta del Red Hot Room.

Tu fantasía te espera...

Para más información y reservas: 682023537 (disponible WhatsApp). 

UNA NUEVA EXPERIENCIA

Nuestra relación iba avanzando en el tiempo, los dos progresábamos, crecíamos juntos, hacíamos Camino juntos. Yo aprendía de todo lo que me iba enseñando mi Señor. Por circunstancias ajenas a nosotros, tuvimos que estar dos meses separados y estábamos deseando vernos. Volver a sentir Su piel, Su olor, volver a ver Sus ojos tan expresivos, que a veces, quizás muchas veces, hablaban solos. Tocar Sus manos, sentir Sus abrazos, Sus besos… pero también sentir Sus azotes, Sus caricias, sentirle dentro de mí.

Nuestras últimas conversaciones se estaban encaminando a mi crecimiento como sumisa, a tener nuevas experiencias, nuevas relaciones, interactuar con otras personas. A mí no me hacía mucha gracia, pero sí era importante para nuestra relación.

Hablamos de la nueva experiencia que íbamos a tener en un par de semanas. Mi Señor se encargó de todos los trámites. A través de un amigo Dominante consiguió alquilar una casita, en Cassà de la Selva, muy cerca de Gerona. Contaba con salón con amplia chimenea, 2 dormitorios, 2 baños, cocina y mazmorra totalmente acondicionada en el sótano. Tenía Cruz de San Andrés, cepo, potro, todo tipo de objetos y juguetes, columpio, suspensiones… todo lo que se pueda imaginar. Estaba deseando que llegara ese fin de semana, pero a la vez super nerviosa por la nueva experiencia.

Llegó el fin de semana. Cogí un avión a Barcelona, mi Señor me estaba esperando, nos fundimos en un abrazo, nos besamos… ya estaba tranquila, ya estaba con ÉL. Es de las cosas más importantes para una sumisa, estar con Su Señor, juntos… piel con piel.

Nos dirigimos al coche y pusimos rumbo a la casita. Una hora y media de camino en la que fuimos comentando como sería el fin de semana, en todo momento mi Señor fue tranquilizándome, que sería una experiencia muy positiva, que me protegería en todo momento, que no se haría nada que yo no quisiera, sería como una sesión entre los dos, pero con un extra.

Llegamos a la casita, con unas vistas maravillosas, deshice las maletas y nos fuimos a comer. El viernes lo pasaríamos solos, hasta el sábado por la tarde noche que llegaría la otra persona. Comiendo Le pregunté:

- ¿Mi Señor, no me va a decir nada? ¿Dominante, Dómina, sumisa?

- No matique, será toda una sorpresa que no verás.

- ¿Cómo que no veré mi Señor?

- Sabrás si es hombre o mujer, evidentemente, pero no le verás la cara, estarás en todo momento con los ojos vendados.

- ¿Por qué mi Señor?

- Porque me apetece ver tu reacción, tus caras, cómo se moverá tu cuerpo, cómo te entregas sin conocer a la otra persona… y nunca sabrás quién es.

- Usted sabrá mi Señor, confío plenamente en Usted, será más excitante.

Después de comer, nos fuimos a la casa. Estábamos cansados, el vino había hecho buen efecto en nuestro cuerpo y nos dirigimos a la cama. Evidentemente no pudimos controlar nuestra pasión, deseábamos sentir nuestros cuerpos, nuestros besos, nuestras caricias… dentro del BDSM existe el cariño, el amor hacia el Dominante y del Dominante hacia la sumisa. No todo es sesión, y se puede hacer el amor con todo el cariño del mundo del uno hacia el otro. Hicimos el amor como hacía tiempo, con toda la pasión que nuestros cuerpos despedían. Deseábamos sentirnos uno encima del otro, jugar con nuestros juguetes sexuales: balas, bolas chinas, vibradores… Disfrutamos como locos, como si fuera nuestra primera vez, necesitábamos ese contacto y fue todo un placer sentir los numerosos orgasmos que me regaló mi Señor y volver a sentirle dentro, como vertía Su leche dentro de mí, notar Su calor, sentir como Se estremecía de placer y luego volver a limpiar Su miembro con todo el cuidado que merecía, con dulzura, pasando mi lengua una y otra vez para que quedara impecable, y sabía lo que disfrutaba mi Señor en ese momento.

Nos quedamos medio adormilados un rato, acurrucados, sintiéndonos lo más cerca posible. Sobre las seis nos levantamos, nos preparamos un café y fuimos a ducharnos. Nos arreglamos y disfrutamos del pueblo, paseando de la mano por las calles estrechas y llenas de historia. Cenamos en un pequeño pero acogedor restaurante y volvimos a la casita.

Disfrutamos de una pequeña sesión, mi Señor quería reservarme para lo que me esperaba al día siguiente, acabamos esta vez follando como locos y después dormimos plácidamente.

A la mañana siguiente amanecimos sobre las nueve, hacía un precioso día y decidimos desayunar en el porche, ducharnos y salir a caminar por el bosque, por la naturaleza, disfrutando del impresionante paisaje que nos rodeaba. Volvimos a casa sobre la una, un buen aperitivo y preparamos la comida. La tarde pasó tranquila, hablando de múltiples cosas, de nosotros, tumbados en el sofá, relajados… disfrutamos del tiempo, seguíamos haciendo Camino que era lo importante.

La cena iba a ser un poco informal, a base de embutidos, aperitivos varios, buen vino pero con sorpresa. Habíamos quedado a las nueve de la noche. A las ocho empezamos a preparar todo, nos duchamos… yo iba con un vestido negro, con cremallera en la parte de detrás, medias, zapato de tacón y sujetador de encaje negro.

Cuando iba a llegar el momento, mi Señor me vendó los ojos, con mucha delicadeza colocó el pañuelo en mis ojos, mientras no dejaba de susurrarme al oído “tienes que estar tranquila, matique, siempre estaré a tu lado”, contesté “lo sé mi Señor”. Noté que me colocaba en medio del salón cuando se oyó aproximarse un coche, mi corazón iba a mil, llamaron al timbre y oía los pasos de mi Señor aproximándose a la puerta para abrir. Y de repente supe qué iba a ser, hombre o mujer.

- Adelante Joan, bienvenido.

- Amigo un placer volver a saludarte.

Se saludaron con un efusivo abrazo.

Por fin el enigma se había disipado, era un Dominante amigo de mi Señor. Se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla, su olor me embriagó, su manera de poner su mano acariciando mi brazo, una mano firme, suave… ”un placer conocerte por fin, matique”, “el placer es mío Caballero”. Mi Señor me cogió de la mano y me acercó a la mesa, me indicó donde sentarme, acercándome a la silla, noté que estaba en la cabecera de la mesa y ellos dos a mi alrededor. Empezamos a cenar, mi Señor me iba dando la comida, diciéndome lo que era cada cosa, notaba de vez en cuando la mano de mi Señor en mi rodilla como señal tranquilizadora. Terminamos la cena, mi Señor me cogió de la mano para llevarme a las escaleras que bajaban a la mazmorra, me dijo

- matique, colócate detrás de mí, cogiéndome los hombros para bajar segura.

- Sí, mi Señor, así lo haré.

Bajamos, oí cerrar la puerta detrás del amigo de mi Señor. Mi Señor me situó en lo que creía que era el centro de la mazmorra. Me indicó “matique, posición de espera”. Automáticamente mi cuerpo respondió a la orden, piernas abiertas, brazos a la espalda, cabeza baja. Mi Señor empezó a bajarme la cremallera del vestido, me puso los brazos paralelos al cuerpo, y sentí que mi vestido caía, me ayudó a levantarlo del suelo. Sentirme casi desnuda delante de un desconocido me hacía estar nerviosa, avergonzada, intentaba disimularlo, me mordía el labio. Aunque no veía, sentirme observada por los dos era algo que me costaba asimilar. Noté cómo mi Señor me quitaba el sujetador, haciéndolo de detrás hacia adelante, aprovechó para besarme el cuello y me hizo notar una leve caricia por mis pechos, que hizo que me pusiera más excitada, mis pezones se erigieron de punta, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

Me levantó el cuello y puso Su collar, sentí que el otro Dominante me ponía las tobilleras y ÉL las muñequeras. Me cogió de la mano y me acercó a la Cruz, cada uno de ellos se encargaba de atarme a los brazos de la Cruz, cuando hubieron terminado mi Señor me preguntó:

- ¿matique, estás bien? ¿Estás cómoda?

- Sí mi Señor, todo perfecto.

- ¿Estás preparada para comenzar?

- Sí mi Señor, lo estoy - y cogí aire profundamente.

Todavía hubo unos instantes para la incertidumbre, Les oía susurrar y de repente noto el primer fustazo, seguido de un segundo en la otra nalga. Estaban intercambiando los azotes, uno primero y el otro después. Era complicado para mí controlar la continuidad de los azotes, por lo menos recibí unos veinte en cada nalga. Al terminar mi Señor se me acercó, acarició las nalgas y me pregunto cómo estaba, le dije “bien, mi Señor”.

Después de los azotes me pusieron varias pinzas, en mis pezones y mis labios vaginales. Colocaron unas tiras de pinzas unidas por cuerdas en cada lado de mi cuerpo. Siguieron con los floguers, sentí azotado todo mi cuerpo: nalgas, espalda, piernas, entre mis piernas, en mi sexo... lo que hacía más dolorosas las pinzas. Cuando pararon estaba totalmente dolorida, cansada, noté que los dos se acercaban a mí, uno a cada lado, y de repente sentí un dolor indescriptible, habían tirado a la vez de las cuerdas y quitado las pinzas de un tirón. No pude menos que doblarme, mi Señor me levantó y masajeó la zona para calmar el dolor.

Me dejaron descansar un rato, estuvimos comentando entre los tres cómo iba la sesión y continuamos.

Me colocaron encima de la cama, boca arriba, ataron mis manos y pies en forma de cruz. Ya sabía lo siguiente que tocaba, oía las cerillas encenderse, con lo cual las velas estarían preparadas en breve. Me excitaba esa espera, me sentía expectante por saber por dónde empezarían, y sentí la primera gota de cera en mi pecho. Caían desde una cierta distancia, para notar esa quemazón que pasaba enseguida, pero siendo tan seguidas no te dejaban descansar, siempre estaba en tensión. Caía la cera por todo mi cuerpo. A continuación, fue retirada toda ella con las fustas y los floguers y ese momento fue de dolor, pero todo envuelto en el placer más absoluto. Noté cómo mi Señor calmaba el dolor acariciándome de arriba abajo, pero paró en mi sexo.

Lo estuvo acariciando, suavemente, notaba como hacía circulitos alrededor de mi clítoris, dándome un placer que inundaba todo mi cuerpo, notaba como el otro Dominante me masajeaba los pezones, entonces el placer se multiplicó, los dedos de mi Señor fueron introducidos en mi vagina, empezó a moverlos, ya estaba a punto del orgasmo y recibí la orden de mi Señor

- Córrete para nostros, matique.

Y me vertí en una serie de orgasmos bestiales, me vaciaron totalmente, era tan grande el placer que sentía que me embriagaba, no paraba de estremecerme, de arquearme, de convulsionar después de uno y otro. Las pequeñas muertes que se me producían eran regalos que me hacía mi Señor y yo así los recibía. Cuando terminó estaba exhausta, cansada, mojada, pero en una especie de limbo que te transporta a una sensación de éxtasis que sobrepasaba todos los límites.

Me dejaron descansar un rato, y comprobé que me estaban desatando las muñecas y los pies. Mi Señor me ayudó a levantarme, me colocó delante de un potro, me indicó que me pusiera de rodillas, el cuerpo totalmente encima del potro y las manos atadas a las patas del mismo. Mi Señor acariciaba mis nalgas, noté que metía dos dedos en mi sexo, y los dedos del otro Dominante en mi boca, jugaba con ellos. Mi Señor me folló varias veces y le hice una buena mamada al otro Dominante hasta que se corrieron los dos a la vez, mi Señor dentro de mí y Su amigo en mi espalda. Me limpiaron, desataron y fuimos a la ducha. Después de secarme mi Señor y yo nos retiramos a nuestra habitación, Su amigo a la otra habitación.

Con mucho cuidado y en penumbra mi Señor me quitó el pañuelo que llevé toda la noche puesto. Tardé en acostumbrarme, una vez que todo volvió a la normalidad mi Señor me embadurnó con Trombocid en las zonas más castigadas. Me miró con dulzura, estaba feliz al igual que yo, agradecí volver a ver Su cara. Abrazados nos dormimos plácidamente.

A la mañana siguiente cuando nos levantamos Su amigo ya se había ido. Nosotros estuvimos desayunando, preparando todas las cosas para irnos ya que pasaríamos el día en Barcelona y luego yo tenía que coger el AVE que me devolvería a mi realidad.

Había sido un fin de semana fantástico y la experiencia maravillosa. A los dos nos había unido más y había marcado de una manera especial.



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Para mobiliario (Cruz de San Andrés, cepo, potro,...) preguntad.

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL, capítulo final

 

Cuando cerró la puerta yo ya me estaba quitando la chaqueta y dejándola en el armario, junto con el bolso, luego ÉL Se quitó la cazadora que llevaba y Se quedó con los vaqueros y un polo azul marino de manga larga. Estaba tan guapo. Sin que ÉL me lo indicara cogí Su cazadora y la guardé también en el armario.

Cuando llegué a la habitación Le encontré sentado al borde de la cama, me dijo “ven aquí, a mi lado”. Yo fui a Su lado, estaba un poco triste pues era nuestra última noche, al día siguiente cada uno retornaría a Su casa. Me acarició el pelo, me cogió de la cabeza y me acercó la cara para besarme, un beso apasionado, mordía mi labio, era puro morbo.

- Se nos acaba el fin de semana Mi matique.

- Lo sé mi Señor, y no quiero. - Le dije apoyando mi cabeza en Su hombro.

- No estés triste, sabes que pronto nos volveremos a ver, y todavía nos quedan horas por disfrutar.

- Como si fuera la primera noche mi Señor.

Me tumbó en la cama, Se puso encima de mí, mientras nos besábamos Su mano recorría mi pierna, noté cómo subía mi falda, acariciaba mi muslo, llegaba a mi sexo. Yo intentaba abrazarle, acariciarle el pelo, pero me ponía los brazos por encima de la cabeza, estaba encima de mí con las piernas a horcajadas, dejó de besarme, Se incorporó, yo permanecía con los brazos por encima de mi cabeza, noto que cierra más las piernas para inmovilizarme más, y empieza a desabrocharme la camisa y me la abre del todo, me sube el sujetador y mis pechos quedan al aire.

Me los acariciaba, jugaba con los pezones, intentaba arquearme de placer, pero estaba casi inmovilizada, Se agachó para morderlos, cada vez más fuerte y grité de dolor, pero no aflojó la intensidad del mordisco. Volvió a besarme, bajó Su mano, acariciaba mi clítoris, quería incorporarme pero con la otra me sujetaba los brazos por encima de la cabeza… Se volvió a incorporar, Se desabrochó el cinturón, el botón del pantalón, Se los bajó al igual que el bóxer y de pronto noté cómo Su miembro entraba en mi vagina sin ningún impedimento, estaba lo suficientemente lubricada para que entrara sola, y empezó a follarme.

Estaba encima de mí, me sujetaba los brazos para no abrazarle, y me besaba y me susurraba al oído

- ¿Te gusta como te folla tu Señor, matique?

- Sí mi Señor, no pare por favor.

- ¿Te vas a atrever a darme órdenes?

- No mi Señor, no.

- ¿Seguro?

- No, no mi Señor.

- ¿Te gusta sentirte así de zorra para tu Señor?

- Muchoooooooo… - no podía dejar de gemir.

- Me gusta follarte así, tenerte a mi merced, y sin correrte.

Mi cara cambió, no me lo podía creer, no estaba preparada para ello, y cada vez me follaba más deprisa y más fuerte, yo contenía el orgasmo como podía, hasta que ÉL Se corrió dentro de mí. Quedamos extenuados, ÉL Se tumbó a mi lado, me levanté y Se la limpié con mi boca, lamiéndole todo Su miembro. Cuando terminé de limpiársela me dijo “ve al baño, desnúdate y posición de espera”, yo Le contesté con un “Sí, mi Señor”.

Fui al baño, me quité la ropa, la puse en el armario, y me puse en posición de espera. De pie, piernas abiertas, brazos cruzados detrás de la espalda y mirada baja. Así estuve un buen rato esperando a que llegara. Estaba expectante, no podía evitar seguir poniéndome nerviosa, tenía ya mi cuerpo dolorido, todo ello no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.

Le sentí llegar, lo primero que hizo fue acariciar mi cuerpo, con cariño, con dulzura, con la que había echado tanto de menos, me levantó la cara, me besó, me moría por abrazarle. Y vi el pañuelo, no me atreví a preguntar, esta vez hubo cambio y me puso el pañuelo primero, me desconcerté, no vería cómo me pondría Su collar.

Eso lo hizo a continuación, cuando lo abrochó me sentí vestida, con un gran manto de sumisión y entrega. Lo siguiente fueron las muñequeras y tobilleras. Me acercó al toallero-radiador, y con cuerdas me ató. Una vez atada y vestida con todos mis complementos volvió a acariciarme, me beso en el cuello… ”Mi matique estás preciosa, cómo luces con Mi collar” y me abrazaba por detrás.

Se apartó, oía Sus pasos cómo se alejaban y cómo Se acercaban. Noté cómo la fusta recorría mi espalda, mis hombros, mis piernas… yo no sabía por dónde me iba a venir el primer fustazo, también la pasó por mis nalgas, mi sexo, y seguía acariciando mi cuerpo. Mi estado de ansiedad crecía por momentos, hasta que sentí el primer fustazo en mi nalga derecha, y luego en la izquierda, doloridas las dos, y a esas dos siguieron una serie de tandas de fustazos, para continuar con la mano… me acariciaba de vez en cuando para aplacar el picor que sentía.

Siguieron pinzas y cera. En mitad de la sesión metió Sus dedos en mi sexo, provocándome un orgasmo que me vació entera, era agua pura. Cuando terminó la sesión, me desató, puso una toalla en el suelo para no resbalar debido al charco provocado por mi orgasmo y me quitó el pañuelo. Me abrazó, me besó y me cogió de la mano, llevándome hacia el dormitorio. Me dijo “matique desnúdame” y lo hice como siempre, con todo el cariño y la dulzura que podía entregarle.

Una vez los dos desnudos me tumbó en la cama, acariciaba mi cuerpo, pasando por todas y cada una de las marcas que había dejado en mi cuerpo la sesión, quejándome cuando apretaba mis nalgas o los pezones, las partes más castigadas de mi cuerpo, mientras me besaba con cariño, con amor. Yo también Le acariciaba Sus órganos sexuales, me levanté, me puse de rodillas y me acerqué a Su miembro, ya estaba en erección, lo metí en mi boca, lo notaba duro, llenaba mi boca ayudándome a hacer la mamada más fácil, excitándole y excitándome más, haciendo movimientos de subida y bajada para, aún si cabe, dar más placer a mi Señor. Acompañaba con mis manos esos movimientos, pasaba la lengua de arriba abajo, por la punta de Su miembro, humedecí mi dedo índice y empecé a jugar con Su ano, y notaba cómo mi Señor Se estremecía, yo hacía más hincapié para que el placer fuera mucho mayor, bajé mi cabeza y la metí en Su culo para poder meter mi lengua en Su ano mientras con mis manos jugaba con Su miembro. Así estuve un rato. Me levanté, me puse encima de ÉL y metí Su miembro en mi vagina, noté cómo entraba sin ningún tipo de impedimento, estaba bien lubricada, me movía con movimientos arriba y abajo, con posibilidad de que pudiese jugar con mis pechos, mis pezones. Me incliné hacia atrás poniendo mis manos en Sus tobillos y esa posición favorecía que ÉL me la clavara más a fondo. Estuvimos follando durante un buen rato, terminamos poniéndose encima de mí, con mis piernas en Sus hombros, en esa posición notaba cómo entraba y salía, y cómo aumentaba la intensidad, me permitió correrme todas las veces que quisiera, fueron innumerables hasta que ÉL terminó vaciándose en mis pechos, levanté la cabeza y Le limpié Su miembro, esa gotita que quedaba al final. Fui al baño a limpiarme y volví a la cama, estuvimos hablando, comentando cómo había sido la sesión, del tiempo que nos quedaba juntos. Nos dormimos abrazados.

Por la mañana nos despertamos relativamente temprano, sobre las 9. Él se despertó antes que yo y empezó a tocarme, a pasar Su mano por mis pechos apretando los pezones, y empecé a despertarme gimiendo, dolían pero a la vez me inundaba de placer, bajó la mano y metió Sus dedos en mi sexo. En esa postura, dando mi espalda a su pecho, me folló y terminó haciéndome sentir Su semen caliente dentro de mí.

Nos levantamos, nos duchamos y nos fuimos a la terraza de una cafetería en Playa Larga. Desayunamos café, tostadas con tomate (la mía sin), aceite de oliva y jamón, y zumo de naranja. Era un lujo desayunar junto al mar. Cuando terminamos estuvimos dando un paseo, relajados, cogidos de la mano por el paseo marítimo. Subimos a ver el anfiteatro Romano, con unas vistas espectaculares desde lo que se denomina el Balcón de Tarragona.

Volvimos a la casa rural, hicimos las maletas. Allí mismo comimos, en la terraza, entre sol y sombra, en una pérgola hecha por las enredaderas mezcladas con buganvillas. El tiempo era magnífico y aprovechamos hasta el último momento. Después de comer fuimos a la habitación a recoger las maletas. Al cerrar la puerta, nos besamos, de tener tiempo volveríamos a repetir sesión, pero llegó la hora de irnos.

Nos dirigimos a la estación de Camp de Tarragona, aparcamos el coche y nos dirigimos al stand donde lo habíamos alquilado para pagar y devolver las llaves. Como los dos viajábamos en preferente nos fuimos a la sala VIP, para mi tren quedaba todavía 40 minutos y para el Suyo 1 hora.

Yo estaba triste, no sabíamos cuándo nos volveríamos a ver, si en un mes o dos, nos quedaban las comunicaciones por Skype, teléfono… y mucha ilusión por nuestro próximo encuentro. En la sala VIP tomamos otro café. Cuando faltaban 10 minutos pasamos el control de equipaje, bajamos la rampa que lleva hasta el andén y esperamos mi tren. Minutos antes de montar en el, me abrazó, y me dijo

- Mi matique, la próxima vez que nos veamos será diferente, te sorprenderá, y no preguntes, sabes que no te diré nada.

- ¿Nada de nada mi Señor?

- Nada, ni el sitio, ni el día… estarás en tensión todo este tiempo.

- Si es Su deseo, mi Señor.

- Lo es matique, pero te prometo que te gustará… o no, pero ¿a quién debes dar placer?

- A mi Señor.

- Que tengas buen viaje, Mi matique.

- Y Usted, mi Señor.

Me volvió a abrazar, me besó y me indicó que subiera al tren. Ya sentada en mi asiento el tren se puso en marcha, Le veía en el andén mandándome un beso con la mano y diciendo adiós. Y yo me quedé pensando en cuál sería la sorpresa que me tenía preparada para nuestro próximo encuentro.

Fin, de un Fin De Semana En Una Casa Rural.

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL, tercera parte

 

Dormimos muy bien. Mi Señor Se despertó antes que yo. Se quedó mirándome cómo dormía. Así estuvo un buen rato así, a veces me acariciaba el pelo, con mucha suavidad para no despertarme. Fui abriendo los ojos, y Le vi sonriéndome, me acarició la mejilla y me dijo

- Buenos días Mi matique.

- Buenos días mi Señor.

- ¿Has dormido bien?

- Sí, mi Señor ¿y Vd?

- También matique, ven aquí, acércate más a mí.

Yo me acerqué y me besó, nos besamos. Cuando empecé a moverme noté cómo me dolía el cuerpo y me quejé, solté un quejido de dolor. Dejó de abrazarme y me dijo que me pusiese boca abajo en la cama. En la espalda no tenía nada, pero mi culo estaba empezando a ponerse moradito. Pero sí estaba dolorida, me dolía todo el cuerpo. Me puso de lado para besarme, me preguntó si así estaba mejor y Le dije que sí, y seguimos besándonos. Con Su mano en mi cabeza me indicó que bajara hacia Su miembro, y así lo hice.

Comencé a hacerle una mamada, jugando con Su miembro con un masaje suave pero estimulante, pasando mi lengua por Su glande. Yo empecé a excitarme, estaba a 4 patas y mi Señor tenía acceso a mi sexo y empezó también a jugar con el, acariciándolo lentamente, insistiendo en mi clítoris. Los dos gemíamos de placer. Yo jugaba con los alrededores de su ano, pasando mi dedo alrededor de el, metiéndolo un poquito de vez en cuando. Mientras introducía Su miembro en mi boca Él empezó a meter Sus dedos en mi vagina haciéndome gemir de placer. Cogió un vibrador bala y lo acercó a mi clítoris, otro pequeñito lo introdujo un poquito en mi ano… dios qué placer se sentía con esos dos vibradores en dos de mis agujeros y el tercero ocupado por Su miembro dándole placer a ÉL.

Me indicó que me pusiera encima de ÉL, metió Su miembro en mi vagina, notaba como entraba poco a poco, y empecé a moverme, subía y bajaba mi cuerpo, mis pechos lo hacían al mismo compás, empezó a jugar con mis pezones, tiraba de ellos y mi placer subía unos grados, me agachaba para besarle, ÉL rozaba mi culo, a veces lo notaba un poco más y soltaba un gemido de dolor que a ÉL Le excitaba.

Nos turnábamos en movernos, y cuando lo hacía ÉL notaba como Su miembro se clavaba en lo más hondo de mí, y aumentando la velocidad era más el placer, hasta que pedí permiso

- Mi Señor ¿tengo permiso para correrme?

- No, espera un poco matique.

- No puedo más mi Señor, no voy a poder parar el orgasmo.

ÉL continuó moviéndose, aún si cabe más rápido cada vez, y de pronto paró. Me abrazó con fuerza, me besó con pasión, con deseo, mordiendo mi labio y de pronto siento un empujón bestial y oigo “Córrete”, y fue vaciarme como una catarata, un orgasmo que me hizo gemir como una loca. Cuando creía que ya había terminado repitió el mismo movimiento y volví a correrme como si hubiese sido la primera vez, a ese siguió otro y la última vez que pasó también Se corrió ÉL. Era una mezcla de Su leche entrando en mí y mi catarata saliendo, era como nadar contra corriente.

Acabamos agotados, sudorosos, no podía levantar la cabeza de la almohada que había dejado junto a la Suya, jadeábamos, cuando pude me levanté y me coloqué al lado de Él, me acariciaba el pelo

- Gracias mi Señor, gracias… ha sido increíble.

- De nada matique, tú haces que todo sea fácil.

- Ayer lo pasé muy mal mi Señor.

- Lo sé matique, yo también pero ya pasó, ahora vuelves a ser Mi matique.

- Sí mi Señor.

- Vamos a la ducha y a desayunar que estoy hambriento.

Terminamos de ducharnos, nos vestimos y fuimos a desayunar.

En el comedor había una variedad de embutidos de la zona, yescas de pan junto a un tostador, tomates cortados a la mitad, zumos, café, leche, fruta, cereales, yogures.

Le serví el café, zumo de naranja y un par de yescas, untadas con tomate, un poco de sal, aceite de oliva virgen extra y jamón serrano. Yo me puse lo mismo, pero sólo aceite en la yesca. Desayunamos tranquilamente, en la terraza de la casa, al sol… hacía un sol espléndido, un día maravilloso para estar al sol. Disfrutamos del desayuno, repetimos café.

Volvimos a la habitación, recogimos un par de cosas y nos fuimos hacia el Spa del hotel Mas Passamaner que estaba a unos kilómetros del pueblo.

Llegamos, fuimos directos a la recepción, mi Señor entregó las reservas del Spa. Nos acompañaron hacia el, nos dieron unos albornoces, zapatillas y un gorro. Entramos en el vestuario, nos cambiamos, nos pusimos el bañador y el gorro.

Teníamos contratado un circuito termal relax del spa con baño turco, sauna, ducha ciclónica, pediluvio, piscina con cascada y chorros, fue un placer y una relajación para el cuerpo pero también para la mente. Disfrutamos de la piscina, la cascada en las cervicales te relajaba bastante. Jugamos en la piscina. Al terminar, nos pusimos los albornoces, nos pusimos las zapatillas, nos quitamos el gorro y nos sirvieron la comida allí mismo, al lado del ventanal.

Era una mesa de madera blanca donde ya se encontraban los platos, las copas, y una vela de aroma a lavanda. Las sillas también eran de madera blanca. Una imagen muy romántica, en un rincón del spa, que habían preparado especialmente para nosotros. Como siempre sentarme era un poco complicado pues me dolía bastante mi culo. Mi Señor pidió de entrantes un tartar de salmón marinado con teriyaki y lima y servido con blinis y mahonesa de eneldo fresco junto a una ensalada templada de codorniz escabechada, mango y granada con escarola y romesco. Como plato principal ÉL se pidió taco de bacalao a baja temperatura con su corteza, tomate cocinado poco a poco y espuma de alioli de manzana. Y para mí pidió arroz negro de salmonetes, sepia y ajos tiernos, elaborada con fondo de crustáceos y alioli de azafrán. Para beber agua. Un café fue el postre.

Después de comer nos fuimos un ratito a las tumbonas que habían allí, conseguimos ponernos los dos en una misma, tuvo la ocurrencia de tocarme el culo y solté un gemido de dolor, dolía bastante, motivo por el cual, al tener el cuerpo tan dolorido no pude darme un masaje de exfoliación, envoltura y masaje corporal. Un masaje muy relajante que sí Se dio mi Señor, yo a cambio me hice una limpieza facial deluxe. Cuando quisimos dar por finalizada la jornada eran las 7 de la tarde. Salimos y nos dirigimos a la casa rural.

Llegamos a la habitación, cerró la puerta y me cogió de la cintura, me besó, mientras me subía la falda, me acariciaba con pasión, como si llevásemos meses sin vernos, como si ya hubiese olvidado el despertar tan sexual que tuvimos. Me subió la falda hasta la cintura dejando mi culo al aire, apretó mis glúteos con las dos manos y cuando iba a soltar un gemido me dijo entre dientes “ni se te ocurra”, lo contuve en el último segundo. Me dio varios azotes que me hicieron estremecer, me tiró del pelo hacia atrás y me preguntó

- matique ¿de quién eres?

- De mi Señor Lawrence.

- ¿Qué eres matique?

- Su sumisa mi Señor.

- ¿Qué más matique?

- Su perra, su puta mi Señor.

- Ves a por Mi collar y la correa.

Yo fui rápidamente a por ello y Se lo entregué con la mirada baja. Me lo puso, enganchó la correa y me dijo

- A cuatro patas matique.

- Si, mi Señor.

Me puse a cuatro patas, cabeza levantada, cuerpo recto y a Su paso empecé a andar. Cuando ÉL Se paraba yo lo hacía al instante, cuando retomaba el paso yo lo hacía junto con ÉL.

- Me encanta verte así, como Mi perrita.

Me detuvo delante de la cama, ÉL Se sentó al borde de la misma, y empezó a acariciar mi culo, que ya estaba empezando a estar morado, algún cachete me dio. Se untó un dedo con lubricante y jugaba con mi ano, sabía que no me gustaba mucho pero fue muy cuidadoso, lo fue dilatando despacio y metió un vibrador bala pequeño, empecé a sentir mucho placer y con el vibrador en mi ano, mi Señor Se levantó. Se puso delante de mí, Se bajó los pantalones y el bóxer y me metió Su miembro en mi boca, empezó a masturbarse con mi boca, metiéndolo y sacándolo para que pudiera lamerle los testículos. Desde esa postura llegaba a mi ano, metía y sacaba el vibrador, los dos gemíamos de placer. Me permitió correrme, y lo hice de una manera bestial, y después Se corrió ÉL en mi culo, noté como Su leche corría de mi glúteo hacia mis piernas.

Cuando me dio permiso fui al baño a limpiarme, ÉL se subió el bóxer y los pantalones y se tumbó en la cama, cuando llegué del baño me llamó a Su lado. Me abrazó, me besó en la cabeza

- ¿Te ha gustado el spa matique?

- Sí mi Señor, ha sido relajante, lo necesitaba después de la noche que tuve.

- Yo me he quedado como nuevo, necesitaba este masaje.

- Mi Señor ¿Le puedo pedir una cosa?

- Claro, dime matique.

- Podemos cenar aquí, no me apetece salir.

- Sin problemas, cenaremos aquí, ¿prefieres que nos sirvan la cena en la habitación?

- No, mejor al restaurante.

- Llama para reservar mesa.

Llamé a la recepción del hotel y reservé una mesa para las nueve de la noche. Volví a Su lado y me quedé dormida. Pronto me despertó porque llegaba la hora de la cena. Nos arreglamos y fuimos al restaurante. Fue una cena suave, una Xató a compartir y una lubina a la plancha con guarnición de patatas al horno. Para mí pidió una cerveza sin alcohol y ÉL Se pidió un vino del Priorat blanco. De postre ÉL no quiso nada y para mí pidió un mousse de chocolate.

Regresamos a la casa rural y al entrar en la habitación cerró la puerta y……



Continuará...



El Spa: www.maspassamaner.com

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL, segunda parte

 


Antes de irnos dejamos el radiador-toallero del baño apagado, y a continuación me dijo que me pusiera de espaldas para poder agarrarme al radiador. Me puse en posición, con los brazos abiertos al igual que las piernas. La sensación era extraña, nunca había estado así, no sabía cómo podría soportar una sesión así, sin mis 3 sustentos.

  • ¿Preparada?

  • Sí, mi Señor.

Y sentí el primer azote con la mano, y a ese continuó otro y otro más, no sé cuántos fueron, pero cuando acabó mi culo estaba rojo, luego tan sólo pasó una vez Su mano por cada una de mis nalgas. Estaba siendo muy frío y distante. Para mí fueron más dolorosos, no sabía cómo hacer frente a ellos para como había sido siempre, placer y dolor. Hoy sólo sentía dolor y a mi Señor muy lejos de mí. No podía sentir el placer porque no lo había, me estaba enseñando las consecuencias que tiene no obedecer, no podía concentrarme en los azotes, no podía conectar con mi Señor, no había esa conexión que siempre había.

Siguió con el floguer, al estar de lado veía perfectamente mi cara, veía cada reacción a un latigazo, cuando llevaba ya unos cuántos paró, Se había dado cuenta que de vez en cuando cerraba los ojos al sentir cómo el floguer se fundía con mi nalga

  • ¿Qué parte no has entendido de no cerrar los ojos?

  • Lo siento mi Señor, es instantáneo.

  • Pobre de ti como vuelvas a cerrarlos.

Continuó azotando, castigando mi cuerpo con el floguer, yo entonces me concentré con todas mis fuerzas en mis ojos, en no cerrarlos, una cosa más a añadir a la que debía estar pendiente. Esta vez el uso del floguer fue más intenso y más largo. Cuando paró respiré, mi cuerpo dejó la tensión que sentía, pero era horrible la sensación de “abandono” que sentía por parte de mi Señor. Ni una caricia, ni un beso, indiferencia total. Apoyé mi cabeza en el radiador, jadeando por el esfuerzo hecho, cuando dos lágrimas empezaron a correr por mis mejillas, no podía más con la presión, con la manera de actuar de mi Señor.

Después llegaron las pinzas, colocó unas con cadenas en los pezones y con un gancho las colocó en la parte superior de los barrotes del radiador, lo que me obligaba a mantener la cabeza totalmente levantada, dolían más, tiraban de los pezones haciendo que el dolor fuera más punzante. Colocó más alrededor del pecho, en las axilas, en los labios de mi sexo. Cuando terminó de colocarlas cogió la fusta, me mandó separarme un poco del radiador, rozaba mis pezones con ella, me dio varios fustazos… yo cada vez estaba peor, tenía ganas de gritar, de salir corriendo, este no era mi Señor… O Sí? Era todo tan raro y todo provocado por mi falta de concentración.

Cuando menos lo esperaba las pinzas, excepto la de los pezones, fueron retiradas a fustazos, no pude por menos que soltar algún grito de dolor, no podía bajar la cabeza por las que tenía en los pezones, sin poder moverme, sin una caricia de alivio, y grité

  • Por favor mi Señor, no puedo más, no me haga pasar por más sufrimiento.

  • matique, ay Mi matique, ¿tú crees que tienes suficiente sufrimiento para haber aprendido la lección?

  • Sí, mi Señor, sí, no volveré a fallarle… - decía entre sollozos, llorando desconsoladamente.

  • Ay matique, yo creo que no, que no es suficiente….

  • Por favor mi Señor, no puedo más, Se lo suplico.

  • Seguimos y no lo advierto más, y ni una palabra más, ni una lágrima más.

Y de pronto noté un azote con Su mano y otro, y otro… empecé a retorcerme, a intentar esquivar el azote, y cuanto más me movía más fuerte me daba… cuando terminó estaba exhausta. Sin previo aviso me quitó las pinzas de los pezones, los masajeó para que la sangre retornara a ellos y el dolor fue horroroso.

Estaba agarrada al radiador, con la frente apoyada en uno de los barrotes y llorando, sentía todo mi cuerpo dolorido, ni una sola caricia, ni una muestra de cariño. Mi Señor había salido del baño y Le oía buscando algo entre los juguetes. Volvió al baño y de repente la oí, no pude por menos que girarme, mirarle y suplicarle

  • No, por favor, mi Señor, eso no. Se lo suplico - mientras Se lo decía me había soltado del radiador y me había dado la vuelta, poniendo mi culo pegado a él sin dejar de suplicarle… - no, no por favor.

  • matique, Mi matique tiene que aprender y sólo así lo harás. Y ponte en posición YA.

Me di la vuelta al momento y me puse en posición. Empecé a temblar, a ponerme tensa, cuando la empecé a notar en mis nalgas rojas, creo que el grito se oyó en toda Tarragona, me retorcí, me agaché, y recibí un azote “estate quieta, ni se te ocurra volver a moverte o estaré una hora con la rueda”. Como pude mantuve la postura, no dejaba de soltar quejidos. La pasó por todo el cuerpo, apretando fuerte. El sufrimiento era exagerado, estaba por encima de todo lo que yo podía soportar. Y paró. Yo me relajé un poco pero seguía llorando sin parar. Mi Señor salió a la habitación, yo me quedé inmovilizada en la misma postura, no podía moverme, me daba miedo moverme pero al final mi cuerpo cayó desplomado al suelo, apoyado de lado en el radiador, las piernas me servían para esconder mi cabeza… ni rastro de mi Señor.

Pasado unos momentos entró en el baño, Se agachó, me levantó la cara y limpió mis lágrimas con Sus manos. Me ayudó a levantarme y me dijo “Ya estamos terminando”. Mi cara de asombro no pasó desapercibida, me dije a mí misma ¿pero qué más? Y empecé a temblar mientras me llevaba a la habitación.

  • Quítame la ropa matique, hazlo como tú sabes, con cariño, con delicadeza, con cuidado y sin llorar.

  • Sí, mi Señor.

¿Cómo iba a hacer eso tal y como me sentía? Saqué fuerzas de no sé dónde y Le fui desnudando con mimo, besándole, acariciando Su pecho. Una vez que estuvo desnudo me miró fijamente, puso Su mano en mi cabeza y me indicó que me arrodillara. Quería que sintiera Su miembro en mi boca, empecé a lamerlo, lo metí en mi boca y a hacer movimientos metiéndolo y sacándolo cuando noté Sus manos en cada lado de mi cabeza y con fuerza introdujo Su miembro un par de veces… noté cómo provocaba arcadas en mí.

Me levantó, me llevó a la cama, me tiró encima de ella, me abrió las piernas. Notaba como buscaba mi sexo, lo acomodó dentro y me follo como había sido esta tarde, sin cariño, sin caricias, sin nada de nada… me folló como a una desconocida, sexo por sexo. Cambiamos las posturas, Se terminó corriendo dentro de mí, noté Su leche caliente inundándome. Evidentemente no tenía permiso para correrme y me costó lo que no está en los escritos no hacerlo. Le limpie Su miembro con mi boca y me indicó que fuera a darme una ducha.

Me levanté de la cama, me metí en la ducha dejando que cayera el agua sobre mí, la cabeza baja, llorando, triste, abatida, dolorida… no quería moverme de allí cuando Le sentí detrás de mí, me abrazó, me beso en la nuca, en la mejilla...

  • Por favor, no lo vuelvas a hacer.

  • No mi Señor.

  • ¿Has aprendido la lección?

  • Síííí mi Señor, le contesté hecha un mar de lágrimas.

  • Ay Mi matique, eso espero.

Me dio la vuelta y me abrazó, me besó, me enjabonó el cuerpo con mucho cuidado. Al salir me secó muy despacio todo el cuerpo, con toda la delicadeza del mundo. Me puso el albornoz y me secó el pelo. Cogió el Thrombocid, me llevó a la cama, me quitó el albornoz y me extendió la crema por el cuerpo, con suavidad, sabía lo que me dolía.

Me fui tranquilizando poco a poco, empezaba a volver a sentir a mi Señor. Cuando terminó de ponerme la pomada, me arropó. Él se acostó a mi lado, me abrazó, besó mi espalda y nos dormimos.



Continuará...

Lugar donde transcurre la historia: http://casarurallatrampa.com/

Puedes encontrar floggers (látigos), pinzas, ruedas y otros artículos en tupuntohot.com/es/128-bdsm



FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL, primera parte.

Estaba lista para salir, me miré al espejo y mentalmente me pregunté “matique, ¿se podrá superar lo anterior?”

El próximo encuentro que tendría con Mi Señor no sería en Madrid, donde nos veíamos habitualmente. Sería en una casa rural, La Trampa, a las afueras de La Selva del Camp, cerca de Reus.

Nos encontraríamos en la estación del AVE de Camp de Tarragona. Ya hacía meses que estábamos juntos, este era nuestro tercer encuentro, pero siempre estaba nerviosa, ansiosa por encontrarme con Mi Señor y eso siempre, aparte de ser algo bueno y positivo, significaba que nuestra relación iba bien, íbamos haciendo Camino juntos.

Al igual que todas las veces, siempre tenía la sensación que algo se me olvidaba, o algo no estaba bien. Normalmente viajaba ya con la ropa que Mi Señor Me había indicado, pero con pantys, las medias siempre son incómodas y más en un viaje tan largo. Pero cuando quedaban 10 o 15 minutos de trayecto iba al baño y me cambiaba.

Pero esta vez algo pasó, recibí una llamada de Mi Señor diciéndome que me esperaba con impaciencia, que deseaba volver a sentir el roce de mi piel, que no veía el momento de estar junto a mí y yo, matique, entré en una mundo de sensaciones que no había experimentado antes, también deseaba lo mismo, y sólo sabía repetir, “Y yo mi Señor, y yo mi Señor”… salí del letargo en el que él me había llevado cuando escuché “Próxima parada Camp de Tarragona”. Me apresuré a coger la maleta, el bolso y dirigirme a la puerta para ser la primera en salir.

El tren paró, apreté el botón para apertura de puertas, giré a la izquierda y subí la cinta mecánica, volví a torcer a la izquierda y enfilar el largo y eterno pasillo que había hasta donde esperaban los familiares y amigos. Yo Le buscaba con la mirada y no Le veía, “Por Dios!! ¿dónde estaba?”, necesitaba ver Su cara ya. Llegué al final y nada, ojeé al rededor y estaba junto a una columna un poco apartada de la gente donde era complicado verle desde el pasillo, corrí a Sus brazos y nos fundimos en un beso, apasionado, lleno de excitación, me abracé a ÉL y Le dije “Por fin volvemos a estar juntos”. Cogidos de la mano nos dirigimos hacía el stand de alquiler de coches. Cuando estuvo preparado nos montamos en el y nos fuimos hacia el que iba a ser nuestro refugio ese fin de semana.

Mi Señor puso la mano en mi rodilla, y fue subiendo poco a poco, y conforme subía yo me iba poniendo de los nervios… cuando de repente intentó tocar mi sexo y no pudo… había olvidado quitarme los pantys y ponerme las medias… ”tierra trágame”. Me miró muy serio, yo no me atrevía a girar la cabeza, no dejaba de mirar al frente.

  • matique, ¿por qué no puedo tocar Mi coño?

Yo había bajado la mirada, me mordía el labio, no me atrevía a decir nada, ni moverme

  • matique, te he hecho una pregunta, y creo que no es muy complicada.

No tenía ninguna excusa, simplemente lo olvidé.

  • matique, quieres hacer el favor de contestarme ¿por qué no puedo tocar Mi coño?

  • Perdón mi Señor, olvidé cambiarme en el tren… me los quito ahora mismo.

  • NO, no quiero que lo hagas, ahora no… esto tendrá consecuencias y lo sabes.

  • Sí mi Señor

Más o menos se tardaba unos 25 minutos en llegar. Fuimos hablando, más bien yo contestaba a Sus preguntas, no hacía más que darle vuelta a lo que había pasado, no me lo podía creer, cometer ese fallo de novata. Me sentía humillada, pequeña, sentía mucha vergüenza por haber cometido ese fallo.

No tenía miedo ante el castigo, nunca lo había hecho, pero me enfrentaba a una nueva situación desconocida para mí.

Por fin llegamos a la casa rural, era una masía típica catalana, Pablo, el dueño, nos recibió en la misma puerta. Cogimos las maletas y nos registramos. La habitación estaba en la planta baja, independiente de la entrada al resto de ellas y al comedor. Tenía una cama de metro y medio, 2 mesillas… todo en una decoración rústica, a continuación, un pasillo con un armario y al fondo un baño.

Cuando cerró la puerta de la habitación, Su cara cambió, se volvió seria….

  • Mi Señor......

  • No quiero oír ni una sola palabra. Coloca la ropa en el armario.

Él se tumbó en la cama y yo me puse a deshacer las maletas y colocar toda la ropa en el armario.

  • Mi Señor. ya está toda la ropa colocada.

  • Ven aquí.

Mientras me acercaba a Él se levantó de la cama, me dio un beso que me supo a poco, fue tan frío, o yo al menos lo noté así. A continuación, y sin esperarlo, me soltó una bofetada mientras me tiraba sobre la cama y me decía “no se te volverá a ocurrir impedir que yo acceda a cualquier parte de tu cuerpo”.

Me subió la falda, y empezó a arrancar con las manos la parte de arriba de los pantys, con fuerza, con decisión. Rompió justo el espacio para dejar mi sexo al aire, estaba asustada, nunca Le vi así, pero al mismo tiempo era tan excitante. Me miró fijamente, con cara de enfado, de incredulidad por ese fallo cometido, y me preguntó:

  • matique, te lo voy a preguntar una vez más y por última vez, ¿por qué has venido con unos pantys, sin medias, sin poderme permitir acceder libremente a lo que me pertenece?

Yo Le miraba a la cara, no tenía ninguna explicación, solamente Le dije

  • Lo siento mi Señor, me despisté hablando por teléfono con Vd.

  • No puedo creer lo que oigo, ¿me estás echando la culpa de no estar preparada para tu Señor?

  • Es la verdad Señor, me olvidé mientras hablábamos, fue así Señor.

  • Cállate, ni una palabra más. No me esperaba esto de ti, me has desilusionado.

Aquellas palabras se clavaron como un puñal en mi corazón. A continuación se bajó los pantalones, se bajó el bóxer y me folló, simplemente, sin ningún cariño, sin ningún beso, sin ninguna caricia… de una manera fría y distante. “Ni se te ocurra correrte” dijo. Dios, cómo iba a poder hacer eso, contenerme… me estaba llevando al orgasmo, pero no sé cómo lo hice, sería el miedo, la vergüenza… estaba descolocada, creo que todo eso hizo que no me corriera, pero ÉL sí lo hizo. Cuando terminó me indicó que me levantara y limpiara Su miembro con mi boca. Una vez que lo hice, me empujó hacia atrás “así te quedarás hasta que yo te indique otra cosa”.

Se subió el bóxer y el pantalón, y salió fuera. En el jardín había unos sofás de ratán, bajo una pérgola que habían ido construyendo unas enredaderas… hacía una tarde fantástica. Se pidió un vino y Se puso a leer. Yo, mientras, seguía encima de la cama sin mover un músculo. Pensaba y pensaba qué coño me había pasado. Sabía que Su enfado no iba a ser fácil evitarlo, tampoco sabía cómo actuar ante esa nueva situación, totalmente desconocida para mí. Mi corazón estaba triste, Le había fallado a mi Señor y eso es lo peor para una sumisa. Es una sensación entre pena, rabia, incredulidad, pero sobre todo me sentía avergonzada por lo sucedido, no podría volver a mirarle a la cara. Temía el momento en el que apareciera por la puerta.

Él siguió fuera hasta que empezó a hacer fresquito y entró en la habitación. Mi corazón se aceleró al oír la puerta, ni me atreví a girar la cabeza. Se acercó a mí, me dio la mano para incorporarme y me dijo

  • A la ducha, arréglate para salir a cenar. Quiero que vayas elegante pero discreta, espero que cuando vuelva estés preparada… y a ver si esta vez no metes la pata.

  • No Señor, estaré preparada.

  • Bien, ahora vuelvo. Y cambia la cara, te quiero ver guapa y sonriente.

Ni un beso, ni una caricia. Nada, no recibí nada cuando Se fue. Mientras me duchaba, lloraba, ¿qué iba a pasar? Pero tenía que cambiar mi aptitud, me quería guapa y sonriente. Terminé de ducharme, me di crema por todo el cuerpo, me perfume con Su colonia favorita Eau de Rochas. Fui a la habitación y saqué mis medias. Una falda de tubo, negra por encima de las rodillas, una blusa con escote de pico, sujetador blanco de blonda. Me maquillé discretamente como a Él Le gustaba, un poco de sombra, raya, rimmel casi imperceptible, colorete y labios en tonos granates, al igual que las uñas de las manos. Zapatos de tacón. Me miré y remiré 100 veces en el espejo, a ver si todo estaba bien.

A las 20.30 entró en la habitación, venía sonriente, Se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla y me dijo “preciosa, voy a ducharme que tenemos reservada mesa para cenar en Tarragona”. Mientras Se duchaba Le estuve preparando la ropa, unos vaqueros, camisa de manga larga blanca y un blazer azul marino y zapatos tipo mocasín negros. Cuando Se vestía estuvimos hablando de una manera distendida, parecía que Se Le había pasado, pero yo sabía que no. Salimos a las 9 pasadas camino de Tarragona capital.

Llegamos al restaurante, era pequeñito pero acogedor, nos indicaron la mesa que teníamos reservada, un poco más apartada de las demás reservadas o ya ocupadas. Enseguida nos atendieron, empezamos con las bebidas, como siempre pidió Él “dos copas de vino Camin´s del Priorat tinto”. Estuvimos hablando de la reserva que teníamos al día siguiente para un spa en un hotel cerca de La Selva que sería una gozada: baños de vapor, termas de agua fría y caliente... ÉL con masaje, yo lo tendría más complicado. Nos trajeron la carta, como siempre pidió ÉL. Todo era para compartir, Yesca de escalibada, Tapa de lagarto ibérico y otra de Secreto.

La cena transcurrió bien, amena, nos reímos, disfrutamos de la fantástica comida. Terminamos con un café y nos fuimos. Él ponía de vez en cuando Su mano en mi pierna, y la subía, acariciando mi muslo, pero sin llegar a mi sexo, yo lo deseaba y Él lo sabía. Llegamos a la casa rural, entramos en la habitación, yo pasé delante y ÉL cerró la puerta tras de sí. Dejé la chaqueta y el bolso en la silla, me giré hacia ÉL, seguía apoyado en la puerta mirándome muy serio, me indicó que me acercara, cuando llegué a Su lado me cogió de la cintura, me besó, era un beso entre tierno y un poco arisco, me subió la falda y mi culo quedó al descubierto… recibí un par de azotes, ni siquiera me atrevía a quejarme. Me desabrochó la blusa, subió mi sujetador y mis pechos quedaron al descubierto, acercó Su boca y mordió los pezones, notaba Su rabia y no pude más, solté un “Ay”, levantó la cara y me dio una bofetada.

  • matique ¿te duele?

  • Sí, mi Señor

  • Bien, sabes lo que va a tocar hoy, ¿no? -Dijo con una sonrisa pícara.

  • Imagino Señor.

  • ¿Imaginas? No Mi matique, no. Ni te lo imaginas. Desnúdate y ves al baño, posición de espera.

Me dirigí al baño, me quité la ropa, la coloqué en el armario y volví al baño. Me puse en posición de espera: de pie, piernas abiertas, manos a la espalda y cabeza baja. Esta vez fue Él quien sacó los juguetes de la maleta y los fue colocando en un silloncito estrecho y alargado que había antes de entrar en el baño y frente al armario. Cuando entró en el baño me dijo

  • matique, mírame.

Levanté la mirada y Sus ojos se clavaron en los míos.

  • Hoy no tendrás nada, no tendrás Mi collar, no tendrás pañuelo y no tendrás muñequeras… sabes lo que significa eso, ¿verdad Mi matique?

  • Por favor Señor, no me deje desnuda, sin sentir como debo sentir, sin mi apoyo.

  • La próxima vez tendrás la cabeza donde la tienes que tener, y no privarás a tu Señor de tener acceso a lo que es Suyo.



Continuará....

Lugar donde transcurre la historia: http://casarurallatrampa.com/


ENCANTO


matique se preparaba en casa para salir hacia la estación. Había vuelto a quedar con Su Señor Lawrence en su refugio de Madrid. Era un sitio especial para los dos, pero más para Él, tenía encanto, un rinconcito donde degustar un buen caldo mientras se disfruta de un buen libro. Cosa que Él hacía todas las noches.

En el viaje repasaba lo que Le había manado Su Señor: vestido, medias e ir sin bragas. Maquillaje discreto. Uñas y pies en tonos granates con el rouge icónico de Dior 999, impecables.

En su pequeña maleta llevaba todos los juguetes, fusta, cuerdas, pinzas, vibradores, collar… lo iba repasando mentalmente. No sabía por qué, pero iba más nerviosa de lo normal, como si algo le faltara y que Le había ordenado expresamente Su Señor. Eso era del todo imposible. matique se había levantado temprano y durmió un poco en el viaje.

Su Señor y ella se iban mandando mensajes, de las ganas que tenían de volver a verse, de todo lo que habría evolucionado matique en este mes y pico sin verse.

Recibió un mensaje de Su Señor que ya había llegado a Atocha y que la esperaba. A la media hora aproximadamente de llegar Él, el tren de matique hacía su entrada en Atocha Cercanías. Fue la primera en bajar del tren y con paso firme se dirigió a las escaleras mecánicas y cruzó el control de viajeros. La esperaba en Brillante donde degustaba del Madrid popular. Él le sonrió, la besó mientras sentía como la caricia de Sus yemas sobre su tez araban su alma, luego la abrazó y matique se sintió la sumisa más feliz del mundo.

Como siempre ÉL Le pidió un café largo con leche fría y azúcar. Mientras lo tomaba, matique no paraba de hablar y de comentarle a Su Señor cosas cotidianas y que, en cuanto hicieran el check in en el hotel, dejarían las maletas en recepción. Le tenía preparada una sorpresa y no quería perder más tiempo en la cafetería.

Su Señor estaba un poco expectante, ¿de qué trataría la sorpresa que Le había preparado matique? Había veces que Le descontrolaba. Se dirigieron a la parada de taxi y pusieron rumbo en uno al hotel que su Señor había reservado.

El hotel era el Urban, en la Carrera de San Jerónimo. Un hotel sofisticado, pero con encanto. Un poco grande para lo que Le gustaba a su Señor, pero tenía un espacio para Su lectura. La habitación que había reservado era del tipo dúplex. En la parte superior había una pequeña sala con un sofá de cuero, una mesa de cristal y un armario, en la que podía deleitarse con Su lectura.

Llegaron al hotel, dejaron las maletas y en el mismo taxi se dirigieron a una librería con historia, con su propio encanto. La librería Grant, en la calle Miguel Servet, en pleno barrio de Lavapiés. Al llegar a este mundo de la letras, de estantes de madera hasta el techo repletos de libros, la típica escalera para llegar hasta ellos, mesas por medio con más libros,... Olor a papel y madera se mezclaba en una armonía que embriagaba.

La cara de su Señor fue de quedarse con la boca abierta, jamás pensó que ella Le llevaría a uno de Sus lugares favoritos, una librería. Llegaron sobre la 1 y se fueron pasadas las 2 de la tarde, y con dos o tres libros en sus manos. La cara de felicidad de su Señor era espectacular, estaba como un niño con zapatos nuevos. Nunca Le había visto así de contento. Salieron andando y cogidos de las manos, pararon un taxi y se dirigieron al Restaurante Bel Mondo. en la calle Velázquez, un italiano muy peculiar. Su Señor pidió de entrantes mortadela al Tartufo y Calzocini para compartir. Y a ella, como sabe que no le gusta el queso, le pidió una Black Mamba y Él se pidió Famosa Mafaldina al Tartufo y de postre la tarta de limón con merengue. Para ella pidió cerveza sin alcohol y ÉL se tomó un par de copas de vino y agua. Estaban hambrientos. El postre de merengue fue espectacular. Al salir se dirigieron al paseo de la Castellana y allí cogieron un taxi que los llevó al hotel.

Al montar en el ascensor, su Señor la “acorraló” contra la pared del ascensor y empezó a besarle, a subir su falda, ya durante la comida y el taxi había comprobado su grado de humedad. Su grado, el grado de excitación de ambos iba in crescendo.

Entraron en la habitación, la puso contra la pared y le subió el vestido hasta la cintura. Al estar de espaldas dio unos buenos azotes en su culo mientras ella, con la cara girada, trataba de buscar Su boca que Él escondía en todo momento. Así estuvo acariciando su cuerpo, sus pechos. Levantó el sujetador y quedaron al aire, masajeaba los pezones, ella no podía parar de gemir, del placer que estaba sintiendo con esa situación.

Fueron a la habitación, la cama era extra grande, antes de llegar a ella pasaron junto a las escaleras que subían hacía el salón de lectura.

Justo frente a la cama había un escritorio, su Señor le indicó que sacara todos los juguetes, cuerdas, pañuelo, muñequeras y las pusiera bien colocados encima de ese escritorio. Y así lo hizo. Se había bajado la falda, se quedó de pie esperando instrucciones, y Él empezó a dar vueltas a su alrededor… la estaba poniendo muy nerviosa. Se puso frente a ella, tenía la mirada baja pero podía intuir Su seriedad, estuvo un rato, el adecuado, observándola. De pronto notó Sus dedos que le levantaban la cara por la barbilla, le acarició la mejilla y de repente sintió dos tortazos, uno en cada mejilla. Se quedó tan petrificada que ni se atrevía a quejarse, ni mover un solo músculo de su cuerpo, su cara era más de susto que de excitación. Le preguntó

- matique, ¿sabes por qué te has ganado esas dos bofetadas?

Contesté con la mirada baja - No mi Señor

- Todo comportamiento tiene una consecuencia, cuando nos conocimos, al poco, y sin Mi permiso indagaste en algo que no debías de haber hecho, esa consecuencia lleva implícito su castigo, ¿lo entiendes?

- Sí mi Señor

- Y la otra es por tu sumisión, no es un castigo, es un premio. Y ahora dicho esto, por favor empieza a desnudarte.

- Sí mi Señor

Se quitó toda la ropa y se quedó desnuda delante de ÉL. Le indicó que levantara la mirada, y Le observara cómo recorría su cuerpo con Sus ojos sin perder detalle de el. Luego notó como pasaba Su mano por sus hombros recorriendo el brazo hasta llegar a la mano y acariciarla. Después su vientre, surcando el ombligo, subiendo despacio, casi sin tocar su piel, con las dos manos recorría sus pechos, los dibujaba con la perfección del arquitecto, hacía círculos alrededor de sus pezones. El estado de excitación de matique estaba elevándose a la enésima potencia, ella Le notaba también excitado. Apretó los pezones, y cuando más lo hacía su cara fue cambiando a una expresión de dolor, se mordía los labios metiéndolos hacia dentro para aguantar el dolor que cada vez era más insoportable, lo cual le obligaba a cerrar los ojos y a gemir de dolor. Y cuando ya creía que no podía más, paró y la besó, con un beso lleno de ternura, de confianza, de pasión, como diciendo “luego vendrán más”.

Le indicó que Le fuera quitando la ropa, con toda la delicadeza que pudiera imprimir al momento. Empezó por la chaqueta, que la colocó en un galán que había en la otra parte del escritorio. La camisa, botón a botón, besándole mientras lo hacía. Con las dos manos y a la altura de los hombros tiró de ella hacia atrás y cayó sobre la cama. Se puso de rodillas y desabrochó el cinturón, el cual indicó que lo pusiera junto con el resto de los juguetes. Desabrochó el botón del pantalón, bajó la cremallera y quedó al descubierto Su bóxer, se notaba Su erección. Sin quitárselo empezó a pasar su mejilla por ella, su boca cerrada se refregaba con lascivia contra su miembro protegido por una pequeña tela que no impidió que se colara alguna gota que segregaba Su miembro cada vez más excitado.

Seguía de rodillas y Le bajó con las dos manos el bóxer. Su miembro, en una erección brutal, quedó al descubierto. Con sus manos a la espalda (como Él le había indicado una vez bajados los boxers) empezó a jugar con con la boca con Su miembro, con Sus testículos. Los lamía e intentaba meterlos en su boca, lamía también Su miembro de arriba abajo, en algunos momentos tenía su mirada clavada a la de Él, viendo, sintiendo, gozando del placer que Le estaba haciendo sentir a su Señor.

Al rato le indicó que terminara de desnudarle, colocó toda la ropa en el galán y se paró a la altura del escritorio.

Lo primero que Él hizo fue ponerle Su collar, en ese momento matique fue otra persona, ya se sentía ella misma, ya estaba en equilibrio, ya entraba en juego la sumisa. No es que antes no lo hiciera, siempre está, pero el símbolo del collar es un momento especial para la sumisa, es símbolo de pertenencia, es como si te pusieran el vestido de fiesta más bonito del mundo. Pero no tiene color a lo que sientes con una cosa y con otra, con el vestido puedes estar guapa, bella, atractiva y con Su collar estás majestuosa, totalmente vestida por dentro y por fuera, aunque estés desnuda dejas de sentir esa desnudez. Te cambia la cara, la sonrisa, tus ojos brillan…porque ya eres TÚ en mayúsculas, ya se ha completado el círculo.

Mientras le ponía el collar su posición era de piernas abiertas, brazos cruzados a la espalda y cabeza baja, es una posición de espera, espera a ser vestida, a ser complementada como si de las mejores joyas del mundo y más caras se trataran. Para una sumisa hay 3 cosas que son SUS JOYAS: collar, pañuelo y muñequeras. El collar ya lo he explicado antes. El pañuelo es el que hace que pierdas el sentido de la vista, pero agudices los demás, y no se siente un azote igual viendo que sin ver. Es más profundo, es más expectante, es un chasquido que sientes como retumba dentro de ti, y con los demás elementos que se emplean en una sesión pasa igual. Y las muñequeras y tobilleras son las que te atan a un lugar de placer, que te dan la libertad para ser tú, para sentir, atada, sometida, inmovilizada todo el “sufrimiento” que va a llegar, pero con el cual el placer que sentirás será sublime, excelso… No se puede describir, es algo que tanto el Dominante, en Su medida, y la sumisa en la suya, sienten. Donde una mirada basta para saber lo que sienten, o una simple caricia. Caricias que se disfrutan estando atada, aquí fue a la barandilla del dúplex, que te pone la piel de gallina, buscas esa mano con la cabeza, y sientes lo que ÉL está sintiendo en esos momentos. Baja Su mano hasta su sexo y comprueba que está empapado de placer, de gozo, del placer de sentirse sumisa, de entregar su sumisión, no hay mayor regalo para su Señor que poder introducir varios dedos a la vez en el interior de su sexo y que no tenga ningún tipo de impedimento, que no ha necesitado lubricar porque ya con sus jugos estaba lubricado, no hay placer mayor. Con Sus dedos dentro de ella su excitación subió varios grados de intensidad, casi estuvo a punto de correrse, pero Él lo notó y paró, era demasiado pronto para concederle ese placer.

Se separó, pasaron varios minutos que se le hicieron eternos a matique, Le oía en el escritorio, e imaginaba que eligiendo el juguete con el que iba a empezar la sesión.

Fueron unas pinzas con cadena, las cuales fueron colocadas en sus pezones, con varios pesos. Acariciaba sus pezones ya pinzados, empezaban a doler pero el placer que sentía le hacía estirar su cuerpo y soltar un gemido de placer. Siguieron una tanda de azotes con la fusta, la mano y para terminar con el cinturón. De vez en cuando acariciaba sus glúteos para calmar el dolor, acariciaba su espalada y la besaba en la mejilla.

La desató, la cogió de la mano y la tumbó en la cama. La puso en posición vertical, sus piernas formando un ángulo de 45 grados, y empezó a notar la lengua de Él en su sexo, como acariciaba su clítoris, ella se arqueaba de placer. Así estuvo un rato, luego metía un dedo, y cogió uno de los vibradores y lo puso en el clítoris, ella se retorcía de placer, sus piernas empezaban a temblar, su orgasmo era inminente, pero paró.

Le pidió que se pusiera a cuatro patas, Él se tumbó en la cama, y le llevó su cabeza a Su miembro, el cual metió en su boca, haciendo movimientos de subida y bajada mientras sus testículos eran acariciados por sus manos, los lamió también. Dejó el glande al aire y pasó la punta de su lengua haciendo círculos sobre el, se retorcía de placer.

“Para”, le indicó Él. Se puso a su lado y le quitó el pañuelo, no sin antes advertirle de la luz. Poco a poco se fue acostumbrando a ella. La tumbó a Su lado, la abrazó y la besó, y volvió a indicarle que siguiera haciéndole una mamada. Ella se puso con la cabeza entre Sus piernas y empezó a meter su lengua en Su ano, notó cómo Se estremecía, y cuánto más Se estremecía ÉL más jugaba ella con todos Sus miembros sexuales.

Al cabo de un rato le dijo “sube aquí”. La puso a Su lado, la besó con besos apasionados, llenos de lujuria, de deseo contenido, como si todavía no hubiesen tenido bastante con el placer que llevaban sintiendo, pero no, realmente no. La penetró como si no hubiera un mañana, suave, más rápido, besándole, ella pidió permiso para correrme, se lo concedió y sintió cómo se le iba la vida, como moría en un orgasmo tras otro, sin poder parar, estaba encima de ÉL y cada vez se notaba más mojada, finalmente ÉL se corrió dentro de ella, notó como Su leche caliente la invadía, llenaba todo el espacio que dejaba Su miembro dentro de ella, notó cada convulsión que daba conforme salía el jugo de Su placer, para acabar, sin sacar Su miembro de dentro de su cavidad vaginal, encima de ella, jadeante y sudoroso, como estaba ella también. Cuando recuperaron el aliento se fundieron en un beso lleno de ternura, de cariño, de mimo, pero no dejaba de tener esa esencia de pasión.

Estuvieron comentando cómo había ido y se fueron a la ducha, en la cual, volvieron a disfrutar de mimos, caricias, besos… no sé qué tienen las duchas que te invitan a volver a tener sexo, a follar otra vez, cuando notas el agua caer.

Se secaron, matique a Él como siempre, y se pusieron los albornoces. Subieron al saloncito de arriba, había un par de mantas en el armarito y se recostaron en el sofá con ellas, Él cogió Su libro de Proust ”En busca del tiempo perdido”, ella se apoyó sobre Él y se quedó dormida.


Lugares mencionados en este relato: